Dune: Arma cargada Bene Gesserit

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Duncan se encontró con Sheeana en un corredor vacío, en la penumbra de la luz artificial. Los recicladores y sistemas de soporte vital de la no-nave mantenía el aire agradablemente fresco, pero al verla sola Duncan sintió que se acaloraba.

Los grandes ojos de Sheeana se clavaron en él como el mecanismo de un arma para apuntar. Sintiendo un cosquilleo en la piel, como electricidad estática, Duncan se maldijo por dejarse tentar tan fácilmente. Incluso ahora, tres años después de que Sheeana hubiera roto las cadenas debilitadoras de su amor por Murbella, los dos seguían cayendo irresistiblemente en inesperados encuentros sexuales tan frenéticos como los que hubo entre él y Murbella.

Duncan prefería controlarlas circunstancias de sus encuentros, y siempre se aseguraba de que hubiera otros presentes, de que hubiera cerca alguna baranda donde agarrarse para no caer por el precipicio. No le gustaba perder el control: y eso ya había pasado demasiadas veces.

Él y Sheeana se habían rendido ante el otro como dos personas asustadas que se abrazan en mitad de un bombardeo. Ella había cauterizado su debilidad y le había apartado de Murbella, y sin embargo Duncan se sentía como una baja de guerra.

En aquellos momentos, mientras veía vacilar la expresión de Sheeana, Duncan intuyó que sentía el mismo vértigo y desorientación que él. La joven trató de hablar con tono reservado y racional.

– Es mejor que no hagamos esto. Tenemos demasiadas preocupaciones, hay demasiados riesgos. Ha fallado otro sistema de regeneración. El saboteador

– Tienes razón, no deberíamos. -La voz de Duncan era ronca, y sin embargo estaban siguiendo un camino con unas consecuencias cada vez más graves.

Duncan dio un paso al frente con vacilación. Las amortiguadas luces del corredor se reflejaban en las paredes de metal de la no-nave –No deberíamos hacer esto -volvió a decir.

El deseo cayó sobre ellos como una ola. Como mentat, Duncan podía observar y evaluar, llegar a la conclusión de que lo que hacían no era más que una forma de reafirmar su humanidad. Cuando sus dedos se tocaron, sus labios, su piel, los dos estuvieron perdidos…

Más tarde, los dos yacían entre las sábanas revueltas del lecho de Sheeana. El ambiente tenía un tono húmedo y almizclado. Duncan se sentía saciado, y tenía los dedos metidos entre su pelo negro rizado. Estaba confuso, y decepcionado consigo mismo.

– Me has arrebatado buena parte de mi autocontrol.

Sheeana arqueó las cejas bajo la luz mortecina, con expresión divertida. Duncan notaba su aliento cálido muy cerca de su oreja.

– ¡Oh! ¿Y Murbella no lo hizo? -Cuando vio que se daba la vuelta sin contestar, chasqueó la lengua-.¡Te sientes culpable! Crees que de algún modo la has traicionado. Pero ¿a cuántas imprimadoras entrenaste en Casa Capitular?

Él contestó, a su manera.

– Murbella y yo estábamos atrapados, ninguna parte de nuestra relación fue voluntaria. Teníamos una adicción mutua, éramos dos personas que habían llegado a un punto muerto. Eso no es amor, ni ternura. Para Murbella, para todas las brujas, se suponía que hacer el amor no era más que «trabajo». ¡Y aun así yo sentía algo por ella! No se trata de si debo o no debo.

– Pero tú, tú has sido como una desintoxicación violenta de mi organismo. La Agonía sirvió al mismo propósito para Murbella, rompió el vínculo que la ataba a mí. -Estiró el brazo y sujetó el mentón de Sheeana-. Esto no puede volver a suceder.

Ahora ella parecía más divertida.

– Estoy de acuerdo… pero sucederá de todos modos.

– Eres un arma cargada, una Bene Gesserit completa. Cada vez que hacemos el amor, podrías permitir que hubiera un embarazo. ¿No es eso lo que exigiría la Hermandad? Podrías quedar embarazada de mí en el momento en que lo decidas.

– Cierto. Pero no lo he hecho. Estamos muy lejos de Casa Capitular, y ahora yo tomo mis propias decisiones. -Sheeana lo atrajo hacia sí.

“Gusanos de arena de Dune”, de B.Herbert y K.J.Anderson

Una respuesta a “Dune: Arma cargada Bene Gesserit

  1. Y yo jurándome no leer ese libro hasta que consiga “Herejes de Dune”, lo único que me falta para tener la sextilogía del padre, así lo leo completo y preocupándome solo por los restantes de Brian.

    Oh, el sufrimiento de nos, los fans de Frank y el respeto por su genial saga. Que tortura, Kull Wahad, que tortura…

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