Epílogo: la organización del nuevo Estado

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Desde el primer momento, el duque Stefan IV trató por todos los medios de levantar un Estado arruinado por la guerra: tan sólo 70.000 humanos poblaban el país en esos momentos (la práctica totalidad de los  monstruos había desaparecido con el conflicto), y la esquina noreste no estaba en la práctica bajo su poder, así como tampoco los pantanos de Blight (no obstante, la población de monstruos caóticos de ambos lugares estaba muy lejos de representar una amenaza).

   Administrativamente, el país quedó dividido en: Oriente (todas las tierras al este del río Shutturgal, cuya gestión correspondía a Thyatis), la Baronía de Fortdoom (otorgada al almirante Neirell), Marilenev (gobernado por el mariscal Greegan de Dolos, Darokin), y el resto del territorio, gobernado directamente desde Specularum. Los ayuntamientos y alcaldes gozaron de un cierto margen de autogobierno propio.

   El ejército ducal fue rehecho con 10.000 efectivos, mezcla de bisoños y veteranos de guerra; la Armada contó con 2.500 marineros para 5 carracas, 2 galeazas, 2 galeras y varios drakkars. En todas las naciones se adoptó de modo oficial la Infantería de Marina, a imitación de la de la Armada Oscura, que despertó tanto temor como admiración.

   Cientos de rebaños de distintas clases fueron traídos desde Darokin, para levantar la ganadería del país;  y miles de hectáreas fueron irrigadas, para impulsar la agricultura. En la zona suroeste se crearon pequeños astilleros civiles, para establecer una marina mercante y una flota pesquera. Se trató asimismo de mejorar las comunicaciones e infraestructuras, y de impulsar la industria artesana en las ciudades y la minería en las montañas. De todas formas, el nuevo Gran Ducado de Karameikos era una nación modesta y empobrecida, que dependía mucho de la ayuda y tutela de Darokin y Thyatis.

   Se rompieron relaciones diplomáticas con todas las naciones que apoyaron a Von Hendrinks, el cual, a la sazón, seguía y sigue estando en paradero desconocido. A las naciones que contribuyeron a la victoria se les recompensó con eliminación total de aranceles, ventajas comerciales y, lo más importante, con puestos de alcalde en diferentes ciudades y pueblos del Gran Ducado; se otorgaron estos cargos a iniciativa de Sulex I y Zêldan Arunsun, como un modo de condicionar – si no dominar-, la política del país, y los ediles fueron escogidos entre la aristocracia de los países aliados, la vieja aristocracia exiliada del antiguo Karameikos, la alta oficialidad de las huestes ocupantes y los héroes de guerra. La mayoría eran legales, pero los hubo también de alineamiento neutral en algunos casos.

   El día 14 de Isêl (mayo), justo cuando se cumplió el cuarto aniversario del estallido de la guerra, se celebraron ceremonias religiosas y desfiles militares en todas las poblaciones del país, con la asistencia de grandes personalidades de la política internacional. Los humanos y semihumanos del Gran Ducado siguieron luchando por ganarse el futuro y prosperar, tras una guerra que le costó a las diferentes naciones aliadas la colosal cifra de 190.000 personas entre muertos y heridos – civiles incluidos-, y la friolera de 45 millones de monedas de oro. Las huestes de Von Hendrinks, sus refuerzos y tropas aliadas se dejaron 144.000 seres en el conflicto, antes de su rendición en Specularum.

Así terminó la Segunda Guerra del Gran Ducado de Karameikos.

FIN

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