Capítulo 1: la Entente Legal

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En el espacio de tres años, del 15 al 17 d.C., los grandes protagonistas del primer conflicto fallecieron – todos por causas naturales-: en el mes de Zûr (marzo) del año 15 murió Stefan Karameikos III en el exilio de Biazzan (Thyatis), a los 70 años de edad, siendo sucedido en el trono por su hijo Stefan IV. El finado fue enterrado en Kerendas, otra ciudad de Thyatis, con honores de jefe de Estado. En el mes de Grâth (agosto) del mismo año, el almirante Arbeq Râvendrel expiró en Fortdoom a los 74 años de edad, siendo reemplazado en todos sus cargos civiles y militares por el almirante Bélenor Kiff, una de las grandes personalidades de esta historia.

En el mes de Yôm (febrero) del año 16, murió el Emperador Basil I de Thyatis, a los 67 años. Su hijo primogénito fue entronizado a los pocos días como Sulex I, ciñéndose la corona de una de las naciones más influyentes de la época. Y finalmente, en el mes de Giûl (octubre) del año 17, Ludwig Von Hendrinks, Gran Duque del Águila Negra, Conde de Specularum, Vizconde de Kelven y Señor de Threshold y Luln, falleció a los 78 años de edad y tras larga enfermedad en su palacio de la capital ducal. Tras unos funerales marcados por la solemnidad, y con la pesadumbre de unos y el secreto regocijo de otros, su hijo Beldon cogió el testigo de su padre al frente de la nación caótica.

El flamante soberano inició una serie de reformas que descentralizaron el poder, rompiendo así con la política de su progenitor: los nobles, en sus ciudades y jurisdicciones, recibieron más dinero, una cuota de poder más alta y un mayor margen de decisión; al mismo tiempo, el presupuesto para gastos militares se incrementó considerablemente, llegando el ejército de tierra a sumar 80.000 efectivos entre caballería e infantería, y la Armada Oscura 10.000, con 18 naos de guerra, 19 galeras, 14 cocas y 3 galeazas, además de decenas de embarcaciones auxiliares: la tercera flota más poderosa de Brun, tras la de Thyatis y la combinada de Ostland, Vestland y Soderfjord.

La red de espías autóctonos y extranjeros en el Ducado suministraba puntual y valiosa información a las naciones legales del entorno; la situación que retrataban esos informes era reveladora: más de la mitad del PIB del país era para gastos militares, y el régimen se sostenía tan sólo por la fuerza de las armas y el miedo que inspiraba tan imponente milicia. Había hambrunas periódicas y las epidemias propiciaban situaciones de revuelta social, siempre reprimidas con sevicia por las tropas de Beldon Von Hendrinks; la agricultura y la ganadería apenas podían garantizar un suministro digno de comida a todo el territorio, y la flota pesquera era exigua. El comercio interior y exterior era débil, y a pesar de los avances en infraestructuras y transportes, poco más se había logrado.

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