Dune: Las aguas del Kanly (y XIII)

La propia existencia de Rabban era como polvora abrasiva en las arterias de Gurney, colocando el centro del dolor en su pecho. El fornido hombre se sento en una mesa puesta sobre las tropas para que pudiera verlo todo. Rabban tenia su propia racion extravangante de comida. No se quedo sentado el nuevo gobernador de Arrakis. Levanto una copa de cristal en su mano izquierda y dijo: -Tenemos el agua, y en Arrakis el agua es vida. Nuestro cisterna llego a destino, pero estuvo muy cerca el desastre. Este planeta es peligroso, y hay algunos que desean dañar nuestro mandato.

Con la otra mano sostenia una jarra de agua que derramo en la copa. -Aquellos que trataron de robar el cisterna quieren robar nuestras vidas, pero les detuvimos-. Estrello la copa contra la mesa, rompiendo el cristal y derramando agua… algo estupido e inutil en Arrakis. -Les detuvimos!-, gritaron sus hombres. -Este agua es del cisterna. Raciones extra para vosotros en esta comida, sabed asi lo que os aprecia la Casa Harkonnen.

Los sirvientes aparecieron y los soldados enmudecieron, pero esta vez el silencio era mas de curiosidad que de miedo. -Una copa por cabeza de los nuevos suministros. Aquellos de vosotros que ya habeis estado con nosotros sabeis el alto valor de esta recompensa que os doy, el supremo valor del agua en Arrakis.

Los soldados gruñeron y gritaron, y Rabban alzo su copa de cristal, esperando que los sirvientes pasaran por la sala a repartir el agua. Alguien puso una copa junto a Rabban, pero el la rechazo sacudiendo su cabeza. El sirviente le miro atonito. -Pero señor, eso es… no quereis ni un poco de agua?-. Rabban rehuso de nuevo, y el sirviente a escondidas se sirvio una copa para si mismo y se la trago.

En su propia copa, Rabban sirvio un liquido blanco de una botella verde. -Lo celebrare con mi propia recompensa: vino de Caladan!. Bebamos!-. Bebio de su propia copa mientras los otros consumian su agua.

Gurney no se habia esperado eso, pero no mostro ninguna emocion y se mantuvo en movimiento, como si le reclamaran en otro sitio. Se quedo mirando. Esperando.

Durante la siguiente hora, Rabban consumio dos botellas de vino de Caladan y le pidio a los sirvientes que le abrieran una tercera. Estaba borracho y Gurney se impacientaba. Por que no bebe nada de agua?.

Tomo noventa minutos que la neurotoxina en el agua hiciera su efecto a los demas. Gurney sabia que tardaria un tiempo, pero se mantuvo alli, aunque temia que fuera descubierto y sabia que necesitaba irse. Algunos se daban cuenta que estaba de pie y no bebia agua, ni celebraba nada con ellos.

Rabban noto su presencia desde su alta mesa. Observo la mirada enfadada de Gurney, y lo reconocio en su borrachera, le vino un doloroso recuerdo antiguo. Recordaria Rabban que habia hecho con la hermana de Gurney hacia tanto tiempo, la violacion, el asesinato?. Y que habia hecho con Gurney, la cicatriz con el latigo?. La cicatriz le ardia en su mejilla, y estaba seguro que el maquillaje ya no la cubriria. Rabban vacilo.

De pronto uno de los soldados gruño y se estampo contra la mesa. Otros se retorcieron con espamos, deslizandose de sus bancos al suelo polvoriento. Uno tras otro. Las tropas Harkonnen dentro de los barracones estaban poseidas por paroximos de dolor, vomitando, los ojos vueltos. Las alarmas sonaron, los medicos acudieron, pero nada podrian hacer. Habian bebido del agua del cisterna que Gurney habia envenenado, y sabia que no habia antidoto. Aquellos con una masa corporal menor fueron los primeros afectados, mientras que los mas grandes les miraban con horror, aterrorizados por lo que les ocurriria en unos minutos… y llegaria ese momento.

Rabban se levanto lo suficiente para llamar a la guardia y ordenar que encontraran al perpretador, pero sus protectores ya estaban debilitados. Gurney los vio morir, uno tras otro, con dolores espantosos. Al final de la noche, cientos de tropas Harkonnen yacian muertos, todos envenenados por la toxina mortal que introdujo durante la inspeccion casual de la Cofradia desde la trampilla de acceso de la bodega. Solo una pequeña racion era suficiente, pero Gurney le añadio mas… suficiente para matar a toda la poblacion de Carthag.

Pero la Bestia Rabban no compartia el agua con los civiles, sirvientes, mercaderes… Se la habia dado a sus tropas, y les habia condenado a muerte.

-Kanly?-, pregunto en un tono burlon a los hombres muertos que le rodeaban.

Gurney huyo fuera de los barracones antes de que alguien hiciera preguntas. Recordo como los Harkonnen conquistaron Arrakis, no porque pagaran a un traidor o porque estaban en posesion de mejores armas, si no porque usaron armas arcaicas y poco ortodoxas, un metodo que ni Thufir Hawat habia anticipado. Para el ataque sobre los Atreides, los archienemigos habian usado artilleria, viejos proyectiles que estaban obsoletos por la prevalencia de los escudos. Muchos Atreides habian muerto aquella noche en cuevas de la Muralla Escudo, bombardeados.

El Duque Leto habia dicho: -Sus mentes simples alcanzan para un truco sencillo. No contabamos con ningun truco sencillo.

Ahora Gurney se habia tomado la revancha por si mismo.

Staban Tuek, el Conde Fenring y los representantes de la Cofradia habian creido que el verdadero objetivo de Gurney era robar el agua del cisterna -y asi lograr una cierta revancha. La perdida del agua habria traido problemas serios a la guarnicion de Arrakis y causado un enfado tremendo a Rabban.

Pero para Gurney, robar el cisterna -o tratar de hacerlo- era una mera diversion. Nunca habria tratado de escapar con ese agua porque ya la habia envenenado al abordar la nave. Porque habia luchado tan decidido y perdido hombres, los Harkonnen no tendrian dudas de que el asalto era real. Ellos simplemente no tenian la imaginacion para ver que habia planeado Gurney de verdad.

Y como conocia el comportamiento pasado de Rabban, ya sabia que trataria de comprar la lealtad de sus tropas con algunos sorbos de agua envenenada, sin saberlo.

Todas aquellas muertes… Rabban lo taparia, pondria excusas a su poderoso tio, y el Baron Vladimir Harkonnen no le creeria nada.

Gurney tomo aire profunda y satisfactoriamente, y sintio un estremecimiento -no tanto de alivio como de aceptacion. Habia logrado el Kanly. Y si el mismo Rabban hubiera tomado el agua envenenada, su venganza hubiera sido un poco mas dulce. Pero esto era solo por ahora. Por el Duque, por Paul. No era suficiente, pero Gurney habia enviado un poderoso mensaje.

Aun llevando el uniforme Harkonnen, Gurney escapo fuera de los barracones de la guarnicion, dejando atras los gemidos de los moribundos, asi como las alarmas y los gritos de los medicos. Gurney se esforzo por no poner una sonrisa en su cara. Despues de esta masacre, debia dejar Carthag y volver con los contrabandistas.

Pero no se marcharia aun de la ciudad. Queria ir al centro, encontrar un mercader y gastar algo del dinero que habia traido consigo. Necesitaba comprar un nuevo baliset, uno que hiciera musica dulce para hacer compañia a los contrabandistas en su escondite.

Ahora Gurney tenia una nueva cancion que componer.

“Las aguas del Kanly”, de B.Herbert y K.J.Anderson

Traduccion libre de Danienlared

Leer parte I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII

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