Dune: Guía para despertar a un ghola

image

«Habla con la verdad», advertían las instrucciones de Teg. «En este momento, con todos los sentidos ardiendo, el ghola verá en tu corazón.»  Bellonda le había proporcionado luego los detalles conocidos de aquel fatal momento.

– Quiero que sepas –dijo Teg– que lo que la Hermandad me ha ordenado que te haga es algo que me desagrada…

– ¿Cuál es mi edad… señor? -pregunto Duncan.

Tal como prevenían las instrucciones: El ghola dará vueltas en torno a la cuestión central. «¿Cuál es mi edad? ¿Cuán viejo es un ghola?». Con voz fríamente acusadora, Teg dijo:

– Si deseas saber tu edad–ghola, ¿por qué no preguntas eso?

– ¿Cuál… cuál es esa edad, señor?

«¡No reveles demasiada compasión!» Teg cubrió el momento carraspeando. Dijo:

– Esa es una pregunta que sólo tú puedes responder.

Las instrucciones eran explícitas: «¡Vuélvelo todo sobre él! Manténlo enfocado hacia dentro. El dolor emocional es tan importante en este proceso como el dolor físico.»

– No pretendo ser irrespetuoso ni ingrato ni rudo, señor. Pero no puedo seguir adelante sin respuestas.

«Sabrás cuando el ghola alcance el punto de desesperación. Ningún ghola intentará ocultar esto. Es algo intrínseco a su psique. Lo reconocerás en su voz y actitud.»

– ¿Sabéis que en una ocasión pensé en matar a Schwangyu? –dijo Duncan.

Teg abrió la boca, y la volvió a cerrar sin emitir ni un sonido. ¡Silencio! ¡Pero el muchacho estaba hablando en serio!

– Tenía miedo de ella –dijo Duncan–. No me gusta tener miedo. –Bajó la mirada–. En una ocasión me dijisteis que tan sólo el odio era realmente peligroso para nosotros.

«Se acercará y se retirará, se acercará y se retirará. Aguarda hasta que se sumerja.»

– No os odio –dijo Duncan, mirando una vez más a Teg–. Me siento resentido cuando me decís ghola a la cara. Pero Lucilla tiene razón: nunca debemos sentirnos resentidos por la verdad, aunque duela…

… – Sabéis que puedo leer en los labios, señor –dijo Duncan–. En una ocasión subí al observatorio de la torre. Vi a Lucilla y a Schwangyu allá abajo, hablando. Schwangyu dijo:

«¡No importa el que sea tan joven! Tenéis vuestras órdenes.»

– No creo que se supusiera que debía matarme –dijo Duncan–. Pero vos sabéis lo que se suponía que debía hacerme puesto que habéis estado obstruyéndola. –Duncan golpeó un puño contra la mesa–. ¡Respondedme, maldito séais!.

– Sólo puedo decirte que ella pretende entrar en conflicto con mis órdenes. La propia Taraza me ordenó que te fortaleciera y te protegiera de todo daño.

– ¡Por favor, ayudadme! –Era un gemido desesperado.

– ¿Qué infiernos piensas que estoy haciendo? -dijo Teg.

– ¿Quién sois vos? –susurró Duncan.

La voz de Teg fue como un látigo golpeando a una víctima indefensa:

– ¿Quién crees que soy?

Una mirada de absoluta desesperación crispó los rasgos de Duncan. Consiguió emitir tan sólo un jadeante tartamudeo:

– Sois… sois…

– ¡Duncan! ¡Deja de decir tonterías! –Teg saltó en pie y lo miró con una repentina rabia.

– Sois…

La mano derecha de Teg partió en un rápido arco. Su palma abierta chasqueó contra la mejilla de Duncan.

– ¿Cómo te atreves a desobedecerme? –Alzó su mano izquierda, otra restallante bofetada–. ¿Cómo te atreves?

Duncan reaccionó tan rápidamente que Teg experimentó un electrizante instante de absoluto shock. ¡Tanta rapidez!

«¡Observa sus ojos!», señalaban las instrucciones. Y Bellonda, reforzando el proceso, había advertido: «Sus ojos parecerán mirar a través de vos, pero él os llamará Leto

– ¡Maldito seáis, Leto! ¿Qué estáis haciendo?-.
 
«Me ha llamado Leto».

Era demasiado viejo para tales esfuerzos, y las cosas que acababa de hacer le hacían sentirse como sucio. El proceso del despertar estaba calculadamente fijado en su consciencia. Esta nueva técnica dejaba las cicatrices en quien conducía el proceso. Las instrucciones de Teg decían: «Debes permanecer muy quieto. No te muevas. Déjale que te mire tal como quiera.»

Los ojos y el rostro de Duncan ofrecían pruebas abundantes de una agitación interior… una horrible crispación de boca y mejillas, su mirada como enloquecida.

«Tendrá filtros ghola impuestos en sus memorias pre–gholas. Algunas de las memorias originales volverán como un intenso fluir. Otras regresarán más lentamente. No habrá confusión, sin embargo, hasta que recuerde el momento original de su muerte.»

Sardaukar –susurró Duncan. – Me mataron –dijo Duncan. Un violento estremecimiento lo sacudió, y luego desapareció–. Uno de ellos me hendió la cabeza como con un hacha de carnicero. –Dudó, su garganta agitándose convulsivamente. Su mirada permanecía clavada en Teg–. ¿Le di a Paul tiempo suficiente para escapar?

«Responde sinceramente a todas sus preguntas.»

– Escapó… con un hacha de carnicero. –Dudó, su garganta agitándose convulsivamente. Su mirada permanecía clavada en Teg–. ¿Le di a Paul tiempo suficiente para escapar?

«Responde sinceramente a todas sus preguntas.»

– Escapó…

“Herejes de Dune” de Frank Herbert

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s