Capítulo 2: maniobras y planes de desgaste

white_dragon-by_Justin_Sweet

En esas conversaciones secretas llevadas a cabo en Selenica (Darokin), las naciones de la Entente concluyeron que, en primera instancia, sería demasiado costoso en vidas y dinero lanzar un ataque sin más ni más contra el Ducado. Por ello, decidieron comenzar una serie de acciones solapadas que desgastaron el poder de Von Hendrinks en múltiples frentes. Las directrices fueron las siguientes:

– Intensificar la red de espionaje dentro del país, para recabar todo tipo de información útil.

– Infiltrar partidas de aventureros mercenarios en el rincón noreste del Ducado, para acosar a los dragones blancos y gigantes del hielo, que tenían en esos parajes montañosos su morada.

– Hacer operaciones de limpieza en los territorios fronterizos con el Ducado, para dejar franco el paso de grandes contingentes una vez desatada la guerra.

– Impedir cualquier refuerzo de población del Ducado, ya fuera por tierra o por mar.

– Organizar algún incidente con la flota del país caótico, para calibrar la fuerza de su poderío naval.

Para los gobernantes de las naciones de la Entente, las dos primeras directrices eran las más importantes: por un lado, toda información era poca, y por otro, los contingentes de dragones blancos y gigantes del hielo habían tenido mucho que ver en la derrota de Stefan III, en la Primera Guerra; debido a ello, este aspecto fue absolutamente prioritario desde el primer momento, y las naciones aliadas hicieron correr por todas partes el bulo de que, en el extremo noreste del Ducado Caótico, existían grandes y fabulosos tesoros custodiados por los dragones y los gigantes. Esto provocó que un auténtico aluvión de aventureros, mercenarios y partidas de bandidos se adentraran en la zona, desafiando a los monstruos autóctonos y al riguroso clima de alta montaña. Muchos grupos pagaron con la vida, pero otros mataron a un cierto número de gigantes y destruyeron numerosos huevos de dragón, perturbando seriamente la demografía y el relevo generacional de esas terribles criaturas.

Beldon Von Hendrinks fue informado de lo que ocurría en esa parte de sus dominios, pero consideró erróneamente que los gigantes y dragones eran lo bastante poderosos, como para solucionar ese problema por sí mismos. Por su parte, el gabinete de gobierno de Specularum, un grupo de aduladores incompetentes, respaldó esa actitud de desinterés de su soberano, y lo que pudo ser atajado prontamente se convirtió, en los siguientes meses, en un gran problema para los monstruos del noreste del Ducado.

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