Dune: La muerte de Hayt

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-No es necesario. Tiene mi protección, mi empeño. Nada malo puede ocurrirle aquí. “No puede ser tan ingenuo”, pensó Idaho. Pero Stilgar se estaba poniendo en pie para indicar que la entrevista había terminado.

Idaho se levantó también, sintiendo la pesadez en sus párpados, el cansancio en sus rodillas. En el momento en que Idaho se ponía en pie, un ayudante entró y se hizo a un lado. Javid penetró en la estancia tras él. Idaho se giró. Stilgar estaba cuatro pasos más allá. Sin vacilar, Idaho extrajo su cuchillo en un rápido movimiento, y lo enterró en el pecho del desprevenido Javid. El hombre se echó hacia atrás, arrancándose del cuchillo con su movimiento. Giró sobre si mismo, cayó boca abajo. Sus piernas se estremecieron. Estaba muerto.

-Así se silencia a los chismosos -dijo Idaho

-Has manchado mi honor! -gritó Stilgar-. Este es territorio neutral…!

-Cállate! -Idaho miró ferozmente al impresionado Naib-. Llevas un collar, Stilgar!.

Era uno de los tres insultos más mortales que se podía dirigir a un Fremen. Stilgar palideció.

-Eres un siervo -dijo Idaho-. Has vendido a tus Fremen por su agua.

Este era el segundo entre los más mortales insultos, por aquel Jacurutu original. Stilgar rechinó los dientes y posó una mano sobre su crys. Idaho lanzó el tercer insulto:

-Tú no tienes la inmortalidad, Stilgar. Ninguno de tus descendientes lleva tú sangre!.

-Desenfunda tu cuchillo, escoria mentat! -rugió Stilgar.

Idaho sonrió. Abofeteó secamente a Stilgar, primero con su mano izquierda, luego con la derecha, dos secas bofetadas de lleno en la cara.

Con un incoherente bramido, Stilgar hundió el cuchillo en el abdomen de Idaho, empujando hacia arriba a través del diafragma, en busca del corazón. Idaho se relajó sobre la hoja, sonriendo a Stilgar, cuya rabia se disolvió en un helado estupor.

-Dos veces muerto por los Atreides -farfulló Idaho- Y la segunda vez por una razón no mejor que la primera

Stilgar dejó que su vista vagase del cuchillo chorreante de sangre al cuerpo de Idaho, e inspiró profunda y temblorosamente. Javid yacía muerto tras él. Y el consorte de Alia, el Seno del Cielo, yacía muerto a manos del propio Stilgar… Podía argumentar que un Naib debía proteger el honor de su nombre, vindicando la amenaza a su prometida neutralidad…. Pero sólo entonces se le ocurrió a Stilgar que aquella situación era precisamente lo que había pretendido Idaho con su segunda muerte…

“Hijos de Dune”, de Frank Herbert.

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