Dune: Rabban, el torturador

dune_glossu_rabban_by_jubjubjedi

—Padre, tu pueblo ha de aprender que existen cosas peores que los desastres naturales. —Alzó un poco la barbilla—. Si encuentran excusas para no pagar sus diezmos, se enfrentarán a un desastre sobrenatural: yo.

—Ordena que se vayan! —Abulurd alzó la voz, aunque se sentía impotente por completo—. Yo soy el gobernador de este lugar y este es mi pueblo.

Rabban le miró con asco. —Y necesitan un escarmiento para que entiendan la clase de comportamiento que se espera de ellos. No se trata de un tema complicado, pero es evidente que tú no proporcionas la inspiración necesaria…

… Soldados Harkonnen arrastraron a Onir Rabban hacia el borde de un abrupto risco. Emmi comprendió sus intenciones y gritó. Abulurd se volvió y vio que habían conducido a su suegro hasta el precipicio, que terminaba en una sopa de nubes.

—No puedes hacer esto! —dijo Abulurd, estupefacto—. Ese hombre es el líder legal de este pueblo. Es tu abuelo.

Sonriente, Rabban susurró las palabras sin emoción, sin tono de mando. —Ah, esperad. Basta.

Los soldados no podían oírle. Ya habían recibido las órdenes. Los guardias Harkonnen agarraron al burgomaestre por ambos brazos y le sostuvieron como un saco en el borde. El padre de Emmi gritó, agitando brazos y piernas. Miró a Abulurd, con el rostro contraído de incredulidad y horror. Sus ojos se encontraron.

—Oh, por favor, no —susurró Rabban de nuevo, con una sonrisa que curvó sus labios.

Entonces, los soldados propinaron un empujón al anciano, que desapareció en el vacío.

—Demasiado tarde —dijo Rabban con un encogimiento de hombros.

Emmi cayó de rodillas, presa de náuseas. Abulurd, que no sabía si ir a consolarla o abofetear a su hijo, continuó paralizado…

—Da gracias de que haga por ti tu trabajo sucio. Has sido muy blando con esta gente, y se han vuelto perezosos.

Las cuatro naves que les sobrevolaban, completaron otra pasada de ataque, derribando otro edificio. Luego se alejaron y volvieron a agruparse en el cielo.

—Si me obligas a intervenir de nuevo, tendré que ser más explícito. Todo en tu nombre, por supuesto…

… Abulurd cayó de rodillas, sumido en una desesperación total. Su mente estaba invadida por un zumbido atronador de incredulidad y dolor, dominado por la expresión satisfecha de Glossu Rabban.

—Cómo he podido engendrar semejante monstruo?.

“La Casa Harkonnen”, de B.Herbert y K.J.Anderson.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s