Dune: El primer crys-cuchillo

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Después, osado de nuevo (¡al fin y al cabo, había montado a Shaitan!), Selim bajó de las rocas y corrió hacia la mancha de melange. Lanzó una mirada temerosa al ominoso bulto del gusano.

Arañó la arena y recogió el polvillo rojo. Lo engulló, escupió unos granos de arena y experimentó de inmediato el estímulo de la especia, una cantidad excesiva para tomarla de una vez. Le aturdió, pero también le provocó una explosión de energía.

Saciado por fin, se mantuvo a una prudente distancia del gusano, los brazos en jarras.

Luego, agitó las manos y gritó en el silencio absoluto:

-¡Te he derrotado, Shaitan! ¡Querías comerme, vieja oruga, pero yo te he dominado! -Movió los brazos de nuevo-. ¿Me oyes?

Pero no detectó el menor movimiento. Eufórico debido a la melange, caminó con osadía hacia el cuerpo largo y sinuoso derrumbado sobre la duna. A tan solo unos pasos de distancia, contempló la cara, la boca cavernosa erizada de púas centelleantes. Los largos colmillos semejaban pelos minúsculos en comparación con el tamaño inmenso del ser.

Ráfagas de viento silbaban alrededor del cuerpo del gusano. Era como si el fantasma de la bestia le estuviera desafiando, le empujara hacia delante. La especia corría en las venas de Selim.

Se acercó a las fauces del gusano y escudriñó la infinita negrura de su boca. Los fuegos internos estaban apagados. No quedaba ni una brasa.

-Te he matado, vieja oruga -gritó de nuevo-. Soy el asesino de gusanos.

Selim contempló los colmillos similares a dagas que flanqueaban la boca maloliente, Daba la impresión de que Budalá le estaba animando a continuar, o tal vez era su propio deseo. Sin hacer caso del sentido común, Selim trepó al labio inferior del gusano y agarró el diente más cercano.

El joven exiliado lo aferró con ambas manos y sintió su dureza, un material aún más fuerte que el metal. Lo retorció y movió de un lado a otro. El cuerpo del animal era blando, como si los tejidos de la garganta se estuvieran desmoronando. Selim arrancó el colmillo con un sonoro gruñido. Era tan largo como su antebrazo, curvo, de un blanco puro. Sería un cuchillo excelente.

Retrocedió sin soltar su botín, aterrorizado por la enormidad de lo que había hecho. Un acto sin precedentes, por lo que él sabía. ¿Quién más habría corrido el riesgo, no solo de montar a Shaitan, sino de entrar en sus fauces? Un pavoroso temblor sacudió su cuerpo. No daba crédito a su proeza. Ninguna otra persona de Arrakis poseía un tesoro semejante a aquel cuchillo-diente.

Bajó a la arena. Tenía la tormenta casi encima, lo cual le recordó su entrenamiento para sobrevivir en el desierto. Debía volver a las rocas y encontrar algún refugio, o de lo contrario pronto estaría muerto sobre las dunas, víctima de los elementos.

Pero ya no creía que eso fuera a sucederle. Ahora tengo un destino, una misión de Budalá…, si consigo captar su significado…

“Dune: La Yihad Butleriana” de B.Herbert y K.J.Anderson

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