Dune (cuentos): El fibio jinete

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Era el cebo. Y podria acabar siendo la cena del gusano de mar.

Piraña buceaba a toda velocidad hacia el desfiladero submarino. A mucho menos distancia de la deseada, le perseguia uno de aquellos malditos “demonios del agua”. Si el plan funcionaba, hoy seria un dia que recordar en los oceanos de Buzzell: Los fibios domarian un gusano.

Cangrejo esperaba para hacer el relevo a la entrada del desfiladero. Su objetivo era meter en la trampa al gusano. Langosta esperaba agazapado en la mitad del camino, y su trabajo seria el mas peligroso. Piraña ya llegaba, e iba derecho a la pequeña cueva donde esconderse. Cangrejo comenzo a despistar al gusano de mar, golpeando ritmicamente la concha de un cholistre. Los “demonios” no tenian ojos, y no eran muy listos. Se guiaban por las vibraciones del agua. El gusano viro hacia el, y el fibio se lanzo.

“Quien mejor que uno mismo para probar una idea propia… y loca?”, pensaba Langosta mientras comprobaba su cinto, portando los dos garfios de hueso de ballena peluda y la larga cuerda hecha de algas. Si no queria acabar tragado por el gusano, debia activar el torpedo de aire comprimido en el momento justo: Ni muy pronto, cerca de la cabeza; ni muy tarde, en la cola.

Antes de lo que esperaba, vio a Cangrejo pasar a toda velocidad, y unos segundos detras un monstruoso cuerpo de anguila de color verdoso impulsado por enormes aletas. Langosta agarro las asas del torpedo con ambas manos, activo el misil, y se lanzo a toda maquina. Con el torpedo superaria en velocidad al gusano. Su objetivo era ponerse junto a las membranas rosadas, las agallas del “demonio”. No podia fallar en su primer y unico intento, porque el torpedo acabaria su carga rapidamente.

Ya divisaba su objetivo. El gusano perseguia a Cangrejo, no notando su presencia, pero el desfiladero se acababa. Solto una mano del asa del torpedo, cogio el gancho y lo clavo en la membrana. El gusano sintio la espina en parte tan vital y disminuyo la velocidad, ascendiendo para revolverse. Ese momento fue aprovechado por Langosta para agarrarse a la piel escamosa segmentada, Dejo el torpedo, que se estrello contra la pared de roca.

Aquella bestia tenia una fuerza descomunal. No era como montar su fiel delfin-K, o los grandes caballos de mar. El gusano dio un giro fatal y Langosta tuvo que agarrarse a la cuerda de algas para no perderlo, no pudiendo clavar el otro gancho. El gusano sintio el tiron y Langosta puso pie en su cuerpo, pudiendo montarlo durante varios segundos. No tenia el control total con aquella precaria cuerda, pero estaba montandolo!. Estaba seguro de ser el primer fibio en lograrlo.

Cuando aun disfrutaba el momento, se rompio la cuerda de algas, y quedo atras. El gusano avanzo, y volvio para devorar a aquel que habia osado querer domarlo. Langosta se recupero, y vio las señas que le hacian sus compañeros desde una cueva submarina, donde escapo por poco de los dientes cristalinos de su montura. Frustrado y herido, aquel “demonio” se marcho…

Mientras regresaban, en su curioso lenguaje acuatico, Langosta y los otros dos fibios discutieron donde habian fallado. La proxima vez probarian con Cangrejo montado en otro torpedo, atacando por el otro lado del gusano. Tambien acordaron usar cadenas metalicas, no cuerdas de algas. Piraña, indignado, pregunto:

“Y por que tengo yo que hacer de cebo otra vez!?”.

*** Extraido de “Cuentos del Millon de Planetas”, atribuidos a Accadia, Madre Archivera de la Bene Gesserit en Casa Capitular.

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