Dune: Ataque al Alcazar Bene Gesserit

miles-teg-by-anthony-rich

Mientras permanecía de pie junto al parapeto, algunos de esos recuerdos nublaron sus sentidos. Hubo un movimiento en las sombras junto a la puerta del Ala de Armas. Tuvo un atisbo de Teg en aquel lugar. Lucilla controló férreamente sus reacciones y centró su atención en Duncan.

–Eso estuvo muy bien, Duncan. Mañana, empezaré a enseñarte algunas otras combinaciones pie–puño.

Mientras Lucilla centraba su atención en Teg, la reacción llameó, por todo su cuerpo, prendida por las más elementales respuestas Bene Gesserit. Los distintos pasos de aquella reacción podrían ser definidos más tarde: Algo está mal!. Peligro!. Teg no es Teg!.

–Duncan!. Al suelo!.

Duncan se dejó caer de golpe al césped, su atención firmemente centrada en la figura de Teg emergiendo del Ala de Armas. Había una pistola láser de campaña en la mano del hombre. Un Danzarín Rostro!, pensó Lucilla. Uno de los nuevos!.

–Un Danzarín Rostro!.

Duncan dio una patada al tiempo que giraba a un lado y saltó hacia arriba, retorciéndose en pleno aire al menos a un metro del suelo. La rapidez de su reacción impresionó a Lucilla. No sabía que ningún ser humano pudiera moverse tan rápido!. La primera descarga de la pistola láser cortó el aire debajo de Duncan mientras él parecía estar flotando.

Lucilla saltó el parapeto y cayó hacia la barandilla en el borde de la ventana del
siguiente nivel inferior. Su cuerpo se arqueó hacia un lado mientras caía hacia el borde de una ventana en el siguiente nivel. La impulsaba la desesperación, aunque sabía que podía ser demasiado tarde…

Duncan avanzaba hacia el atacante, esquivando y fintando en una terrorífica repetición de sus sesiones de práctica. La velocidad de sus movimientos!. Lucilla vio indecisión en el rostro del falso Teg. Echó a correr a toda prisa hacia él. El fracaso era inevitable, sin embargo, y Lucilla lo supo incluso mientras corría. El Danzarín Rostro sólo tenía que graduar su arma a toda potencia en tiro corto. Podía tejer una red en el aire frente a él. Nada podría penetrar una defensa así.

Mientras pensaba desesperadamente, buscando alguna forma de derrotar al atacante, vio aparecer humo rojo en el pecho del falso Teg. El brazo cayó como el trozo desprendido de una estatua. El hombro pareció desprenderse del torso en un estallido de sangre, desmoronándose en pedazos.

Otro Teg emergió detrás del Teg muerto. Lucilla lo identificó inmediatamente: era el verdadero Teg.

–Es el Bashar –dijo Duncan.

Teg apareció en el patio llevando un fusil láser apretado contra su brazo izquierdo. Su mano derecha aferraba fuertemente la caja y el gatillo. Barrió el patio con su mirada, luego la centró en Duncan, y finalmente en Lucilla.

–Lleva a Duncan dentro –dijo.

“Herejes de Dune”, de Frank Herbert.

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