Dune: Leto, el Justo

 

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En las mazmorras del castillo de Caladan, Swain Goire tenía la vista clavada en la oscuridad. Vestido con un delgado uniforme de prisionero, temblaba a causa de la humedad. Por qué su vida había cambiado de manera tan drástica?. Había luchado por mejorar su situación. Había jurado lealtad al duque. Había querido tanto a Víctor

Sentado en su litera, acunaba el hipoinyector en su mano, acariciaba con el pulgar la fría superficie de plaz del mango. Gurney Halleck se lo había pasado a escondidas, para facilitar al capitán de la guardia caído en desgracia una salida honrosa. En cualquier momento, Goire podía inyectarse veneno en las venas. Si tuviera el valor… o la cobardía…

En su mente, los años se fundieron como derretidos por un rayo láser. Goire recordó que había crecido en la pobreza en Cala Bay, ganado dinero para su madre y dos hermanas menores como pescador. Nunca había conocido a su padre. A la edad de trece años, Goire había conseguido un empleo de pinche en las cocinas del castillo de Caladan, limpiado hornos y despensas, fregado suelos. Poco después de la muerte del viejo duque, ingresó en la guardia y fue ascendiendo de rango hasta convertirse en uno de los hombres de confianza del duque Leto. El duque y él se llevaban pocos meses, y por diferentes caminos llegaron a amar a la misma mujer: Kailea Vernius. Y Kailea había arruinado sus vidas antes de lanzarse desde una ventana.

Durante el minucioso interrogatorio de Thufir Hawat, Goire no había esgrimido excusas. Lo confesó todo, incluso había aportado delitos adicionales para aumentar su culpabilidad, con la esperanza de sobrevivir al dolor, o morir de él. Nunca conspiró para matar al duque, pues le quería y todavía era así. Después, Gurney Halleck le había entregado el veneno. —Acepta la única alternativa que te queda. La alternativa del honor.

… Goire acarició con un dedo la aguja. Con un solo pinchazo, pondría fin a su vida arruinada. Respiró hondo, cerró los ojos. Resbalaron lágrimas sobre sus mejillas.

—Espera, Swain… Se volvió poco a poco hacia la voz. El campo de contención se apagó, y el duque Atreides entró, seguido de Halleck. Goire se quedó petrificado, con el inyector extendido ante él. La sola visión del duque, todavía vendado, apenas recuperado de sus peores heridas, estuvo a punto de matarle.

El duque hizo lo peor que podía imaginar. Se apoderó del inyector. —Swain Goire, eres el hombre más digno de compasión. Amabas a mi hijo y juraste protegerlo, pero contribuiste a la muerte de Víctor. Amabas a Kailea, y me traicionaste con mi propia concubina aun cuando afirmabas amarme. Ahora Kailea ha muerto, y jamás podrás recuperar mi confianza… Gurney quiere que te ejecute… pero no voy a permitirlo… Swain Goire, te sentencio a vivir… a vivir con lo que has hecho…

—No, mi duque. No, por favor-. Gurney le fulminó con la mirada. —Tus días en el castillo de Caladan han terminado. Te enviaré al exilio. Te irás sin nada, aparte de tus crímenes-. Halleck ya no pudo contenerse más. —Pero, señor, no podéis dejar vivo a este traidor, después de todo lo que ha hecho!. Es eso justicia?. —Gurney, esto es justicia en el más puro sentido de la palabra… Y un día mi pueblo comprenderá que no había castigo más apropiado…

—Un día, mi señor, os llamarán Leto, el Justo.

“La Casa Harkonnen” de B.Herbert y Kevin J.Anderson.

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