Dune: Shaddam, el Emperador engañado

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Beely Ridondo, el chambelán de la corte, atravesó la puerta con una sonrisa de orgullo. —Tenéis una nueva hija, vuestra Majestad Imperial. Vuestra esposa acaba de dar a luz una niña sana y hermosa.

En lugar de alegrarse, el emperador Shaddam IV maldijo por lo bajo y despidió al hombre. Y van tres!. De qué me sirve otra hija?…

Estaba de muy mal humor, peor que nunca desde la conspiración para expulsar a su decrépito padre del Trono del León Dorado… En diferentes planetas de su imperio, habían desfigurado docenas de sus nuevas estatuas conmemorativas. Nadie había visto a los culpables. Alguien le odiaba lo suficiente para hacer esto. Alguien. Y ahora… una tercera hija!. No sabía cuándo se tomaría la molestia de echar un vistazo a esta nueva e inútil niña, si es que alguna vez llegaba a hacerlo…

Tantos meses de espera, y ahora esto… Había oído que las brujas podían elegir el sexo de sus hijos mediante manipulaciones en la química corporal. Estas hijas no podían ser un accidente. Las intermediarias de la Bene Gesserit que le habían endosado a Anirul le habían engañado. Cómo osaban hacer eso al emperador de un millón de planetas?.

—Señor?. —Deseo ver a Anirul. Ahora. —Está acostada, señor. -No me obligues a repetir la orden… —Mi emperador, mi señora Anirul desea que os comunique que se halla debilitada por el nacimiento de vuestra hija. Suplica de vuestra indulgencia que le permitáis continuar acostada. Podríais considerar la idea de ir a verla, a ella y al bebé?. —Entiendo. Suplica mi indulgencia?. No me interesa ver a otra hija inútil, ni oír más excusas. Anirul ha de venir ahora. Ha de hacerlo sola, sin la ayuda de ningún criado o artefacto mecánico. Me he expresado con claridad?

Con suerte, caería muerta antes de llegar.

Una Anirul de piel grisácea apareció en el umbral del estudio, aferrada a la columna de apoyo aflautada. Aunque sus pies le fallaban, mantenía la cabeza erguida.

—Qué puedes decir en tu defensa?. —El parto ha sido difícil, y estoy muy débil. —Excusas, excusas. Eres inteligente como para saber a qué me refiero. Has sido lo bastante astuta para engañarme durante todos estos años. -Engañaros?. Por qué habéis de ser tan cruel, negándoos a ver a vuestra hija?. —Porque podrías darme un heredero varón, pero te niegas. —Eso no es cierto, Majestad, sólo rumores. -Deseas morir, Anirul?… —Todo el mundo muere. —Pero no de la forma que yo podría ordenar. —No somos las brujas tortuosas y malvadas que se dice.

No era verdad, por supuesto, si bien sabía que Shaddam sólo podía abrigar sospechas en sentido contrario. Anirul levantó la cabeza con orgullo y se recordó el lugar que ocupaba en el largo historial de la Hermandad. Nunca admitiría que había recibido órdenes de no dar a luz jamás un hijo varón de la estirpe Corrino… Alarmada, tomó conciencia de una humedad tibia entre sus muslos. Sangre?. Vio que Shaddam estaba mirando sus pies…

—Esa alfombra ha pertenecido a mi familia durante siglos!.

Se volvió poco a poco, dejando que cayeran unas gotas más,

—Teniendo en cuenta la historia de la Casa Corrino, estoy segura de que se ha manchado de sangre en otras ocasiones

“La Casa Harkonnen” de B.Herbert y K.J.Anderson

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