Dune: Creacion de la Biblia Catolica Naranja (I)

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Los logros de la humanidad a través del espacio han dado un sello inconfundible a las religiones durante los ciento diez siglos que han precedido al Yihad Butleriano. Aunque ampliamente extendidos, los viajes espaciales, en los primeros tiempos, eran lentos, inseguros e irregulares, y antes del monopolio de la Cofradía, eran realizados confusamente de mil modos distintos. Las primeras experiencias espaciales, sobre las cuales circulaban pocas informaciones, extremadamente distorsionadas, favorecieron las más desenfrenadas tendencias a las especulaciones místicas.

Inmediatamente, el espacio dio otro sentido y un sabor distinto a las ideas de la Creación. Esta diferencia puede ser observada perfectamente en los más importantes movimientos religiosos de este periodo. En todas las religiones, la esencia de lo sagrado fue tocada por la anarquía de las tinieblas del
espacio.

Fue como si Júpiter y todas las formas descendientes de él se hubieran retirado al seno de las tinieblas primordiales para ser reemplazadas por una inmanencia femenina llena de ambigüedad y cuyo rostro estaba compuesto por innumerables terrores.

Las antiguas fórmulas se mezclaron, ínterpenetrándose como si se hubieran adaptado a las necesidades de las nuevas conquistas y a los nuevos símbolos heráldicos. Fue como una continua interacción entre las bestias demoníacas a un lado y las antiguas plegarias e invocaciones al otro.

Nunca hubo una decisión definida.

Durante este período, se dijo que el Génesis fue interpretado de nuevo, permitiendo a Dios decir:

“Creced y multiplicaos, y llenad el universo, y sometedlo, y reinad sobre todas las especies de bestias extrañas y de criaturas vivientes en las infinitas tierras y debajo de ellas”.

Fue un tiempo de brujas cuyos poderes eran reales. La medida de ello puede observarse en el hecho de que nunca se vanagloriaron de mantener las teas con sus manos desnudas.

Luego vino el Yihad Butleriano… dos generaciones de caos. El dios de la lógica mecánica fue entonces derribado por las masas, y se impuso un nuevo concepto:

“El hombre no puede ser reemplazado”.

Esas dos generaciones de violencia constituyeron una pausa talámica para toda la humanidad. Los hombres miraron a sus dioses y sus rituales y vieron que ambos estaban llenos de la más terrible de todas las ecuaciones: miedo más ambición.

Vacilantes, los jefes de las religiones cuyos seguidores habían vertido la sangre de millones de sus semejantes se reunieron para intercambiar sus puntos de vista. Era un movimiento animado por la Cofradía Espacial, que había comenzado a detentar el monopolio sobre los viajes interestelares, y por la Bene Gesserit, que llamaba hacia sí a las brujas.

Procedente de “Apendice II: La religion en Dune” del “Dune” de Frank Herbert.

***Leer Parte II

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