Dune: Idaho reniega de los Atreides

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Duncan, ¿es posible que estés hasta tal punto celoso de tu lugar en la historia?

— La historia es quien tiene que formar su propio tribunal y emitir sus propios juicios — dijo — Dudo que me sienta preocupado el día en que mi juicio sea emitido.

— ¿Por qué estás aquí? — preguntó Jessica.

— Por la misma razón que vos estáis aquí, mi Dama.

— La Casa de los Atreides ha llegado a una amarga encrucijada — dijo ella —. La familia se ha vuelto contra si misma. Tú estabas entre los más leales hombre de mi Duque, Duncan. Cuando el Barón Harkonnen

— No hablemos de los Harkonnen — dijo él —. Aquello era otra época, y vuestro Duque está muerto.

— La Casa de los Atreides no está muerta — dijo Jessica.

— ¿Qué es la Casa de los Atreides? — preguntó él —. ¿Sois vos la Casa de los Atreides? ¿Es Alia? ¿Ghanima? ¿Es la gente que sirve a esa Casa? Miro a toda esa gente y veo que llevan la marca de un trabajo indecible. ¿Cómo pueden ser ellos Atreides?.

— ¿Te has pasado realmente del lado de Farad’n?.

— ¿No es lo mismo que habéis hecho vos, mi Dama? ¿No habéis venido aquí para convencer a Farad’n de que un matrimonio con Ghanima podría resolver todos nuestros problemas?.

— La Casa de los Atreides ha sido siempre esencialmente una idea — dijo ella —. Tú lo sabes, Duncan.Siempre hemos comprado la lealtad con la lealtad.

— Al servicio del pueblo — dijo burlonamente Idaho —. Ahhh, cuántas veces he oído a vuestro Duque decir esto. Debe yacer muy inquieto en su tumba, mi Dama.

— ¿Realmente piensas que hemos caido tan bajo?

— Mi Dama, ¿no sabéis que hay Fremen rebeldes, aquello que se llaman a sí mismos «Maquis del Desierto Profundo», que maldicen la Casa de los Atreides e incluso a Muad’Dib. Yo mismo he oído su maldición. Dice así:

«¡Caiga el fuego sobre vosotros, Atreides! No tendréis ni alma, ni mente, ni cuerpo, ni sombra ni magia ni huesos, ni pelo ni lengua ni palabras. No tendréis ni un refugio, ni casa ni choza ni tumba. No tendréis ni un
jardín, ni un árbol ni una planta. No tendréis ni agua, ni comida ni luz ni fuego. No tendréis ni un hijo, ni familia ni herederos ni tribu. No tendréis ni cabeza, ni brazos ni piernas ni pies ni semilla. No tendréis un lugar en ningún planeta. A vuestras almas no se les permitirá salir de las profundidades, y nunca más se les concederá vivir sobre la tierra. Nunca más podréis contemplar a Shai-Hulud, sino que estaréis para siempre encadenados a la más ínfima abominación, y vuestras almas no entrarán jamás en la gloriosa luz por los
siglos de los siglos.»…

…Esta es la forma de la maldición, mi Dama. ¿Podéis imaginar un tal odio por parte de los Fremen? Sitúa a todos los Atreides a la izquierda de los condenados de la Mujer-Sol que arde eternamente.

“Hijos de Dune”, de Frank Herbert

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