Dune: Dar en la corte de la Reina Araña (II)

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Odrade miró por encima de su hombro al edificio. Las alteraciones del diseño de la Cofradía eran visibles: una larga fachada de ventanas, mucha madera exótica, y enjoyadas piedras. Riqueza. Estaba enfrentándose a una riqueza tan extrema que a muchos les resultaría difícil imaginarla. Nada que deseara Dama, nada que pudiera ser proporcionado por la sociedad que era su vasalla, le era negado. Nada excepto la libertad de volver a la Dispersión.

¿Hasta qué punto se aferraba Dama a la fantasía de que su exilio terminaría alguna vez? ¿Y cuál era la fuerza que había enviado un tal poder de vuelta al Antiguo Imperio? ¿Por qué aquí? Odrade no se atrevía a preguntar.

-Proseguiremos esto en mis aposentos -dijo Dama. ¡Por fin en el cubil de la Reina Araña!.

Los aposentos de Dama eran algo muy parecido a un rompecabezas. Suelos ricamente alfombrados. Se sacudió las sandalias y entró descalza en la estancia. Odrade la imitó. ¡Observa las callosidades en la parte externa de sus pies!. Armas peligrosas mantenidas en muy buena condición.

No solamente el blando suelo sino la estancia en sí desconcertó a Odrade. Una pequeña ventana que daba al cuidadosamente dispuesto jardín botánico. Ni cortinas ni cuadros en las paredes. Ninguna decoración. Una rejilla de renovación de aire encima de la puerta por la que habían entrado arrojaba lineas de sombra. Otra puerta a la derecha. Otra rejilla de renovación de aire. Dos blandos divanes grises. Dos pequeñas mesillas auxiliares de brillante color negro. Otra mesa más grande en tonos dorados con un leve resplandor verde sobre ella señalando un campo de control. Odrade identificó la fina silueta rectangular de un proyector encajado en la mesa dorada.

Ahhh, este es su cuarto de trabajo. ¿Hemos venido aquí a trabajar?. Había una refinada concentración en aquel lugar. Se había tomado mucho cuidado en eliminar las distracciones, ¿Qué distracciones aceptaba Dama? ¿Dónde están las estancias decoradas?. Tiene que vivir de una forma particular con su entorno. No puedes permanecer siempre creando barreras mentales para rechazar de tu alrededor las cosas que consideras desagradables para tu psique. Si deseas un auténtico confort, tu casa no puede estar construida de una forma que te agreda, especialmente no agresiones a un lado inconsciente. ¡Ella se da cuenta de las vulnerabilidades de su inconsciente! Es realmente peligrosa, pero tiene el poder de decir: «Sí».

Aquella era una antigua perspicacia Bene Gesserit. Buscabas a aquellas que podían decir: «Sí». Nunca te molestabas con subalternos que únicamente podían decir: «No». Buscabas a quien podía llegar a un acuerdo, firmar un contrato, cumplir con una promesa. La Reina Araña no decía «Sí» a menudo, pero tenía ese poder, y lo sabía.

Hubiera debido darme cuenta cuando me llevó a un lado. Me envió la primera señal cuando me permitió llamarla Dama. ¿Me he precipitado poniendo en marcha el ataque de Teg de una forma que no puedo detener? Demasiado tarde para pensárselo mejor. Lo sabía cuando le di amplios poderes. ¿Pero qué otras fuerzas podemos atraer?. Odrade tenía registrado el esquema de dominio de Dama. Palabras y gestos podían hacer a la Reina Araña retraerse sobre sí misma, agazapándose en la intensa consciencia de los latidos de su propio corazón.

El drama debe seguir adelante. Dama estaba haciendo algo con las manos en el campo verde sobre su mesa dorada. Estaba concentrada en ello, ignorando a Odrade de una forma que era a la vez un insulto y un cumplido.

No interfieras, bruja, porque no te interesa y tú lo sabes. Además, no eres lo bastante importante como para distraerme. Dama parecía agitada.

¿Ha tenido exito el ataque contra Gammu? ¿Están empezando a llegar los refugiados?
Un resplandor naranja se enfocó en Odrade.
– Tu piloto acaba de destruirse a sí mismo y a su nave antes que someterse a nuestra inspección. ¿Qué es lo que traía?.
– A nosotras.
– ¡Hay una señal que brota de ti!.
– Diciendo a mis compañeras si estoy viva o muerta. Tú ya lo sabías. Algunos de nuestros antepasados quemaban sus naves ante un ataque. No había retirada posible.

Odrade habló con un cuidado exquisito, ajustando el tono y la cadencia a las
respuestas de Dama.

– Si llegamos a un acuerdo, tú me proporcionarás un transporte. Mi piloto era un cyborg, y el shere no podía protegerlo de vuestras sondas. Sus órdenes eran matarse antes que caer en vuestras manos.
– Proporcionándonos las coordenadas de vuestro planeta. -El naranja disminuyó en los ojos de Dama, pero aún estaba inquieta-. No creo que tu gente te obedezca hasta ese extremo.

¿Cómo los controlas sin dominio sexual, bruja? ¿No resulta obvia la respuesta?
Poseemos secretos poderes.

Cuidado ahora, se advirtió Odrade. Una aproximación metódica, alerta a nuevas demandas. Déjale pensar que elegimos un método de respuesta y nos aferramos a él. ¿Cuánto sabe de nosotras? No sabe que incluso una Reverenda Madre puede ser tan sólo un pequeño cebo, un señuelo para conseguir información vital. ¿Eso nos hace superiores? Y si es así, ¿puede el adiestramiento superior superar la velocidad y el número superiores?. Odrade no tenía ninguna respuesta.

Dama permanecía sentada junto a la mesa dorada, dejando a Odrade de pie. Había como una sensación de nido a todo su alrededor. No abandonaba a menudo aquel lugar. Era el auténtico centro de su tela. Todas las cosas que creía que necesitaba estaban allí. Había traído a Odrade hasta aquella habitación porque era un inconveniente ir a cualquier otro lugar. Se sentía incómoda en otros ambientes, quizá incluso se sentía amenazada. Dama no corría riesgos. Lo había hecho una vez pero hacía mucho tiempo de ello, cuando se había cerrado una puerta tras ella, en algún lugar. Ahora tan sólo deseaba sentarse allí en aquel seguro y bien organizado capullo desde donde podía manipular a los demás.

Odrade consideró aquellas observaciones como una bienvenida confirmación de las deducciones Bene Gesserit. La hermandad sabía cómo explotar aquella palanca. Las burocracias estaban basadas en la cobardía, en el miedo de que algo pudiera impedir los avances en la carrera o las comodidades en el retiro. ¡Cubre tu retaguardia!. Era una regla tan vieja como la historia.

– La compasión no se halla dentro de las especificaciones de mi trabajo.
– ¿No tienes ninguna otra cosa que decir? -preguntó Dama.
Gana tiempo. Odrade aventuró una pregunta:
– Me siento extremadamente curiosa acerca del porqué aceptaste este encuentro.
– ¿Por qué te sientes curiosa?
– Parece tan… tan poco característico de ti.
– ¡Nosotras mismas determinamos lo que es característico de nosotras! -Completamente disgustada.
– ¿Pero qué es lo que hay en nosotras que os interese?
– ¿Entonces crees que os encontramos interesantes?
– Quizá incluso nos encontréis notables, puesto que así es como nosotras os
consideramos evidentemente a vosotras. Una expresión complacida aleteó por un breve instante en el rostro de Dama.
– Sabíamos que os sentíais fascinadas por nosotras.
– Lo exótico interesa a lo exótico -dijo Odrade.

Esto hizo aparecer una sonrisa de suficiencia en los labios de Dama, la sonrisa de alguien cuyo animalillo de compañía ha demostrado ser listo. Se puso en pie y se dirigió a la ventana. Llamando a Odrade a su lado, Dama hizo un gesto hacia un grupo de árboles más allá de los primeros arbustos en flor, y habló con aquel acento blado tan difícil de seguir.

Odrade escuchó con concentración. ¿Dama llamaba a aquellos árboles robles? Aquello decía algo acerca de su interés en las cosas arbóreas. La etiqueta técnica aceptada para aquellos que trataban con tales cosas era «enebros». Dama no se dedicaba a las frivolidades técnicas, ni se preocupaba de que sus etiquetas revelaran dependencia en un idioma común.

Algo hizo sonar una alarma interna. Odrade cayó en simulflujo, buscando la fuente. ¿Algo en la estancia o en la Reina Araña? Había una falta de espontaneidad en el entorno, algo que no encajaba con lo que Dama hacía. Así que todo aquello estaba diseñado para crear un efecto. Cuidadosamente preparado.

“Casa Capitular de Dune” de Frank Herbert.

Leer parte I y III

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