“Hombres buenos”, de Perez-Reverte (I)

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-Hay cosas que las mujeres llevan con ellas, don Hermes -dice de pronto el almirante-. Y que forman parte de su naturaleza.

-Cosas?… que clase de cosas?.

-Usted estuvo casado muchos años. Debe saberlo mejor que yo…

-Le aseguro que nunca pensa en las mujeres de ese modo. La mia era una santa.

-No me refiero a eso, hombre. Sin duda que lo era.

-Ah.

-Es otra cosa, es… -parece que el almirante hace una pausa pensativa para buscar las palabras-. Es como una enfermedad que tuvieran muchas de ellas -declara al fin-. Hecha de lucidez, de tristeza intima, de sentimientos… De un no se que, dificil de formular.

-Vaya. Pues en mi pobre difunta no note nada de eso. Solo unos dias raros al mes, ya me entiende usted. Y eso era todo.

-Lo mismo no se fijo bien. Demasiado latin, don Hermes. Demasiados libros.

-Puede que fuera eso, aunque aliquando dormitat Homerus… Y dice que les pasa a todas?.

-A las inteligentes, al menos. Incluso a las que no lo son, aunque esas ignoren que les pasa. Una especia de enfermedad tranquila.

-Enfermedad?. Vaya, confio que no sea contagiosa.

-Ese es el problema, que si uno se acerca demasiado se contagia.

-No lo sabia a usted misogino, querido amigo. Pese a su solteria.

-Y no lo soy. Estamos hablando de otra cosa… Por eso hay que ser cauto. Pocos matrimonios responden a un plan inteligente meditado con el tiempo. Y asi salen luego…

-Por esa razon se mantiene a distancia, almirante?.

-A distancia?… Tengo dos mujeres en casa, nada menos.

-Usted sabe a que me refiero.

No hay respuesta para eso. Con la cabeza sobre la almohada, el otro mira las sombras del techo.

-Yo echo de menos a la mia -continua el bibliotecario-. Era una buena mujer, y la extraño. Pero, ahora que lo pienso, a veces se quedara callada demasiado tiempo. Como si, incluso conmigo cerca, estuviera sola.

-Todas lo estan, me parece… En cuanto al silencio, sospecho que todo el tiempo nos juzgan, y por eso callan.

-Silencio de jueces?. Vaya… Eso parece digno de pensarse.

-Aunque la mayor parte de sus veredictos, mucho me temo, oscilan entre la compasion y el desprecio.

Arturo Perez-Reverte, “Hombres buenos”.

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