Dune (cuentos): Un salto de fé

plegar-espacio-nave

El comandante Lindbergh, capitan de la ballesta “Iblis”, cerro el canal de comunicaciones cifrado con una sonrisa socarrona. Tomo el comunicador y anuncio el proximo objetivo a sus hombres:

-Atencion tripulacion!. Al habla el capitan. El bashar Atreides nos informa del destino de nuestro proximo salto… Nos vamos a Corrin. Vamos a convertir la casa de Ominus en una bola de fuego!…

Los vitores sonaron por la inmensa nave. Saji cumplio las ordenes. A pesar de que habia realizado las mismas acciones varias veces durante los ataques de la Armada en esta “Gran Purga”, esta vez era especial. Quizas seria el ultimo. La ultima vez que tentarian a la suerte.

Se conectaron los motores Holtzman, preparandoles para alcanzar la maxima potencia y soltarlos cuando desde la nave insignia dieran la orden de “saltar”. En realidad se parecia poco a un salto cualquiera. Era un verdadero salto de fé.

Quedaban trescientas naves unificadas en un solo grupo de combate. Habian salido de Salusa para aquel ataque suicida mas de mil. Un macabro calculo rapido le hubiera hecho apostar que perderian otras cincuenta naves por el defectuoso sistema de navegacion, carente de tecnologia pensante que les ayudara. Cincuenta naves repletas de compañeros. La victoria se pagaria muy cara, estrellada contra supernovas, cinturones de asteroides, perdidas en el espacio desconocido…

-Motores listos, señor- anuncio al comandante el segundo Marcus, uno de los voluntarios yihadistas.

Saji nunca habia sido persona religiosa, pero cada nuevo pliegue del espacio exitoso le hacia pensar: “Por que nosotros seguimos vivos, y esas naves se pierden?… Sera el destino?… Verdaderamente Santa Serena nos guia?”. El preferia no rezar, ni cerrar los ojos al iniciar el salto. Los yihadistas cantaban salmos e himnos al efectuarlos incluso alli, en el puente de mando.

El no. Por algun extraño motivo preferia mirar a su comandante. Descubrio en el una actitud confiada desde el primer salto. Le daba seguridad que revisara datos y daños estructurales durante la operacion del pliegue. Lo hacia en vez de mirar hacia delante pensando que estaba a las puertas de la misma muerte o en su familia. Aquella tranquilidad extraña que tenia… No sabia explicarlo, pero no creia que tuviera que ver con el exceso de fé. Habia algo mas.

-Señor, la “Serena Victory” ordena saltar en treinta segundos- dijo con rotundidad el cabo Rigg, de comunicaciones.

-Tercero Saji, rumbo completo?. Todo listo para Corrin? -le pregunto el comandante.

Saji tenia una pata de conejo como otros tenian rosarios con la efigie de Manion, el Inocente. Se habian vuelto terriblemente supersticiosos durante aquella mision. La habia cogido de la consola y la apretaba con fuerza cuando respondio:

-Rumbo completo hacia Corrin, señor…

… Seguramente aquel fue el salto mas tranquilo de todos los que habian realizado. Lo habia visto en los ojos del comandante. Iban a llegar a Corrin, al mismo corazon de las Maquinas Pensantes, para destruirlo. No sabia si llegaria todo el grupo de combate, la mitad, o solo la “Iblis”. Pero estaba muy seguro que a ellos no les pasaria nada. Solo hacia falta tener fé… en su comandante.

*** Extraido de “Cuentos del Millon de Planetas”, atribuidos a Accadia, Madre Archivera de la Bene Gesserit en Casa Capitular.

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