Dune: Creacion de la Biblia Catolica Naranja (y II)

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La Comisión de Traductores Ecuménicos (C.T.E.) se reunió en una isla neutral de la Vieja Tierra, cuna de las religiones madres. Se reunieron “en la común convicción de la existencia de una Esencia Divina en el universo”. Cada confesión que poseyera al menos un millón de seguidores estaba representada y, sorprendentemente, llegaron al acuerdo inmediato de una declaración de finalidades comunes: “Estamos aquí para eliminar una de las grandes armas de manos de las religiones en disputa: la pretensión de ser los poseedores de la auténtica, la única revelación”.

El júbilo ante este “signo de profundo acuerdo” se reveló prematuro. Durante más de un año standard, esta declaración fue la única proclamada por la C.T.E. La gente empezó a hablar amargamente del retraso. Los trovadores compusieron canciones mordaces acerca de los ciento veintiún “Viejos Chiflados”, como terminaron por ser apoyados los delegados de la C.T.E.

Ocasionalmente se filtraron rumores de las sesiones de la C.T.E. Se decía que se comparaban textos e, irresponsablemente, disturbios antiecuménicos y, naturalmente, inspiraban nuevas chanzas.

Pasaron dos años… luego tres. Los Comisionados (ya que nueve de los primitivos murieron y fueron reemplazados) interrumpieron sus deliberaciones para permitir que los sustitutos se instalaran oficialmente, y anunciaron que estaban trabajando en la elaboración de un libro del cual estarían extirpados “todos los síntomas patológicos” de las pasadas religiones.

—Estamos produciendo un instrumento de Amor para ser utilizado de todas las maneras —dijeron.

Muchos consideraron extraño que esta declaración provocara las peores explosiones de violencia contra el ecumenismo. Veinte delegados fueron reclamados por sus congregaciones. Uno de los comisionados se suicidó robando una fragata espacial y arrojándose con ella al sol. Los historiadores estiman que los disturbios costaron ochenta millones de vidas. Esto significa aproximadamente seis mil muertos por cada planeta perteneciente por aquel entonces a la Liga del Landsraad.

Durante casi siete años, sin embargo, la C.T.E. siguió trabajando. Y al acercarse su séptimo aniversario, preparó al universo humano para un anuncio histórico. En aquel séptimo aniversario, fue desvelada la Biblia Católica Naranja.

—Esta es una obra digna y significativa —dijeron—. He aquí cómo la humanidad puede adquirir la consciencia de sí misma como parte de la total creación de Dios.

Los hombres de la C.T.E. fueron calificados como arqueólogos de las ideas, inspirados por Dios en la grandiosidad de aquel redescubrimiento. Fue dicho que habían puesto a la luz “la vitalidad de los grandes ideales sepultados en el polvo de los siglos”, que habían “reforzado los imperativos morales que surgen de la consciencia religiosa”.

Con la Biblia Católica Naranja, la C.T.E. presentó el Manual Litúrgico y los Comentarios, un trabajo notable en muchos aspectos, no sólo a causa de su brevedad (menos de la mitad del tamaño de la Biblia Católica Naranja) sino también a causa de su ingenuidad y de su mezcla de autopiedad y autojusticia.

El inicio es una obvia llamada a los dirigentes agnósticos: “Los hombres, no encontrando respuesta a Las Sunnan (las diez mil preguntas religiosas del Shari-a) se sirven ahora de la propia razón. Todos los hombres desean ser iluminados. La religión es el camino más antiguo y honorable a través del cual los hombres se han esforzado en discernir un sentido al universo creado por Dios. Los científicos buscan las leyes que regulan los acontecimientos. La tarea de la religión es descubrir el lugar del hombre en estas leyes”.

Hubo una extraña sensación de calma mientras las prensas y las imprentas de hilo shiga trabajaban y la Biblia Católica Naranja se difundía a través de los mundos. Algunos la interpretaron como una señal de Dios, un presagio de unidad.

Pero los propios delegados de la C.T.E. revelaron lo engañoso de esta calma apenas volvieron a sus respectivas congregaciones. Dieciocho de ellos fueron linchados en el término de dos meses. Cincuenta y tres se retractaron en el término de un año. La Biblia Católica Naranja fue denunciada como un trabajo producido por “la insolencia de la razón”. Se dijo que sus páginas “vomitaban llamadas a la lógica demasiado engañosas”. Comenzaron a aparecer versiones revisadas, adaptadas a la intolerancia popular. Estas revisiones se basaban en simbolismos ya aceptados (Cruces, Medias Lunas, Plumas, los Doce Santos, Buda y cosas así), y muy pronto se hizo evidente que las antiguas supersticiones y creencias no habían sido absorbidas por el nuevo ecumenismo.

El presidente de la C.T.E., Toure Bomoko, un Ulema de los Zensunni y uno de los catorce delegados que no se retractaron nunca de la Biblia Católica Naranja (“Los Catorce Sabios” de la historia popular) admitió por fin que la C.T.E. había cometido un error.

—No hubiéramos debido intentar nunca crear nuevos símbolos —dijo—. Hubiéramos tenido que darnos cuenta de que no era tarea nuestra introducir incertidumbres en las creencias aceptadas.

Bomoko, no mucho tiempo después, se vio obligado a huir al exilio en Tupile, con su vida dependiendo del compromiso de silencio de la Cofradía. Es hermoso pensar que Bomoko había captado el valor profético de sus propias palabras: “Las instituciones resisten”. Noventa generaciones más tarde, la Biblia Católica Naranja y los Comentarios se habían extendido por todo el universo religioso.

Procedente de “Apendice II: La religion en Dune” del “Dune” de Frank Herbert.

****Leer Parte I

5 Respuestas a “Dune: Creacion de la Biblia Catolica Naranja (y II)

  1. Vorian Atreides

    Pero esta Biblia Católica Naranja creo que no es seguida por los zensunies, según deduzco de la trilogía Leyendas de Dune.

    • El tema es que la BCN no queda implantada totalmente hasta generaciones posteriores. Asi que aunque exista no quiere decir que se acepte en esta epoca. Aparte que luego posteriormente en el futuro, los descendientes Fremen no lo tengan por libro de cabecera.

  2. Vorian Atreides

    Por fin encontré tiempo y terminé La Casa Atreides. No está mal, pero me han gustado más las tres novelas de Leyendas.
    A ver si la Casa Harkonnen está mejor, que creo que ya me dijiste que sí.
    Saludos.

  3. Vorian Atreides

    Perfecto, pues. Además la tengo en papel, que ya estoy harto de pdfs 😉

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