Dune (cuentos): La culpa

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Lo bueno que tenia correr, era que solo tenia que preocuparse del cansancio y llevar el ritmo de la respiracion. Lo bueno que tenia darse una ducha fria, era que solo podia sentir el intenso frio. En realidad, eran formas de huir de si mismo.

Whitmore Bludd corria entre las nieblas de la jungla boscosa de Ecaz. Los recuerdos de lo ocurrido dias antes, durante la desgraciada ceremonia de bodas de la hija menor de su señor, le aguijoneaban constantemente.

“Ilesa muerta. Dinari muerto. Mi señor Armand ha perdido un brazo…”.

Sus zancadas le estaban llevando mas lejos de la zona de civilizacion conocida. Ecaz era un planeta salvaje. Solo vistiendo unos pantalones bombachos y un cuchillo al cinto, corria descalzo por la selva. A veces sentia dolor en los pies por las piedras de la senda o las raices que pisaba. Pero era una forma de expiacion. Sabia que le rondaba un jaguar hambriento. Quizas pudiera desfogarse con aquel animal, una lucha justa hombre-bestia.

Cuando entro al servicio de la Casa Ecaz, aseguro a sus nuevos señores que habian contratado al Maestro Espadachin mas grande de todos los tiempos. Se sentia tan seguro de si mismo. Todo un Instructor de la Escuela de Ginaz. No habia utilizado el “probablemente”, no: “El mas grande de todos los tiempos”, proclamo. No hacia falta que nadie le culpara de lo ocurrido en Caladan. Ya se culpaba el. Se consideraba indigno de si mismo.

Tras dejar la Escuela de Ginaz, Bludd habia mirado el futuro con grandes esperanzas. No tenia un objetivo fijado, pero sabia que el destino le reservaba “la grandeur” que le haria pasar a la historia. Le gustaba usar aquel “frances”, un idioma perdido de la antigua Tierra; como le gustaba usar las ropas y armas de aquellos miticos mosqueteros. “Esta mancha en mi expediente se borraria alguna vez?”, se preguntaba.

“Rivvy, a ti si que te recordaran como a un heroe”. Su buen amigo y compañero guardaespaldas, habia cumplido su deber juramentado, entregado su vida para salvar a su señor. Ahora, mientras le martilleaba el agua fria, pensaba que ojala yaciera él en la tumba de los heroes caidos. Habia pensado en el suicidio. Un “sappuku” al estilo samurai, otros grandes guerreros de la antiguedad. Una forma de limpiar su honor. Pero no, se negaba. Aun no habia acabado su trabajo. Estaban en plena Guerra de Asesinos con los Grumman. Una guerra que habia que ganar.

Tras salir de la ducha, se seco. Agarro su equipo quirurjico portatil, y comenzo a coserse la profunda herida en el costado que le habia dejado el jaguar. Se habia arriesgado mas de lo debido en la lucha, inconscientemente habia elegido mal el terreno. Unos centimetros, un segundo mas tarde en apartarse, y puede que la fiera le hubiera hecho un favor quitandole de enmedio.

Desecho ponerse un anestesico. Lo bueno que tenia usar la aguja, era que solo debia vaciar la mente para evitar el dolor…

*** Extraido de “Cuentos del Millon de Planetas”, atribuidos a Accadia, Madre Archivera de la Bene Gesserit en Casa Capitular.

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