La Entente Legal (y 2)

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Para el año 23 después del Cataclismo, la situación en Brun gravitaba en torno al conflicto de Atruaghin: una parte de los clanes y tribus, afines al Caos, intentaron imitar el ejemplo del Gran Ducado, lo que provocó una sangrienta guerra que duró dos años. La República de Darokin, los Cinco Señoríos hobbits y el Reino de Sind reaccionaron con rapidez, y tras varias campañas, los clanes caóticos fueron obligados a pedir una tregua, si bien retuvieron en sus manos una pequeña parte del territorio. La fortaleza La Poderosa fue abandonada y todo quedó en una paz precaria. Alrededor de 28.000 guerreros de las tres naciones y 40.000 monstruos de los Clanes caóticos murieron en el conflicto.

Estos acontecimientos llevaron a la firma, en el mes de Grâth (agosto) del año 26, de un tratado internacional denominado La Entente Legal: consistía en una alianza de defensa y mutuo socorro entre las naciones adheridas frente a un enemigo común, acompañada de acuerdos comerciales y el derecho -arbitrariamente autoproclamado-, de intervenir militarmente en cualquier país donde se considerara menester, con el objetivo de “salvaguardar la libertad y prosperidad de las naciones”. Los firmantes fueron Sulex I, del Imperio de Thyatis; Zeldan Arunsun, Presidente de la República de Darokin; Tukberry, Caudillo de los Cinco Señoríos halflings; Ulfer, Hechicero Supremo de los Principados de Glantri; Ewenedël III, monarca del Reino Élfico de Alfheim, y Rolf II del Reino de Ierendi.

Como asociados a la Entente (pero no miembros de pleno derecho por desacuerdos en algunos puntos), se manifestaron los Minrothad Guilds, los Janatos de Ethengar y Rock Home, la nación de los enanos. Fuera del continente de Brun, las Baronías Hispanas y los Reinos de Teixeiras y Vilaverde también mostraron su interés por llegar a diversos acuerdos con la Entente, tanto en el plano comercial como en el castrense.

Mientras tanto, el Gran Duque en el exilio, Stefan IV, aguardaba en Biazzan (Thyatis), las decisiones tomadas por los miembros de la Entente, que gradualmente se fueron encaminando hacia una voluntad de intervención militar en el antiguo Karameikos. Selenica fue designada como la ciudad en la que se llevarían a cabo los planes de guerra, en el más riguroso secreto, y los movimientos diplomáticos, militares y financieros comenzaron a producirse. Beldon Von Hendrinks, aunque preocupado por la firma de esta Entente, no dio por inminentes las maniobras para invadir sus territorios, sino que pensó más bien en una especie de embargo comercial; no obstante, reforzó los puestos fronterizos e intensificó la represión hacia los descontentos con su régimen.

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