Dune: El honor manchado de Stilgar (I)

stilgar-by-nathananderson

— Kaveh wahid — dijo Stilgar. Trae el café.

Señaló con una huesuda mano hacia un ayudante que permanecía de pie a un lado, junto a la única puerta de la austera estancia de paredes de roca donde habían pasado aquella noche insomne. Era el lugar donde habitualmente tomaba el viejo Naib Fremen su espartano desayuno, y era casi la hora del desayuno, pero tras una noche como aquella no sentía la menor hambre. Se puso en pie, estirando sus músculos.

Duncan Idaho permanecía sentado en un bajo almohadón junto a la puerta, intentando disimular un bostezo. Apenas se había dado cuenta, mientras él y Stilgar hablaban, de que había transcurrido toda un noche.

— Perdóname, Stil — dijo —. Te he tenido despierto toda la noche.

— Permanecer despierto toda una noche añade un día a tu existencia — dijo Stilgar, aceptando la bandeja con el café ofrecida a través de la puerta. Empujó una banqueta frente a Idaho, colocó la bandeja encima y se sentó frente al huésped.

Ambos hombres llevaban el amarillo atuendo del luto pero las ropas de Idaho le habían sido prestadas a causa de las quejas de la gente del Tabr ante el verde Atreides de uniforme.

Stilgar vertió el oscuro brebaje de la ancha jarra de cobre, le dio un sorbo, y luego tendió la taza a Idaho… la antigua costumbre Fremen: «Es seguro; he bebido de él».

El café había sido preparado por Harah, tal como gustaba a Stilgar; los granos tostados hasta adquirir color rosa amarronado, luego molidos hasta polvo fino en mortero de piedra cuando aún estaban calientes, y hervidos inmediatamente, con adición de una pulgarada de melange.

Idaho inhaló el aroma rico en especia, y bebió cuida pero ruidosamente. Aún no sabía si había logrado convencer a Stilgar. Sus facultades mentat habían comenzado a trabajar perezosamente a las primeras horas de la madrugada, todas sus computaciones confrontadas finalmente con el inevitable dato extraído del mensaje de Gurney Halleck.

¡Alia había sabido de Leto! Lo había sabido. Y Javid formaba parte de ese conocimiento.

— Debo verme libre de tus restricciones — dijo fin te Idaho, volviendo una vez más al mismo argumento.

Stilgar se mantuvo firme.

— La aceptación de la neutralidad requiere que tome decisiones difíciles. Ghani está segura aquí. Tú e Irulan estáis seguros aquí. Pero tú no puedes enviar mensajes. Recibir mensajes sí, pero no puedes enviarlos. He dado mi palabra.

— Este no es el trato que se da habitualmente a un huésped y a un viejo amigo que ha compartido tus peligros — dijo Idaho, sabiendo que había usado aquel mismo argumento antes.

Stilgar dejó su taza, colocándola cuidadosamente en su lugar en la bandeja y mirándola atentamente mientras hablaba.

— Nosotros los Fremen no nos sentimos culpables por las mismas cosas que los demás — dijo. Alzó de nuevo su mirada al rostro de Idaho.

He de conseguir que tome a Ghani y huya de este lugar, pensó Idaho. Y dijo:

— No era mi intención desencadenar una tormenta de culpabilidades.

— Lo comprendo — dijo Stilgar —. He sido yo quien ha planteado la cuestión para anteponerla a tu actitud Fremen, porque con esto es con lo que tenemos que enfrentarnos: Fremen. Incluso Alia piensa Fremen.

— ¿Y los Sacerdotes?

— Ese es otro asunto — dijo Stilgar —. Ellos quieren que la gente devore el gris viento del pecado, y lo siga haciendo a perpetuidad. Es una gran pústula a través de la cual quieren dar pruebas de su piedad. —
Hablaba con voz átona, pero Idaho podía captar su amargura, y se preguntó si aquella amargura no dominaría los actos de Stilgar.

— Es un viejo, viejísimo truco del gobierno autocrático — dijo Idaho —. Alia lo conoce bien. Los buenos súbditos deben sentirse culpables. La culpabilidad empieza como un sentimiento de fracaso. El buen autócrata proporciona muchas oportunidades de fracaso a sus súbditos.

— Me he dado cuenta de ello. — Stilgar habló secamente —. Pero debes perdonarme si te menciono una vez más que es de tu esposa de quien estás hablando. Y es la hermana de Muad’Dib.

— ¡Te digo que está poseída!

— Muchos lo dicen. Algún día deberá someterse a la prueba. Pero mientras tanto hay otras consideraciones más importantes.

Idaho agitó tristemente la cabeza.

— Todo lo que te he dicho puede ser verificado. Las comunicaciones con Jacurutu han pasado siempre a través del Templo de Alia. El complot contra los gemelos tenía cómplices allí. El dinero de la venta de
gusanos fuera del planeta muere allí. Todos los hilos conducen a la oficina de Alia, a la Regencia.

Stilgar agitó la cabeza, suspiró profundamente.

— Este es territorio neutral. He dado mi palabra.

— ¡Pero las cosas no pueden seguir así! — protestó Idaho.

— Estoy de acuerdo — asintió Stilgar —. Alia está aprisionada en un círculo que cada vez se hace más pequeño. Es como nuestra antigua costumbre de tener varias mujeres. Esto hace resaltar la esterilidad del macho. — Dirigió una interrogativa mirada a Idaho —. Dices que te engaña con otro hombre… «utilizando su sexo como un arma» es como creo que lo has expresado. Entonces tienes un camino perfectamente legal ante ti. Javid está aquí en el Tabr con mensajes de Alia. Sólo tienes que…

— ¿En tu territorio neutral?

— No; afuera, en el desierto…

— ¿Y si aprovecho esta oportunidad para escapar?

— No te será dada tal oportunidad.

— Stil, te lo juro. Alia está poseída. ¿Qué debo hacer para convencerte de…?

— Es algo difícil de probar — dijo Stilgar. Era el argumento que más veces había usado durante la noche.

Idaho recordó las palabras de Jessica y dijo:

— Pero tienes formas de probarlo.

— Una forma, si — dijo Stilgar. Agitó de nuevo la cabeza — Dolorosa, irrevocable. Es por eso por lo que quiero recordarte nuestra actitud acerca de la culpabilidad. Nosotros podemos librarnos de nuestra culpabilidad porque esto podría destruirnos en cualquier caso, excepto en la Prueba de la Posesión. En este caso el tribunal, que es todo el pueblo, acepta la completa responsabilidad.

— Lo habéis hecho otras veces, ¿verdad?

— Estoy seguro de que la Reverenda Madre no habrá omitido nuestra historia en su relato — dijo Stilgar

—. Sabes que lo hemos hecho otras veces.

Idaho reaccionó al irritado tono de la voz de Stilgar.

— No estaba intentando atraparte en una falsedad. Tan sólo quería…

— Ha sido una larga noche llena de preguntas sin respuesta — dijo Stilgar —. Y ahora es la mañana.

“Hijos de Dune” de Frank Herbert. Capitulo completo.

Leer parte II y III

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