Mate a los pobres (por Cristina Fallaras)

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Los pobres no existen en España, esto es así. Lo demuestra no solo su desaparición de los medios de comunicación, sino sobre todo el hecho de que don Mariano Rajoy Brey describiera ayer la totalidad de la población española, durante la sesión de investidura, con la expresión “los ricos y los no ricos”.

Los pobres no existen, pero existen, y ahí está el fastidio. En su muy conocido y eterno empeño por molestar, los pobres siguen ahí, e incluso hay quien afirma haberlos visto. Esa y no otra es la razón por la que me atrevo a dirigirme al muy ilustre presidente en funciones y registrador de la propiedad –ah, la propiedad, de eso se trata–, para hacerle llegar mi modesta proposición, mucho más sencilla, dónde va a parar, que la del maestro Swift.

Allá va.

Bien es sabido que lo que no se nombra no existe, y que lo que no existe no puede sufrir ni protestar. Por si eso fuera poco, a los pobres, en caso de existir, el sufrimiento se les supone de cuna y la protesta ya la tenemos gravada. Así pues, lo más sensato e higiénico es, sin duda, liquidar de una vez por todas a todos esos individuos no existentes en España.

¿Cómo? Matándolos, claro. La Historia demuestra que solo hay una manera efectiva de desaparecer un engorro de tamaña dimensión: Eliminar definitivamente su existencia física, pesada, insistente, embarazosa.

Pese a que me gustaría decorar esta propuesta mía con florituras y sutilezas, detallaré los pasos de manera breve y concisa, dado que el señor don Mariano Rajoy Brey es hombre de pasito a paso, y poco dado a lecturas largas o complejas que enturbiarían su plácida existencia.

Paso 1. Para eliminar a los obstinados no existentes en España, debe utilizarse el censo de pobres que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE). Deberían sumársele los seres humanos encerrados en los centros de concentración denominados CIEs, así como todos los que constan en los seudocensos que obran en poder de la ONGs dedicadas a la atención de individuos carentes de papeles.

Paso 2. Una vez localizados los individuos a eliminar, el Gobierno deberá organizar cuadrillas de jóvenes sin empleo procedentes de las clases “no-pobres” –ergo existentes–, así como de hinchadas organizadas entre lo que se conoce como ultras de clubes de fútbol, sector que el presidente registrador conoce y goza. Se recomienda hacer hincapié en lo que la actividad exterminadora tiene de deportivo, o sea, saludable. Este paso no supone un gran trabajo (aunque sí regocijo), ya que, siendo los pobres de natural esperanzado, la mayoría acudirá por su propio pie al lugar donde se les cite con la excusa que se considere conveniente.

Paso 3. Utilícese para la eliminación, además de los citados CIEs, aeropuertos en desuso, pistas de Fórmula1, polideportivos abandonados, ciudades de la Justicia a medio levantar y los numerosos terrenos que la acción de los no-pobres recalificó pero no llegó a construir.

Paso 4. Procédase al exterminio. Para ello, puede usarse cualquiera de los métodos que los múltiples ensayos de la Humanidad han demostrado útiles. Pero déjenme decirles que yo prefiero la hoguera.

Paso 5. Recomiendo tener especial cuidado a la hora de elegir el terreno donde inhumar los restos de los no existentes, ya que las tierras de España se encuentran todavía sembradas de fosas comunes y cunetillas ya ocupadas de antiguo.

Me permito indicar, por último, que los beneficios de esta acción no se limitan a hacer coincidir la engorrosa realidad con los deseos del muy ilustre Gobierno del reino de España: Que no haya pobres. También, y esto es sin duda más importante, supondrá una nada despreciable creación de puestos de trabajo.

El descenso en las cifras del desempleo resultante, junto con la desaparición DEFINITIVA de la pobreza, serán minuciosamente relatada en los medios de comunicación para alegría y pompa del Ejecutivo. Cabe señalar que éstos, dado que hace tiempo eliminaron a los pobres de la realidad existente, no publicarán noticia de la operación, algo que, pese a restarle sentido de gesta, ahorrará cualquier posible problema internacional, desde luego procedente de allende las fronteras europeas.

Para terminar, me permitirá el presidente en funciones de la propiedad de España un último consejo: Todo este operativo debería finalizar antes de la próxima temporada estival, para que los alegres muchachos puedan cumplir religiosamente con su labor de camareros en los centros a los que acuden esos millones de turistas que son orgullo y bandera de nuestro D. Mariano Rajoy Brey.

Por Cristina Fallaras, en Diario16.

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