Dune: Rabban, cazador de gusanos

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Ahora que por fin había llegado al planeta desierto, Pardot Kynes respiró hondo, y después recordó que debía ponerse la mascarilla para impedir una extrema perdida de humedad. Habría preferido que le abandonaran a sus propios recursos. Ansiaba vagar solo por el Gran Bled con sus instrumentos y cuadernos de bitácora. Sin embargo, cuando Glossu Rabban, sobrino del barón, anunció su intención de adentrarse en el desierto para cazar uno de los legendarios gusanos de arena, Kynes no quiso perderse semejante oportunidad…

—Veremos rastros de gusanos desde el cielo? -pregunto Rabban. —Las arenas cambian de forma y ocultan el paso de un gusano. Casi siempre se desplazan a gran profundidad. No lo veréis acercarse hasta que salga a la superficie y se disponga a atacar -respodió el guia Thekar-. Todo el desierto es propiedad de los Shai-Hulud. —Quiénes?. —Tanto tiempo viviendo en Arrakis, y no sabíais que los Fremen piensan que los gusanos de arena son dioses?. —Entonces hoy mataremos a un dios

—Tengo un plan, y vamos a ponerlo en práctica. Ese afloramiento será nuestra base. Aterrizaremos en la arena a unos trescientos metros de la roca. Thekar bajará con un aparato martilleador. Después buscaremos refugio. —Dejarme ahí?. Pero, mí señor, yo no… —Tú me has dado la idea… Clavarás uno en el suelo, junto con explosivos suficientes para dar buena cuenta del monstruo cuando llegue-. Rabban le dedicó una sonrisa complacida…

… Las aletas de los ornitópteros besaron la arena y levantaron nubes de polvo. Se abrió la escotilla, y Thekar agarró el martilleador y saltó. El ornitóptero se dirigió en línea recta hacia el baluarte rocoso donde el gran cazador
Rabban esperaría sano y salvo. Thekar accionó el mecanismo de relojería del martilleador y echó a correr freneticamente. Unos soldados intercambiaron apuestas sobre el resultado…

—Un gusano se acerca por el costado, y se dirige en línea recta hacia él! —Gritó Rabban con cruel regocijo—. El hombre se hallaba entre el martilleador y el gusano. Kynes vio que Thekar, al darse cuenta de que el gusano se precipitaba hacia él a toda velocidad, se detuvo y cayó de bruces sobre la arena, completamente inmóvil, con la vista clavada en el cielo, tal vez rezando con fervor a los Shai-Hulud

Kynes oyó el siseo subterráneo de las arenas, la llegada del monstruo. Cuando el gusano surgió de la arena, dejó al descubierto una boca lo bastante grande para engullir una nave espacial, mientras sus fauces se abrían como los pétalos de una flor. Al cabo de un instante se tragó el insignificante punto negro del martilleador y todos los explosivos. Sus dientes de cristal brillaron como diminutas espinas aguzadas que descendieran en espiral por su gaznate sin fondo. Rabban se irguió con una sonrisa diabólica en el rostro, y oprimió un botón. Un estruendo lejano hizo temblar el desierto. La bomba secuenciada desgarró los conductos internos del gusano, destrozó sus entrañas y resquebrajó sus segmentos blindados. —Es el animal más temible de este miserable planeta, y yo lo he matado!.

… Kynes avanzó para examinar la piel costrosa, los segmentos, y se preguntó cómo iba a analizar y diseccionar el espécimen. Supuso que Rabban no se opondría. En caso necesario, Kynes invocaría la misión recibida del emperador para hacerlo entrar en razón. Pero cuando se acercó más, con la intención de tocarlo, vio que la piel del viejo gusano se movía. La bestia ya no vivía, sus funciones nerviosas habían cesado, pero sus capas exteriores temblaban y mudaban de forma, como si se estuvieran fundiendo. Mientras Kynes contemplaba el espectáculo, asombrado, una lluvia de fragmentos celulares translúcidos se desprendieron del cuerpo del gusano, como escamas entregadas a la arena ardiente, donde desaparecieron.

—Qué está pasando?. —Mi trofeo! —gritó Rabban. Los soldados Harkonnen retrocedieron unos metros. Kynes tuvo la sensación de haber presenciado mil años de putrefacción en escasos segundos. Entropía acelerada. El hambriento desierto parecía ansioso por borrar hasta la última huella, por ocultar el hecho de que un humano había derrotado a un gusano de arena. Tenía aún mucho que aprender sobre Arrakis…

“La Casa Atreides”, de B.Herbert y K.J.Anderson.

Una respuesta a “Dune: Rabban, cazador de gusanos

  1. Me trae muchos recuerdos este fragmento de la Casa Atreides, ya que cuando empece a leer la saga, fue con este libro. Gracias por el articulo.

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