Dune: El renacimiento de Teg

“Aquellos que quieran repetir el pasado deben controlar la enseñanza de la historia”. Coda Bene Gesserit.

Cuando el bebé–ghola del primer tanque axlotl Bene Gesserit fue entregado, la Madre Superiora Darwi Odrade ordenó una discreta celebración en su comedor privado en la parte superior de Central. Acababa de amanecer, y las otras dos miembros del Consejo –Tamalane y Bellonda– mostraron su impaciencia ante la invitación. –No todas las mujeres pueden presidir el nacimiento de su propio padre –ironizó Odrade cuando las otras se quejaron de que tenían su tiempo demasiado ocupado como para permitirse el «malgastarlo con tonterías».

–Resulta muy extraño tener a ese bebé en tus brazos y pensar: Es mi padre –dijo Odrade. –Te oí la primera vez! –respondió Bellonda con una retumbante voz de barítono que parecía brotar de su estómago, como si cada palabra le produjera una vaga indigestión. El viejo Bashar Miles Teg había sido el padre de la Madre Superiora. Y la propia Odrade había recogido las células (raspaduras de la uña de uno de sus dedos) a partir de las cuales desarrollar su nuevo ghola, como parte de un «posible plan» a largo plazo con el cual esperaban tener éxito en duplicar los tanques tleilaxu. Pero antes se dejaría Bellonda expulsar de la Bene Gesserit que aceptar el comentario de Odrade sobre el equipo vital de la Hermandad.

-Esas locas nos persiguen para exterminarnos, y tú deseas una celebración!. Si las Honoradas Matres nos encuentran antes de que estemos preparadas… La silenciosa mirada de Bellonda clavada directamente en los ojos de Odrade mostraba una frustrada acusación: Esas terribles mujeres han exterminado ya dieciséis de nuestros planetas!.

Como hacía con frecuencia, Bellonda había conseguido sin siquiera hablar que la Madre Superiora centrara su atención en las cazadoras que las acechaban con salvaje persistencia. Aquello estropeó la atmósfera de suave éxito que Odrade había esperado conseguir aquella mañana. Se obligó a sí misma a pensar en el nuevo ghola. Teg!. Si podían ser restauradas sus memorias originales, la Hermandad dispondría de nuevo a su servicio del mejor Bashar que jamás hubiera tenido. Un Bashar Mentat!. Un genio militar cuyas proezas habían pasado ya a la mitología del Antiguo Imperio. Pero podría ser de alguna utilidad Teg contra aquellas mujeres que habían regresado de la Dispersión?. Por todos los dioses que existen o puedan existir, las Honoradas Matres no deben encontrarnos!. Todavía no!.

Se levantó y se dirigió a la enorme ventana que se asomaba por encima de los bajos techos de los edificios circundantes al anillo que huertos y campos que rodeaba Central. La primavera estaba terminando, y los frutos empezaban a tomar ya forma ahí afuera. Renacimiento. Un nuevo Teg ha nacido hoy!. Ningún sentimiento de excitación acompañó aquel pensamiento. Normalmente aquella vista la reanimaba, pero no hoy, no esta mañana. Cuáles son mis auténticas fuerzas?. Los recursos a disposición de una Madre Superiora eran formidables: una profunda lealtad en todos aquellos que la servían, un brazo militar bajo un Bashar adiestrado por Teg (muy lejos ahora con una enorme porción de sus tropas, protegiendo su planeta escuela, Lampadas), artesanos y técnicos, espías y agentes a lo largo y ancho de todo el Antiguo Imperio, incontables trabajadores que contaban con la Hermandad para que les protegiera de las Honoradas Matres, y todas las Reverendas Madres con sus Otras Memorias retrocediendo hasta los albores de la vida. Odrade sabía sin falso orgullo que ella representaba la cúspide de lo que había más fuerte en una Reverenda Madre…

«Ved!. Esto es lo que les ocurre a aquellos que se atreven a oponérsenos!». La xenofobia de las rameras no era una experiencia nueva para la Bene Gesserit. Hemos caído en una paranoia defensiva enfocada en las Honoradas Matres… –Vosotras las habéis incitado –había dicho Murbella–. Una vez incitadas, no desistirán hasta que os hayan destruido. Eliminad a los desconocidos!. Singularmente directo. Una debilidad, si sabemos jugarla bien, pensó Odrade. Xenofobia llevada hasta un extremo ridículo?. Completamente posible. Odrade dio un puñetazo contra su mesa de trabajo, consciente de que la acción sería vista y registrada por las Hermanas vigilantes, y habló en voz alta para los com–ojos:

–No nos quedaremos sentadas aguardando detrás de enclaves defensivos!. Nos pondremos tan gordas como Bellonda, pensando que hemos creado una sociedad intocable y unas estructuras permanentes. Son nuestra fuerza lo que desean las cazadoras –dijo mirando a los com–ojos del techo-. Como los antiguos salvajes comiendo los corazones de sus enemigos. Bien… les daremos algo para comer, de acuerdo!. Y no descubrirán hasta que sea demasiado tarde que no pueden digerirlo!…

“Casa Capitular de Dune”, de Frank Herbert. Resumen 1º capitulo.

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