Dune: De Vries y la Hiperpresciencia

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Con el adiestramiento necesario, cualquier mentat podía convertirse en un asesino hábil, eficaz e imaginativo. No obstante, Piter de Vries sospechaba que su naturaleza peligrosa estaba relacionada con la perversión que había potenciado sus poderes, hasta transformarle en lo que era. Su propensión a la crueldad, el placer sádico que experimentaba al ver sufrir a los demás, había sido implantado en sus genes por los tleilaxu. Por lo tanto, la Casa Harkonnen era el lugar ideal para él.

En una habitación de la residencia Harkonnen de Carthag, De Vries estaba de pie ante un espejo enmarcado en remolinos de titanio negro. Mojó un paño en jabón perfumado y se secó la boca, luego se acercó más para examinar las permanentes manchas de safo. Se maquilló la barbilla puntiaguda, pero dejó los labios tal como estaban. Sus ojos azules como la tinta y su pelo rizado le daban el aspecto de un ser impredecible.

De Vries necesitaba más información. Era la tarea a la que había jurado dedicarse. Más importante que aquel miserable trabajo de funcionario. Apartó los libros y entró en su botiquín particular. Dejó que sus dedos seleccionaran zumo de safo amargo, jarabe de tikopia y dos cápsulas de melange concentrada. No controló las cantidades que engulló. Una
agradable esencia de canela estalló en su boca. Hiperpresciencia, al borde de la sobredosis, una puerta que se abría…

Esta vez, vio más. La información que necesitaba. El barón Harkonnen, más viejo e incluso más gordo, era escoltado por tropas Sardaukar hasta una lanzadera que esperaba. De modo que el mismísimo barón sería obligado a abandonar Arrakis, y no una generación posterior de Harkonnen!. Por lo tanto, el desastre tendría lugar pronto. De Vries se esforzó por averiguar más detalles, pero partículas remolineantes de luz enturbiaron su visión. Aumentó la dosis de drogas lo suficiente para recobrar la sensación agradable, pero las visiones no volvieron, pese a que los productos químicos le subían como una oleada…

“La Casa Corrino” de B.Herbert y Kevin J. Anderson.

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