Dune: Red Plague (I)

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Incluso en sus sueños, todavía podía oír los pasados aplausos y sentir la energía y la sincera dedicación de la multitud. Rugió alrededor de él, haciendo que su sueño estuviera inquieto. El joven Manford Torondo pudo ver el rostro beatifico de Rayna Butler, su inspiración, su amada mentora, cuya visión había traído la curación y la fé a la raza humana tras la sangrienta Yihad de varias generaciones.

Podía ver los labios de Rayna moviéndose, pero Manford ya no podía recordar las palabras que estaba pronunciando, porque en ese momento había visto la bomba, sabía que explotaría. Se precipitó al escenario, tratando de salvarla, tratando de arrojarse sobre el dispositivo destructivo.

Pero fue demasiado tarde.

La explosión fue como un sol abriéndose, justo al lado de Rayna. Vio la onda expansiva, sintió las llamas, la energía que destrozó los cuerpos, destruyó el escenario, envió fuego y humo y escombros en todas direcciones. Manford no sintió su propio dolor, aunque había estado cerca de la explosión, demasiado cerca. Vio los miembros destrozados de Rayna Butler, con sus ropas manchadas de rojo, su piel rasgada y lacerada. Frenético, trató de correr hacia ella, trató de alcanzarla, pero por alguna razón apenas podía moverse. No tenía más remedio que gatear, y así se arrastró.

Sólo después se dio cuenta de que ya no tenía piernas. La explosión había arrancado la mitad inferior de su cuerpo, dejando sólo fragmentos espantosos debajo de sus caderas. Pero sus propias heridas carecían de importancia. Tenía que llegar a Rayna, tenía que salvarla, abrazarla de alguna manera. Aunque su cuerpo arruinado estaba sólo a momentos del shock catatónico, utilizó sus codos sangrientos para avanzar. Llegó a Rayna, la tocó, la miró a los ojos, y se imaginó que vio la luz todavía allí, pero desapareciendo. Finalmente, reunió la energía para gritar…

Gritaba mientras unas manos firmes le sacudían por los hombros, y se despertó en su estrecha cama, con su cuerpo truncado cubierto por una manta de lana áspera.

-Manford, volviste a tener esa pesadilla -dijo Anari Idaho, su alta y musculosa Maestra de Espadas, su guardián, su más devota compañera. Ella se inclinó sobre él, con su rostro lleno de preocupación. -Rayna todavía te persigue, ¿verdad?.

Manford tragó con la garganta seca y dejó que ella le ayudara a sentarse. -Rayna todavía me bendice con sus recuerdos. Incluso en la visión más horrible de ella, es autenticamente ella. Rayna era mejor que nosotros-. Suspiró. -Sin embargo, la carga recae en mí para continuar lo mejor que pueda su trabajo. Debo salvar el alma de la humanidad de su propia tentación.

“Dune: Red Plague”, por B.Herbert y K.J.Anderson

Leer parte II, III, IV, V, VI y VII

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