Dune: Preparando la batalla de Arrakeen

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—¿No seria mejor que buscáramos un lugar un poco más seguro? —dijo.

—No hay ningún lugar seguro —dijo Paul—. ¿Los informes sobre el tiempo siguen siendo favorables?

—La tormenta que está llegando es una bisabuela de todas las tormentas —dijo Stilgar—. ¿No la notas llegar, Muad’Dib?

—El aire me dice que se acerca algo distinto —admitió Paul—. Pero considero que el empalar la arena es un método más seguro de predicción.

—La tormenta estará aquí dentro de una hora —dijo Stilgar. Señaló con la cabeza la hendidura que se abría a la estructura del Emperador y las fragatas de los Harkonnen—. Incluso ellos lo saben. No hay ni un tóptero en el cielo. Todo ha sido cubierto y asegurado. Han recibido un informe acerca de las condiciones del tiempo de sus amigos del espacio.

—¿No ha habido más salidas? —preguntó Paul.

—Ninguna desde que aterrizaron la pasada noche —dijo Stilgar—. Saben que estamos aquí. Creo que están esperando elegir su momento.

—Somos nosotros quienes elegiremos el momento —dijo Paul.

Gurney miró hacia el cielo.

—Si ellos nos lo permiten —gruñó.

—Esa flota permanecerá en el espacio —dijo Paul.

Gurney agitó la cabeza.

—No tienen otra elección —dijo Paul—. Nosotros podemos destruir la especia. La Cofradía no correrá ese riesgo.

—La gente desesperada es la más peligrosa —dijo Gurney.

—¿No estamos nosotros desesperados? —preguntó Stilgar.
Gurney le miró, ceñudo.

—Tú no has vivido el sueño de los Fremen —advirtió Paul—. Stilgar piensa en toda el agua que hemos malgastado en corrupción, en todos estos años de espera antes de que Arrakis pueda florecer. No es…

—Arrrgh —gruñó Gurney.

—¿Por qué está tan pesimista? —preguntó Stilgar.

—Siempre está pesimista antes de una batalla —dijo Paul— Es la única forma de humorismo que se permite Gurney.

Lentamente, una sonrisa lobuna se dibujó en el rostro de Gurney, y sus dientes brillaron por encima de la mentonera de su destiltraje.

—Me deprime el pensamiento de tantas pobres almas Harkonnen que vamos a enviar al más allá sin que tengan oportunidad de arrepentirse —dijo.

Stilgar lanzó una risita.

—Habla como un Fedaykin —dijo.

—Gurney nació para ser un comando de la muerte —dijo Paul. Y pensó: Si, que ocupen sus mentes charlando así antes del momento de lanzarnos al ataque contra esa fuerza reunida ahí en la planicie.

“Dune”, de Frank Herbert

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