Dune: La Agonia de Murbella

Un denso manto de nubes había avanzado aquella mañana sobre Central, y el cuarto de trabajo de Odrade estaba sumido en un silencio gris al cual ella se sentía responder con una rigidez interior, como si no se atreviera a moverse debido a que eso agitaría fuerzas peligrosas. El día de la Agonía de Murbella, pensó. No debo pensar en presagios.

Bellonda permanecía sentada inclinada hacia adelante en su silla-perro delante de Odrade. -Nuestra historia nos dice que los secretos pueden ser peligrosos. -Este es el día de Murbella. No deberías permitir que otras cosas nublen nuestros poderes de observación. -Las posibilidades de que no sobreviva a la Agonía son grandes. Qué le ocurrirá entonces a nuestro precioso plan?. No debemos permitir a Idaho que observe!. -Mi orden sigue en pie -dijo Odrade-. Es la voluntad de Murbella, y he dado mi palabra. -Es un error… un error…

Ningún hombre, excepto el maldito Kwisatz Haderach en persona y su hijo el Tirano, había conocido nunca los particulares de aquel secreto Bene Gesserit. Aquellos dos monstruos habían experimentado la Agonía. Dos desastres!. -El puede ser el catalizador que impulse a Murbella a través de la prueba -dijo Odrade-. Tendéis a subestimar el poder del amor…

Murbella aguardaba en la sala que habían preparado las Censoras, mirando a una mesa flotando sobre suspensores. Unas correas colgaban de los lados para confinar lo que hubiera en ella. Yo. Simplemente le habían dicho: -Ordenes de la Madre Superiora… Dónde estaba Duncan?. Odrade había prometido que él estaría con ella en la Agonía. significaba su ausencia que aquella no iba a ser su prueba definitiva?. O lo habían ocultado tras alguna pared secreta desde la cual podía ver sin ser visto?. Lo quiero a mi lado!. Acaso no sabían ellas cómo controlarla?. Me siento disminuida cuando estamos separados. Y él también lo sabe, maldito sea. Cómo podía ser esto amor?. No se sentía debilitada por las tensiones del deseo. Tanto las Bene Gesserit como las Honoradas Matres decían que el amor debilitaba. Quizá tenemos algo más que amor…

Tenemos que conseguirla, pensó Odrade. Nunca había tenido una necesidad tan grande la Bene Gesserit. Qué insignificante figura era Murbella allí abajo para llevar tanto peso en su persona. Sheeana regresó con Duncan a su lado. Odrade le dirigió una breve mirada. Nervioso. -Te sentarás aquí arriba y permanecerás aquí a menos que yo te llame -dijo Odrade-. Quédate con él, Sheeana.

Bellonda regresó con la esencia de especia y procedió a llenar las jeringuillas. La venenosa esencia tenía un penetrante olor… canela amarga. -La Hermandad de la Bene Gesserit se ha agriado algo desde el Tirano. Nuestro contacto con tus Honoradas Matres no ha mejorado las cosas. Las Honoradas Matres tienen en ellas el hedor de la muerte y la decadencia, están bajando la colina hacia el gran silencio. Hemos retirado un poco de salvajismo de ti, proporcionándote un mejor equilibrio. Puedes vivir más y de una forma más sana gracias a ello. -Si sobrevivo a esto!. -El equilibrio es lo que quiero que recuerdes, Murbella. Homeostasis. Cualquier grupo que elija el suicidio cuando tiene otras opciones alcanza la locura. La homeostasis se vuelve loca. Cuando Murbella miró al suelo, Bellonda restalló: -Escúchala, estúpida!. Esta haciendo todo lo posible por ayudarte… Su mirada se encontró con la de Idaho. El se alzó ligeramente, pero la mano de Tamalane sobre su hombro lo contuvo. Pueden matar a mi amada!, pensó Idaho. Debo permanecer sentado aquí y contemplar simplemente cómo ocurre?. Pero Odrade había dicho que le permitiría ayudar. No hay forma de detener esto ahora. Debo confiar en Dar.

Vio una jeringuilla oral encima de su boca. La mano de Bellonda la movió. -Llevamos nuestro grial en nuestras cabezas -había dicho Odrade-. Lleva este grial con gentileza si consigues poseerlo.

La jeringuilla tocó sus labios. Murbella cerró los ojos, pero sintió que unos dedos abrían su boca. El frío metal tocó sus dientes. Un líquido amargo inundó su boca. Murbella tragó convulsivamente. Sintió el fuego fluir garganta abajo hasta su estómago. Ningún dolor excepto el ardor. Se preguntó si podría librarse de él. Lentamente, tan lentamente que necesitó varios latidos de su corazón para reconocerlo, el calor fluyó hacia afuera. Cuando alcanzó la punta de sus dedos sintió que su cuerpo se convulsionaba. Su espalda se arqueó en la mesa acolchada. Algo suave pero firme reemplazó a la jeringuilla en su boca. Voces. Las oyó, y supo que había gente hablando, pero no pudo distinguir las palabras…

Mientras se concentraba en las voces fue consciente de que había perdido el contacto con su cuerpo. De alguna forma, su carne se contorsionaba, había dolor, pero ella había sido extirpada de él. Una mano tocó su mano y la aferró firmemente. Reconoció el contacto de Duncan y, bruscamente, allí estuvo su cuerpo y su agonía. Sus pulmones le dolían cuando expulsaba el aire. No cuando lo inhalaba. Parecían estar como aplastados y nunca lo suficientemente llenos. El sentido de su presencia en la carne viviente se convirtió en un delgado hilo que se enroscaba en muchas presencias. Sintió a las otras a todo su alrededor, demasiada gente para aquel pequeño anfiteatro…

Llegaron las Otras Memorias, atisbos y fragmentos de experiencias que sabía que no eran suyas. Rostros que la miraban de soslayo y exigían su atención, pero la mujer los rechazaba. -Esas son vidas en tu pasado. -Somos descendientes de gente que hizo cosas horribles -dijo un mujer-. No nos gusta admitir que hubo bárbaros entre nuestros antepasados. Una Reverenda Madre tiene que admitirlo. No tenemos elección. -Los vencedores procrean. Nosotras somos sus descendientes. La victoria fue ganada a menudo a cambio de un gran precio moral. Barbarie no es ni siquiera una palabra adecuada para algunas de las cosas que hicieron nuestros antepasados. -Solamente lo que eres capaz de aceptar ahora. Otras vendrán más tarde cuando estés más fuerte… si sobrevives. Un filtro selectivo. Aquellas eran palabras de Odrade. La necesidad abre puertas. Un persistente gemido llegó de las otras presencias. Lamentos…

Estoy muriéndome.

El hilo estaba tensándose. Iba a romperse! Era inútil resistirse. Los músculos no obedecían. Probablemente ya no le quedaban músculos. No los deseaba, de todos modos. Representaban dolor. Era un infierno y nunca terminaría… no aunque el hilo se rompiera. Las llamas ardían a lo largo del hilo, lamiendo su consciencia. Unas manos agitaron sus hombros. Duncan… Cada movimiento era dolor más allá de todo lo que habia imaginado que fuera posible. Aquello merecía ser llamado realmente La Agonía

-Lo ves? -la voz de su guía mohalata que le llegó desde muy lejos. Veo cosas. No exactamente verlas. Una distante consciencia de otras existencias. Otros núcleos. Otras Memorias embutidas en las pieles de vidas perdidas. Se extendían detrás de ella en un tren cuya longitud no podía determinar. Una niebla translúcida. Ocasionalmente se rasgaba, y entreveía acontecimientos. No… no acontecimientos en sí. Memorias. -Compartes el testimonio -dijo su guía-. Ves lo que han hecho tus antepasados. Es algo que supera las peores maldiciones que tú puedas inventar. No busques excusas en las necesidades de los tiempos! Simplemente recuerda: No existen los inocentes!, Horrible!, Horrible!

La Agonía recedió. Sólo entonces se dio cuenta de que había pasado por un dolor más terrible de lo que las palabras podían describir. Agonía?. Marchitaba la psique y la remodelaba. Una persona entraba, y otra emergía. Duncan!. Abrió los ojos, y allí estaba su rostro, directamente sobre ella. Sigo amándolo?. Está aquí. Es un ancla a la que me aferro en los peores momentos. Pero lo amo?. Sigo estando equilibrada?. No hubo respuesta. Odrade habló desde algún lugar fuera de su vista: -Quitadle estas ropas. Traedle otras adecuadas!. Hubo sonidos de gente apresurándose, luego de nuevo Odrade: -Murbella, lo hiciste de la forma más dura, y me alegra decirlo. Había tanta excitación en su voz. Por qué se alegraba?…

“Casa Capitular de Dune”, por Frank Herbert.

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