Dune: Red Plague (V)

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La nave de plegado espacial de VenHold, guiada por uno de los raros y misteriosos Navegantes, era el medio de transporte más rápido y confiable en el universo conocido. Aun así, el Dr. Rohan Zim encontraba la demora agonizante mientras esperaba a que el Navegante llegara a Walgis.

Desde que se enteró de la mortífera plaga, había reunido incansablemente a los médicos en las nuevas instalaciones médicas de Parmentier. Quería salvar a esas personas, aunque fueran Butlerianos. Una multitud de fanáticos anti-tecnología había quemado la antigua Escuela de Medicina Suk en Salusa Secundus, y se habían alzado contra la tecnología médica, incluso contra los avances quirúrgicos básicos. Los zelotes consideraban que las prótesis nuevas y sofisticadas, y los órganos artificiales, eran abominables. Se burlaban del progreso científico que habría aumentado la producción de alimentos y salvado innumerables vidas.

El Dr. Rohan Zim tenía poco aprecio por los atrasados Butlerianos. Pero seguían siendo personas, y él había hecho un voto solemne cuando se convirtió en un médico Suk.

Al recibir la aprobación del Director Venport, Zim se apresuró a regresar a Parmentier, donde su pueblo había estado trabajando sin parar para fabricar las vacunas y tratamientos vitales para los afectados. A pesar de su virulencia, la plaga roja era una enfermedad antigua, bien reconocida y en su mayoría erradicada a través de los planetas asentados por humanos. La cura existía; Sólo necesitaba ser entregada a los enfermos.

La gente de Walgis tenía que aceptar el tratamiento, aunque tuviera una base sólida tecnológica. Sin embargo, Zim no tenía dudas: no había nada como ver a la familia lamentarse y morir en la miseria febril para hacer que una persona reevaluara sus creencias esotéricas.

El Dr. Zim y sus colegas Suk habían creado y empaquetado cien mil dosis de la cura. Necesitarían ayuda para distribuir y administrar las vacunas, pero sus voluntarios enseñarían a otros, que a su vez enseñarían aún más, y tal vez la plaga roja sería atrapada y detenida. Una vez que las cien mil dosis fueron entregadas, las víctimas recuperadas proporcionarían los anticuerpos para curar al resto. Zim deseó que su equipo hubiera podido comenzar una semana antes.

Se unió a los otros doctores en la plataforma de observación durante el salto final de plegado del espacio a Walgis. Cuando los motores Holtzman se activaron, sólo hubo una breve distorsión en el espacio alrededor de la pequeña nave. El Navegante, en su turbio tanque de gas arremolinado, eligió un sendero y guió la nave, y luego emergió cuando las ondulaciones en el tejido del universo se suavizaron de nuevo, devolviéndoles al espacio normal justo cerca de Walgis.

Uno de los doctores señaló a traves de la ventana de observación en un punto brillante que crecia progresivamente más grande cuando el plegado espacial acelerado les acercaba a su destino. A medida que el planeta se convirtió en un disco discernible, podían ver luces brillantes, formas parpadeantes de grandes naves acorazadas en órbita.

-Esos serán las naves butlerianas -dijo Zim-. -Un cordón de cuarentena para evitar que los infectados escapen. En ese caso, al menos, podemos agradecer a Manford Torondo.

Miró a la pared mientras sus colegas médicos se reunían en la ventana de observación. Alzó la voz al equipo de VenHold, que estaba escuchandoles en el comunicador de la pared. -Abran un canal de comunicación, por favor. Deseo dirigirme al planeta Walgis, así como a las naves de la cuarentena. Querrán escuchar nuestras buenas noticias.

Al cabo de unos instantes, el oficial de comunicación indicó que el canal estaba abierto, y el doctor Zim se aclaró la garganta, adecentó su túnica blanca, se arregló la barba y miró a la cámara en la pared.

-Pueblo de Walgis, somos doctores de los laboratorios Medicos Suk de Parmentier. Respetamos toda vida, sin tener en cuenta las creencias políticas o religiosas. Sabemos de su situación y estamos encantados de ofrecer nuestra asistencia y experiencia-. Dio un respiro y reconoció a su benefactor. -Con la benevolencia del Directeur Josef Venport, hemos venido aquí para ayudar. Su sufrimiento casi ha terminado, y nosotros cuidaremos de ustedes y salvaremos a tantos como sea posible-. Él sonrió. -¡Hemos traído vacunas!.

“Dune: Red Plague”, por B.Herbert y K.J.Anderson

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