Dune: Las aguas del Kanly (VIII)

Gurney se sintio aliviado cuando llegaron a la rampa asiganda para el cisterna Harkonnen. Gurney uso sus tarjetas de acceso, sin tener otra opcion qque fiarse de Fenring y sus aliados en la Cofradia que habian desviado a los otros equipos de inspeccion, dejandoles el camino abierto a el y su tripulacion. Como manera de proceder, la Cofradia no se involucraba en riñas entre Casas o feudos, especialmente por algo como un simple cisterna… y menos aun por el arrebato de ira de los ultimos supervivientes de una Casa noble caida del Landsraad. La Casa Atreides era irrelevante para ellos, pero no lo era para Gurney y sus hombres.

Los seis contrabandistas de Staban eran de sobra eficientes, y practicos, pero los hombres Atreides eran otro nivel mas alto, mas intenso. Orbo casi tenia aquello, impresionando a Gurney un poco, pero no haciendo que bajara la guardia. Recordo algo del asesinato del Duque Leto y se dijo una vez mas: “Un enemigo puede estar en cualquier parte, declarado o no”.

Al final de la rampa estaba la escotilla abierta del cisterna, y ellos entraron a bordo a traves de una cubierta inferior. Dentro, un ingeniero, que parecia de mal humor, se quedo con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido en su cara. El simbolo del grifo y el color de la Casa le hicieron un nudo en el estomago a Gurney, pero mantuvo la expresion neutral.

-De una maldita vez-, dijo el ingeniero. -Debemos partir con hora. Hagan su inspeccion y les firmare el parte de trabajo.

-Seremos mas rapidos si nos deja realizar nuestro trabajo-, dijo Gurney.

-Muy bien, haganlo entonces-, dijo el ingeniero Harkonnen. -Ya tengo bastante con este maldito trabajo de tratar de llevar este cargamento a Carthag. El capitan dice que ha habido una alerta de seguridad de el Crucero, y todos tenemos que completar estos simulacros sin sentido. No tengo tiempo de enseñarles todo esto.

Gurney sintio un escalofrio, y sus hombres cruzaron las miradas unos con otros. Uno se llevo la mano nerviosamente hacia su mochila y el arma escondida, pero Gurney hizo un gesto para calmarle.

-Seremos eficientes-, dijo. Solo necesito ver la bodega de carga, y estos hombres verificaran sus motores atmosfericos.

Mostrando impaciencia, el ingeniero les señalo en varias direcciones para la inspeccion.

-Alerta de seguridad, Gurney?-, musito uno de sus hombres, tan pronto como el ingeniero no podia oirles. -Crees que podriamos haber sido traicionados?.

-Siempre hay una posibilidad de ello. He oido que estas alertas de seguridad son comunes en los Cruceros. Esta es una tripulacion nueva. Has visto el agua en sus rotros?. Nunca han estado en Arrakis.

-Ningun aprecio por el agua, eso es seguro- dijo otro.

-Tenemos ventaja. Ahora adelante.

Los hombres se separaron, y fueron hacia sus “inspecciones de la Cofradia”. Sus uniformes les hacian invisibles ante la tripulacion Harkonnen. Gurney esperaba que no empezaran a matarles antes de tiempo, o antes de que pudieran avisar a alguien. Fenring habia avisado a Gurney que no hiciera ningun movimiento hasta que el cisterna abandonara la bodega del Crucero y estuviera libre de la jurisdiccion de la Cofradia, algo que dejo suficientemente claro.

Actuando como “Inspector jefe de carga”, Gurney fue hacia la mampara mas baja que sellaba el compartimiento que contenia la enorme burbuja de agua -agua de Giedi Prime, un lugar donde la sustancia mas especial era el aire fresco, y en el que un cargamento como este le costaba al Baron Harkonnen casi nada y en Arrakis era un tesoro de valor incalculable.

Las puertas de observacion de plaz que daban a la bodega de carga, solo mostraban agua turbia, pero Gurney sabia de su potencial. Este agua representaba la venganza para el. Kanly. Representaba esperanza y muerte. Una sonrisa aparecio en su cara.

Encontro un acceso desde donde se podia testar una muestra de agua, pero Gurney supuso que el capitan del cisterna nunca lo habria utilizado. Los Harkonnen no apreciaban el valor del agua como los habitantes del mas seco de los planetas del universo.

El se quito la mochila y se puso a trabajar en su plan secreto, algo que incluso sus mas fieles seguidores desconocian.

Cuando estuvo hecho, Gurney miro a la preciosa carga por la ventana de plaz y se sintio sediento pero por otro motivo.

“Las aguas del Kanly”, de B.Herbert y K.J.Anderson

Traduccion libre de Danienlared

Leer parte I, II, III, IV, V, VI, VII, IX, X, XI, XII y XIII

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