Dune: El poblado de la franja de Qelso

desert_planet_by_ghostofart

Teg guió la nave directamente a la zona árida, donde se estaba librando la batalla ecológica. Si realmente aquel era uno de los planetas-simiente de Odrade, el Bashar sabía la rapidez con que las voraces truchas de arena absorberían toda el agua del planeta, gota a gota. El medio contraatacaría con patrones climáticos cambiantes; los animales migrarían a zonas aún intactas; la vegetación atrapada lucharía por adaptarse, y en su mayor parte fracasaría.

Las truchas de arena actuaban con mucha mayor rapidez de la que un planeta podía adaptarse.

Mientras Teg hacía girar la nave por encima de uno de los poblados, la gente empezó a salir y a señalar. Sheeana y Stuka se pegaron contra las ventanas de plaz con entusiasmo, buscando los hábitos negros distintivos de la Bene Gesserit, pero no vieron ninguno.

Una formación rocosa se elevaba por detrás del poblado, una muralla defensiva que les protegía del polvo y la arena. La gente estaba en lo alto de lospuntos más altos, agitando las manos, pero Teg no habría sabido decir si sus gestos eran amistosos o amenazadores.

– Mirad, se cubren la cabeza y el rostro con paños y filtros -dijo Liet-. El aumento de la aridez les obliga a adaptarse. Para vivir aquí, en la zona que limita con las dunas, tienen que aprender a conservar los líquidos corporales.

– Podríamos enseñarles cómo hacer destiltrajes -dijo Stilgar con una sonrisa-. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me puse uno decente. ¡Estoy impaciente por volver a respirar aire seco!

Teg encontró una zona despejada e hizo descender el transporte ligero. Se sintió inexplicablemente inquieto cuando vio que los nativos corrían hacia ellos.

– Evidentemente se trata de campamentos nómadas. ¿Por qué no trasladarse tierra adentro, donde el clima es más acogedor?

– La gente se adapta -dijo Sheeana.

– Pero ¿por qué? Sí, la franja desértica no deja de extenderse, pero aún hay gran cantidad de bosques, incluso ciudades, no muy lejos de aquí. Esta gente podría evitar la arena durante generaciones. Y sin embargo se obstinan en quedarse.

Antes de que la escotilla se abriera y dejara entrar una bocanada de aire reseco, los nómadas rodearon el transporte. Sheeana y Stuka, ataviadas con el hábito negro tradicional de Casa Capitular para que sus hermanas refugiadas pudieran reconocerlas, encabezaron el grupo valientemente. Teg las siguió, junto a Stilgar y Liet.

– Somos Bene Gesserit -gritó Sheeana a aquella gente en galach universal-. ¿Hay entre vosotros alguna de nuestras hermanas? -Protegiéndose los ojos de la luz, escrutó los pocos rostros ajados de mujeres que vio, pero no obtuvo respuesta.

– Quizá es mejor que probemos en otro poblado -en un susurro. Sus sentidos estaban alerta.

– Todavía no.

Un anciano se acercó, quitándose una máscara filtradora de encima del rostro.

– ¿Preguntáis por las Bene Gesserit? ¿Aquí en Qelso? -Aunque su acento era basto, se le entendía. A pesar de su edad, parecía sano y enérgico.

Stuka tomó la delantera y se puso delante de Sheeana.

– Las que llevaban hábitos negros, como nosotras. ¿Dónde están?

– Todas muertas.-Los ojos del anciano destellaron.

Stuka reaccionó demasiado tarde. Moviéndose como una serpiente, el hombre arrojó un cuchillo que llevaba oculto en la manga, con una puntería mortífera. La multitud se abalanzó sobre ellos.

Stuka se aferró con torpeza a la hoja que tenía clavada en el pecho, pero no consiguió que sus dedos la obedecieran. Sus rodillas se doblaron y su cuerpo cayó por un lado de la rampa de la nave.

Un grupo de hombres levantó el cuerpo de Stuka. El anciano recuperó su cuchillo, arrancándolo del pecho de la muerta, y lo limpió en su hábito con expresión de asco. Miró el cadáver con ira y escupió, y entonces se acercó a los prisioneros. Mirando a los tres hombres, meneó la cabeza con aire de desaprobación.

– No me he presentado. Podéis llamarme Var.

Sheeana lo miró con gesto desafiante.

– ¿Por qué nos haces esto? Dices que conoces la orden de la Bene Gesserit.

El rostro de Var se crispó, como si hubiera preferido no hablar con ella. Se inclinó sobre Sheeana.

– Sí, conocemos a las Bene Gesserit. Vinieron hace años y soltaron sus criaturas demoníacas en nuestro mundo, Un experimento, dijeron. ¿Un experimento? ¡Mirad qué han hecho con nuestra preciosa tierra! Todo se está convirtiendo en polvo. -Levantó el cuchillo y pensó por un momento, y entonces lo guardó- Cuando nos dimos cuenta de lo que aquellas mujeres estaban haciendo, las matamos a todas, pero ya era tarde, Ahora nuestro planeta se muere, y lucharemos para proteger lo que queda de él.

“Gusanos de arena de Dune”, de B.Herbert y K.J.Anderson

Una respuesta a “Dune: El poblado de la franja de Qelso

  1. Oh, por todos los dioses… yo tengo ese libro, la conclusión de la saga herbetiana, veinte mil años después de “Casa Capitular”, la tripulación de gholas notables de Muad’ Dib, Jéssica Atreides, Leto II, etc.

    Solo lo he hojeado, lo siento, me juré que hasta que tuviera al menos toda la saga del padre en impreso, no la leería… y solo me falta “Herejes de Dune” …

    Con que facilidad se puede uno imponer una tortura…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s