Dune: Los castigos Bene Gesserit

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Después de la reprimenda de Schwangyu, Duncan corrió hacia su jefa de instructores del momento, la Reverenda Madre Tamalane, otra de las acartonadas viejas mujeres con unos modales fríos y reservados, un pelo como la nieve sobre un rostro estrecho y una piel como cuero viejo. Le pidió a Tamalane que le dijera cuál iba a ser el castigo de sus guardias. Su voz sonó como arena rascando contra madera.

–Castigo?. Bien, bien… Siempre hay algo de banquete sacrificial en nuestros castigos importantes. Los guardias, por supuesto, recibirán un castigo ejemplar.

–Banquete? –Duncan estaba desconcertado.

–La historia raramente ha sido buena con aquellos que deben ser castigados –dijo. Duncan retrocedió ante la palabra “historia”. Era una de las señales de Tamalane. Iba a ofrecerle una lección, otra aburrida lección.

–Los castigos de la Bene Gesserit no pueden ser olvidados -Duncan tuvo la sensación de que iba a aprender algo interesante.

–Nuestros castigos llevan consigo una inescapable lección –dijo Tamalane–. Es mucho más que el dolor.

–Nosotras no castigamos con la agonía definitiva. Esta queda reservada al paso de la Reverenda Madre por la especia. Los castigos importantes son dolorosos, sin embargo. Son también dolorosos emocionalmente. La emoción evocada por el castigo es siempre la emoción que juzgamos es la mayor debilidad del penitente, y así reforzamos el castigo.

Sus palabras llenaron a Duncan con un vago temor. No pudo hablar, pero no había necesidad. Tamalane no había terminado.

–El castigo acaba siempre con un postre –dijo, y palmeó sus manos contra sus rodillas.

Duncan frunció el ceño. –Postre?. Eso forma parte de un banquete. Cómo puede un banquete ser un castigo?.

–No se trata realmente de un banquete, sino de la idea de un banquete –dijo Tamalane. Una mano parecida a una garra describió un círculo en el aire–. Llega el postre, algo totalmente inesperado. El penitente piensa: Ahhh, he sido perdonado al fin!. Comprendes?.

Duncan agitó negativamente la cabeza, de lado a lado. No, no comprendía.

–Es la dulzura del momento. Has pasado por todo un doloroso banquete, y llegas al final a algo que puedes saborear. Pero, mientras lo saboreas, entonces llega el momento más doloroso de todos, el reconocimiento, la comprensión de que aquel no es el placer al final del dolor. No, en absoluto. Es el dolor definitivo del gran castigo. Encierra la lección de la Bene Gesserit.

–Pero qué es lo que va a hacerles a esos guardias?.

–No puedo decir qué elementos específicos de castigo individual serán. No tengo necesidad de saberlo. Sólo puedo decirte que será algo diferente para cada uno de ellos.

“Herejes de Dune”, de Frank Herbert

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