Dune: La presentacion de Murbella

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Lucilla se encontró en un espacio amplio con un techo muy bajo. La luz procedía de largas hileras de modernos globos emplazados entre masivas vigas de plastiacero sobre sus cabezas. Captó movimiento a lo lejos, al otro lado del enorme espacio. Una mujer joven con una versión algo distinta de la túnica con dragones de Lucilla trotó hacia ellos.

La mujer joven se detuvo frente a Lucilla. Tenía una figura grácil, elegante en forma y movimientos bajo la ajustada ropa. Una especie de resplandor subcutáneo brotaba de su rostro. Hablaba de ejercicio y buena salud. Los ojos verdes, sin embargo, eran duros y helados en el sentido de que medían todo lo que veían.

–Así que enviaron a más de uno a inspeccionar este lugar. –Parece que siempre nos conocemos las unas a las otras-. La mujer sonrió. –Observé cuando os acercábais. No podía creer en mis ojos– Lanzó una burlona mirada a Burzmali–. Se supone que es un cliente?. –Y un guía. –No éramos esperados? –preguntó Burzmali. –Ahhh, la cosa habla-, dijo riendo. Su risa era tan fría como sus ojos. –Preferiría que no te refirieras a mí como “la cosa”. –Llamo a la escoria Gammu como me place. No me hables de tus preferencias!. –Cómo me has llamado?. –Te llamo lo que quiera llamarte, escoria!

Burzmali ya había aguantado bastante. Antes de que Lucilla pudiera detenerle, lanzó un gruñido bajo y dirigió un sonoro bofetón hacia la mujer joven. El golpe no alcanzó su destino.

Lucilla observó fascinada como la mujer se inclinaba ante el ataque, agarraba la manga de Burzmali como quien agarra un trozo de tela flotando en el viento y, con una pirueta más rápida que la vista, cuya rapidez casi ocultó su precisión, enviaba a Burzmali resbalando por el suelo. La mujer se dejó caer medio agazapada sobre un pie, el otro preparado para patear.

–Debería matarle ahora.

Lucilla, dobló su cuerpo hacia un lado, contraatacando con un sabard estándar Bene Gesserit que arrojó de espaldas a la mujer, doblada por donde el golpe la había alcanzado en el estómago.

–No acepto ninguna sugerencia acerca de matar a mi guía, sea cual sea tu nombre.

La mujer jadeó intentando recuperar el aliento, murmuró:

–Me llamo Murbella, Gran Honorada Matre. Me avergonzasteis derrotándome con un ataque tan lento. Por qué lo hicisteis?. –Necesitabas una lección. –Soy recién ordenada, Gran Honorada Matre. Os ruego que me perdonéis. Os doy las gracias por la espléndida lección, y os lo agradeceré cada vez que emplee vuestra respuesta, que he registrado a partir de ahora en mi memoria

Murbella suspiró.

–Hemos capturado al ghola –dijo–. Vino como un tleilaxu desde el sur. Iba a encamarlo cuando llegásteis. –No encamarás al ghola. Es mío!. –Fue una lucha leal, Gran Honorada Matre. Y yo lo marqué primero. Ya está parcialmente dominado… Por aquí– indico-. Hay un lugar desde donde podéis mirar…

“Herejes de Dune”, de Frank Herbert.

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