Archivo de la categoría: EL LIBRO GORDO

El vuelo de Lazaro

 

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Frank se removió nervioso en su asiento. Llevaba horas confinado en la cabina de su LEV, un aerodinámico monoplaza decorado con colores naranja y bermellón. Desde el exterior, el vehículo de levitación electromagnética parecía una enorme punta de flecha recién pulida.

—Enciende.

La voz del jefe de ingenieros se oyó claramente a través del auricular. Frank suspiró, y por tercera vez ese día, reinició los sistemas secundarios de la aeronave. El visor de su casco generó tablas e indicadores virtuales que flotaron frente a él en una ilusión de realidad aumentada. Sigue leyendo

El maestro de esgrima (Por Perez-Reverte)

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-Todo el arte, toda la ciencia que intento inculcar en ustedes se resume en una sola palabra: eficacia…

Alvarito Salanova levanto los ojos y cruzo con el joven Cazorla una mirada de mal disimulado rencor. Don Jaime hablaba con el boton del florete apoyado en el suelo y las dos manos sobre el pomo de la empuñadura:

-Nuestro objetivo -añadio- no es encandilar a nadie con un airoso floreo, ni realizar discutibles hazañas como las que acaba de ofrecernos don Alvaro; hazaña que podia haberle costado muy cara en un asalto a punta desnuda… Sigue leyendo

“El Marciano” de Andy Weir

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La NASA no se anduvo con chiquitas con estas tiendas de emergencia. En el momento en que he pulsado el boton de panico del vehiculo, con un zumbido ensordecedor la tienda se ha desplegado conectada al conducto de aire del vehiculo de superficie. Ha tardado unos dos segundos. Sigue leyendo

“La niebla y la doncella”, de Lorenzo Silva

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Y solo porque en aquel coche estabamos ella y yo, sin testigos extraños, me permiti reflexionar en voz alta sobre un asunto aun mas incierto:

-La verdad, no se si la pobre mujer tiene razones para sentirse culpable de algo. Puede que no, puede que si. Imagino que al hablar de la parte de responsabilidad que puede tocarle en la perdicion prematura de su hijo se refiere a que le rio al niño la gracia cuando le pillo fumando hierba por primera vez, ya que ella la fumaba, sin cuidarse siempre de hacerlo en su presencia… Sigue leyendo

“Hombres buenos”, de Perez-Reverte (II)

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Don Hermogenes cree llegado el momento de introducir en la conversacion algo de buen juicio.

-Yo, sin embargo -expone-, creo que este rey como el nuestro de España, es un principe conocido por la bondad de su corazon, la ecuanimidad de su espiritu y la simplicidad de sus costumbres… Si lograse establecer una autoridad serena, una bondad grave y justa, el pueblo se mostraria agradecido…

-Ah, desengañese -se rebota de nuevo Bringas-. El frances, como el español, es un pueblo licencioso sin libertad, derrochador sin fortuna, arrogante sin coraje, cargado de los hierros oprobiosos de la esclavitud y la miseria… Pueblos que se apasionan en cafes y tabernas por la libertad de las trece colonias americanas, que estan a doscientas mil leguas, pero son incapaces de defender la suya propia. Animales perezosos que necesitan que les metan aliaga espinosa en el culo.

-Por Dios. Sigue leyendo

“Hombres buenos”, de Perez-Reverte (I)

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-Hay cosas que las mujeres llevan con ellas, don Hermes -dice de pronto el almirante-. Y que forman parte de su naturaleza.

-Cosas?… que clase de cosas?.

-Usted estuvo casado muchos años. Debe saberlo mejor que yo…

-Le aseguro que nunca pensa en las mujeres de ese modo. La mia era una santa.

-No me refiero a eso, hombre. Sin duda que lo era.

-Ah.

-Es otra cosa, es… -parece que el almirante hace una pausa pensativa para buscar las palabras-. Es como una enfermedad que tuvieran muchas de ellas -declara al fin-. Hecha de lucidez, de tristeza intima, de sentimientos… De un no se que, dificil de formular.

-Vaya. Pues en mi pobre difunta no note nada de eso. Solo unos dias raros al mes, ya me entiende usted. Y eso era todo. Sigue leyendo

“Los cuerpos extraños”, de Lorenzo Silva

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-Mira, Ruben, el año que viene cumplo cuarenta, me toca empezar a decidir que quiero ser de mayor. Esto aclara un poco las cosas.

-En que sentido?.

-Muchas veces pense en el dia en que tendria que dejar lo que hago ahora, si mi circunstancia personal cambiaba. Y me vi en una oficina, haciendo trabajo de secretaria en el mejor de los casos. Una perspectiva que, entre tu y yo, me parece peor que pegarme un tiro. En estos meses he pensado mucho, y esa es la parte buena que ha salido de esto. Ahora lo tengo claro, ya se donde estare cuando tenga tu edad: donde estas tu, arrastrando a una pandilla de chavales y no tan chavales adondequiera que nos pongan un muerto y haya que cortarle las alas a un hijo de perra. En la carretera, en la puta calle. Aqui -dijo señalando la bahia con un ademan- Y sabes?. Me gusta. Sigue leyendo