Dune: El Puesto de Guardia Forestal

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Oculto por los gruesos pinos, Duncan Idaho se arrodilló sobre las suaves agujas y sintió un poco de calor por fin. Se había alejado lo suficiente de la cueva para parar a descansar. Sólo un momento. No obstante, sabía que los cazadores Harkonnen no descansarían. Se sentirían más motivados ahora que había matado a uno de los suyos. Quizá disfruten más de la cacería, pensó. En especial Rabban.

Con la linterna examinó el fusil-láser. Nunca había empuñado un arma semejante, pero había visto a los guardias y cazadores manejarlos. Acunó el arma y palpó sus mecanismos y controles. Apuntó el cañón hacia arriba e intentó comprender su funcionamiento. Si quería luchar, tenía que aprender… Tal vez esta vez jugaremos a mi manera…

… Desde una elevación Duncan escudriñaba la distancia. Una luz parpadeó y se apagó, y quince segundos después volvió a encenderse y apagarse. Algún tipo de señal que no procedía de los cazadores Harkonnen, muy alejados del pabellón, el puesto de guardia y las aldeas cercanas. La luz destelló, y después se hizo la oscuridad. Quién más anda por aquí?…

El Puesto de la Guardia Forestal era una reserva exclusiva de los miembros de la familia Harkonnen. Cualquier intruso era eliminado o utilizado como presa en alguna cacería. Duncan miró la luz, que se apagaba y encendía. Estaba claro que se trataba de un mensaje… Quién lo estaba enviando?. Podría resistir mucho más? Los Harkonnen no tardarían en llamar a más fuerzas. Duncan decidió dirigirse hacia las misteriosas señales y confiar en su suerte. No esperaba encontrar a nadie dispuesto a ayudarle, pero no renunció a la esperanza. Tal vez descubriría algún medio de escapar. Pero antes tendería otra trampa a los cazadores. Se le había ocurrido algo que les sorprendería, y le parecía bástante sencillo…

… Los cazadores aparecieron, como era de prever, y Duncan pensó que los papeles se habían invertido. Llegaron al claro y dieron vueltas alrededor del ventisquero luminoso, intentando dilucidar que significaba aquello. Dos de ellos se volvieron hacia los árboles, como si temieran un ataque. Otros se silueteaban a la luz espectral, blancos perfectos, tal como Duncan había esperado. Reconoció a un hombre corpulento de porte autoritario. Rabban!. Duncan pensó en sus padres brutalmente asesinados y disparó sin vacilar. Pero en ese momento uno de los exploradores se plantó ante Rabban para comunicarle su informe. El rayo atravesó al hombre, que cayó inerte…

Rabban reaccionó con una agilidad sorprendente para un hombre de su tamaño y se lanzó a un lado. Duncan disparó de nuevo y alcanzó a un segundo cazador. Los restantes empezaron a disparar a ciegas hacia los árboles. El siguiente blanco de Duncan fueron los globos luminosos. Estallaron uno tras otro, y los cazadores quedaron sumidos en la oscuridad. Abatió a dos más, mientras el resto se dispersaba para ponerse a cubierto. Los Harkonnen se quedarían desorientados y desorganizados durante unos momentos…

… Duncan continuó hacia la luz que parpadeaba de forma intermitente cerca del borde de la reserva forestal. Cuando llegó por fin, corrió hacia un claro. Descubrió un ornitóptero silencioso, un aparato de alta velocidad que podía albergar a varios pasajeros. La luz provenía del techo del aparato, pero Duncan no vio a nadie. Esperó en silencio unos momentos y avanzó con cautela. Una nave abandonada?. La habían dejado para él?. Una trampa tendida por los Harkonnen?…

… Entonces, unas manos surgidas de las sombras le arrebataron el arma de las manos. Duncan se tambaleó hacia atrás al tiempo que reprimía un grito. Pataleó y se revolvió, y cuando levantó la vista vio a una mujer de rostro amargado, cabello color chocolate y piel oscura. La reconoció al instante: Janess Müam,  la que hizo  que enviaran a toda su familia a la ciudad prisión de Baronia. Ésa mujer le había vendido a los Harkonnen…

“La Casa Atreides” de B.Herbert y K.J.Anderson.

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