Dune: La tela de la Reina Araña (y III)

bg-hermana

Logno regresó. Dama podía reconocer siempre el sonido de sus pasos. Furtivos.

– La vieja bruja será traída de Buzzell -dijo Logno-. Y sus ayudantas.

– No olvides los Futars.

– He dado las órdenes, Dama.

¡Una voz untuosa! Te gustaría darme de alimento a la horda, ¿no es así, Logno?.

– Y refuerza la seguridad en las jaulas, Logno. Otros tres de ellos escaparon la pasada noche. Estaban vagando por el jardín cuando desperté.

– Me lo comunicaron, Dama. Han sido asignados más guardias a las jaulas.

– Y no me digas que son inofensivos sin un Adiestrador.

– No creo en ello, Dama.

Y por una vez dice la verdad. Los Futars la aterran. Bien.

– Creo que tenemos nuestro poder de base, Logno. -Dama se volvió, observando que Logno había traspasado al menos en dos milímetros la zona de peligro. Logno se dio cuenta también de ello y retrocedió. Tan cerca como quieras de frente y donde pueda verte, Logno, pero no a mis espaldas. Logno vio el destello naranja en los ojos de Dama y casi se arrodilló. Realmente le tiemblan las rodillas.

– ¡Todo mi interés es serviros, Dama!

Tu interés es reemplazarme, Logno.

– ¿Qué hay de esa mujer de Gammu? Un extraño nombre. ¿Cuál es?

– Rebecca, Dama. Ella y algunos de sus compañeros nos han… ahhh, eludido temporalmente. Los encontraremos. No pueden abandonar el planeta.

– Crees que hubiéramos debido retenerla aquí, ¿no?

– ¡Fue sagaz pensar en ella como en un cebo, Dama!

– Sigue siendo un cebo. Esa bruja que encontramos en Gammu no fue a ellos por accidente.

– Si, Dama.

¡Sí, Dama! Pero el tono servil en la voz de Logno era regocijante.

– ¡Bien, sigue con ello!

Logno desapareció discretamente.

Siempre había aquellas pequeñas células de violencia potencial agrupándose secretamente en algún lugar. Edificando sus mutuas acusaciones de odio, zumbando de un lado para otro para desorganizar las ordenadas vidas de su alrededor. Alguien tenía que actuar siempre para arreglar las cosas luego. Dama suspiró. Las tácticas del terror eran tan… tan temporales.

Exito, ese era el peligro. Les había costado un imperio. Si agitabas tu éxito en torno tuyo como una bandera alguien deseaba siempre echársete encima.

¡Celos!Conservaremos más celosamente nuestro éxito esta vez.

Cayó en una semiensoñación, alerta aún a los sonidos a sus espaldas, pero saboreando las evidencias de nuevas victorias que le habían sido mostradas aquella mañana. Le gustaba paladear silenciosamente sobre su lengua los nombres de los planetas cautivos.

Wallach, Kronin, Reenol, Ecaz, Bela Tegeuse, Gammu, Gamont, Niushe

“Casa Capitular de Dune”, de Frank Herbert

Leer parte I y II

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