Dune: Gran Honorada Matre Logno

logno-h-m

Logno apareció procedente del cuarto de trabajo con una bandeja en la que había vasos largos y estrechos casi llenos con un líquido dorado. Dama tomó uno, lo olisqueó, y dio un sorbo con una expresión complacida.

¿Qué significa ese maligno resplandor en los ojos de Logno?

– Prueba un poco de este vino -dijo Dama, haciendo un gesto a Odrade-. Procede de un planeta del que seguro que nunca has oído hablar, pero en el que hemos concentrado los elementos necesarios para producir la perfecta cepa dorada para el perfecto vino dorado.

Odrade se sintió apresada por aquella larga asociación de los humanos con su preciosa y antigua bebida. El dios Baco. Uvas fermentadas en sus cepas o en sus lagares tribales.

– No está envenenado -dijo Dama cuando vio vacilar a Odrade-. Te lo garantizo.

Matamos cuando conviene a nuestras necesidades, pero no somos estúpidas. Reservamos nuestras muertes más flagrantes para las masas. No te confundo con un componente de nuestras masas.

Odrade dejó escapar una risita ante su propia agudeza. La elaborada amigabilidad era casi tosca.

Odrade tomó el vaso ofrecido y dio un sorbo.

– Es una cosa que alguien ingenió para complacernos -dijo Dama, con su atención fija en Odrade.

Un sólo sorbo fue suficiente. Los sentidos de Odrade detectaron una sustancia extraña, y necesitó varios latidos de su corazón para identificar su finalidad: Para anular el shere que me protege de sus sondas.

Ajustó su metabolismo para hacer la sustancia inocua, luego anunció lo que había hecho.

Dama miró con ojos fulgurantes a Logno.

– ¡Entonces es por eso por lo que ninguna de esas cosas actua sobre las brujas! ¡Y tú nunca lo sospechaste! -La rabia era casi una fuerza física dirigida contra la desventurada ayudante.

– Es uno de los sistemas inmunológícos con los cuales combatimos las enfermedades – dijo Odrade.

Dama lanzó su vaso contra las baldosas. Necesitó un cierto tiempo para recuperar su compostura. Logno retrocedió lentamente, sujetando la bandeja casi como un escudo.

Así que Dama hizo más que serpentear hasta alcanzar el poder. Sus hermanas la consideran mortífera. Y así debo considerarla yo.

– Alguien pagará por este esfuerzo desperdiciado -dijo Dama. Su sonrisa no tenía nada de agradable.

Alguien.

Alguien hizo el vino. Alguien hizo la figura danzante. Alguien pagará, la identidad nunca es importante, tan sólo el placer o la necesidad de la retribución. Servilismo.

¿No sospechaba las consecuencias? La esperanza de todos los conquistados de que algún día ella fuera también olvidada. Incluso Logno compartía aquella esperanza, aunque estaba teñida por su propio deseo de suceder a Dama. Muy limitadas en sus concepciones, aquellas Honoradas Matres.

¡El perfecto vino dorado!

¿Acaso no se daba cuenta de su destino? Todos aquellos famosos vinos y platos preparados para complacer a los famosos conquistadores… ninguno sobrevivía sin cambios. Algo en los humanos (¿la memoria genética?) respondía a los pasados servilismos ajustando los sabores hasta que ya no eran aquellos que el conquistador había apreciado.

– No interrumpas mis pensamientos -dijo Dama. Se dirigió hacia el parapeto y contempló a su Ser Desconocido, evidentemente recomponiendo su posición negociadora.

Odrade dirigió su atención a Logno. Que seguía intensamente atenta, su atención fija casi de una forma obsesiva en Dama. No era simple miedo. De pronto, Logno parecía terriblemente peligrosa.

¡Veneno!

Odrade lo supo con tanta certeza como si la ayudante hubiera gritado la palabra.

No soy yo el blanco de Logno. Ha aprovechado su oportunidad para dar su salto hacia el poder.

No era necesario mirar a Dama. El momento de la muerte de la Reina Araña fue visible en el rostro de Logno. Volviéndose, Odrade lo confirmó. Dama yacía en un confuso montón debajo del Ser Desconocido.

– Me llamarás Gran Honorada Matre -dijo Logno-. Y me darás las gracias por ello. Ella -señalando al bulto rojo en una esquina del balcón- tenía intención de traicionarte y de exterminar a tu gente. Yo tengo otros planes. No soy de las que destruyen un arma utilizable en unos momentos de gran necesidad.

“Casa Capitular de Dune”, de Frank Herbert

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