Dune: Desafio a Murbella

-Madre comandante, -dijo Kiria– tiene que aceptar ciertos hechos. Casa Capitular ha quedado más que diezmada. Los ixianos aún no nos han proporcionado los Destructores que prometieron. Sencillamente, no podemos ganar esta lucha. Mientras no lo admitamos no podremos hacer planes realistas.

-Cojamos lo que necesitemos, copiemos nuestros archivos y perdámonos en el universo desconocido para crear nuevas colonias. Las Máquinas Pensantes son implacables, pero nosotras podemos ser rápidas e impredecibles. Por la supervivencia de la humanidad y de la Hermandad debemos dispersarnos, reproducirnos y seguir con vida.

-Esas viejas actitudes han demostrado ser equivocadas una y otra vez. No podemos sobrevivir simplemente huyendo o reproduciéndonos más deprisa de lo que Omnius puede matarnos.

-Si no es capaz de tomar una decisión racional, de ver que tenemos que adaptarnos a las circunstancias, entonces la desafío por el liderazgo. -Pensaba que habíamos acabado con estas tonterías hacía años. Elige un lugar y una hora. -Elegir?. Muy típico, madre comandante… posponer lo que debe hacerse ahora…

En un destello veloz como un impulso nervioso, Kiria saltó golpeando con el pie. Murbella giró, doblando la espalda con una flexibilidad que incluso a ella la sorprendió. El borde mortífero del pie de Kiria quedó a un suspiro de su ojo izquierdo. La atacante cayó de pie, lista para seguir peleando. Ella se apartó. Antes de que su oponente pudiera apartar la mano, Murbella la agarró por el brazo y la estampó contra la mesa del consejo, provocando un revuelo de láminas de cristal riduliano.

Kiria se estrelló contra una silla-perro. En un furioso reflejo, su puño atravesó la piel peluda del plácido animal y derramó su sangre por el suelo. Murbella saltó sobre la mesa y Kiria arrojó un proyector holográfico contra su oponente. La madre comandante se agachó, lista para defenderse de un ataque frontal, pero Kiria saltó bajo la mesa y la volcó haciendo fuerza con la espalda. Murbella cayó y Kiria saltó sobre la mesa volcada y se arrojó sobre la madre comandante. Le rodeó la garganta con manos ágiles en una forma primitiva pero efectiva de asesinato.

Con los dedos rígidos, Murbella golpeó el costado de Kiria con la suficiente fuerza para romperle dos costillas, pero al mismo tiempo sintió el chasquido de sus dedos al romperse. En lugar de retirarse como esperaba, Kiria se retorció de dolor, levantó a Murbella por el cuello y le golpeó la cabeza con fuerza contra el suelo. A Murbella le pitaban los oídos y sintió que el cráneo se le partía. Puntos
negros de inconsciencia revoloteaban ante sus ojos como diminutos buitres esperando carne fresca…

… Kiria seguía apretando, mientras Murbella trataba de respirar. Bloqueando el dolor de sus dedos rotos, golpeó las palmas con fuerza contra las orejas de Kiria. La mujer se tambaleó y Murbella aprovechó para sacarle su ojo derecho con un índice retorcido, dejándole la cara cubierta de sangre y una sustancia
gelatinosa.

Kiria se apartó, encogiéndose, tratando de ponerse en pie, pero Murbella la siguió con un torbellino de patadas y golpes. Sin embargo, su oponente no estaba derrotada. Kiria estampó su talón contra el esternón de Murbella y luego
asestó un golpe lateral en el abdomen. Algo se rompió por dentro; Murbella notaba el daño, pero no sabía hasta qué grado sería grave. Echando mano de sus reservas de energía, apartó a Kiria con el hombro.

Kiria reunió todas sus fuerzas para golpear, sin preocuparse por su ojo destrozado. Pero cuando apoyó el pie, resbaló con un charco de sangre de la silla-perro. Esto le hizo perder el equilibrio por un momento… lo suficiente para darle la ventaja a Murbella. Sin dudar, la madre comandante le asestó un golpe tan fuerte que se partió la muñeca… junto con el cuello de Kiria. Su oponente cayó muerta al suelo.

Murbella se tambaleó. Janess corrió a su lado, con expresión preocupada, para ayudar a su madre, a su superiora. Murbella levantó un brazo. Su muñeca rota colgaba con flacidez, pero consiguió controlar el gesto de dolor de su rostro. -Puedo mantenerme en pie sin ayuda-. Herida por dentro y por fuera, Murbella no recordaba muy bien cómo consiguió llegar a sus alojamientos…

“Gusanos de arena de Dune”, de B.Herbert y K.J.Anderson

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