Dune: La revolucion de trabajadores suboides

ix-ciudad-vernii

Leto se detuvo en la arcada y vio varios suboides en una sala de descanso. No había asientos de ningún tipo, de modo que todos estaban de pie. Escuchó las monótonas y desapasionadas palabras de un suboide bajo y musculoso que se erguía al fondo de la sala. En su voz y en el fuego de sus ojos detectó emociones peculiares, teniendo en cuenta lo que sabía sobre los suboides, es decir, que eran pacíficos y resignados…

—Nosotros construimos los Cruceros —dijo el suboide, y alzó un poco más la voz—. Fabricamos los objetos tecnológicos, pero no tomamos ninguna decisión. Hacemos lo que se nos ordena, incluso cuando sabemos que los proyectos son impíos. Algunas de las nuevas tecnologías violan lo que está prohibido desde la Gran Revolución. Estamos creando máquinas pensantes. No necesitamos comprender los planos y los diseños, porque sabemos para qué servirán. Como somos suboides no gozamos de los beneficios de la tecnología íxiana. Vivimos con sencillez y escasas ambiciones, pero tenemos nuestra religión. Leemos la Biblia Católica Naranja y sabemos distinguir lo bueno de lo malo. —El orador alzó un puño—. Y sabemos que muchas de las cosas que estamos fabricando aquí no son buenas!... Rhombur había insistido en que los suboides no eran ambiciosos, pues carecían de capacidad para ello. Pero Leto estaba viendo algo muy distinto. El orador entornó los ojos y habló con tono ominoso. —Qué vamos a hacer?. Debemos exigir respuestas a nuestros amos?. Debemos hacer algo más?

***

Aunque la explosión fue lejana, la onda expansiva hizo temblar la mesa a la que Leto y Rhombur estaban sentados, estudiando. —Infiernos carmesíes!. Qué ha sido eso?. Vio el lado opuesto de la gruta subterránea, donde varios edificios se habían convertido en escombros. Los dos jóvenes intercambiaron miradas de perplejidad. —Prepárate —dijo Leto, alarmado. —Para qué?—. Leto lo ignoraba… La puerta del aula se abrió con estrépito, el capitán Zhaz de la Guardia Imperial irrumpió como una exhalación, armado con uno de los nuevos rifles láser de asalto modulados por impulsos. —Venid con nosotros, jóvenes amos! —dijo casi sin aliento.

—Hay problemas con los suboides, mis señores! —gritó Zhaz. No os preocupéis, pronto los tendremos controlados. —Tocó un botón de su cinturón, y una puerta invisible hasta ese momento se abrió en la pared recubierta de mármol. El capitán y la guardia de la Casa se habían preparado durante tanto tiempo contra ataques externos a gran escala, que no sabían cómo lidiar con una revuelta interna—. Seguidme y os pondré a salvo!. Estoy seguro de que vuestra familia os estará esperando… A la luz amarilla de los globos luminosos de emergencia, Leto y Rhombur corrieron junto a una vía electromagnética. —La ayuda está de camino!

Segundos después, un coche blindado apareció en la vía y se detuvo con un chirrido. Zhaz subió con los dos jóvenes herederos y un par de guardias, mientras los restantes hombres de seguridad se quedaban para defender su huida

—Los suboides han volado dos columnas de diamante —dijo Zhaz, mientras consultaba la pantalla del comunicador—. Parte de la corteza superior se ha derrumbado. —Su rostro palideció de incredulidad. Se rascó la barba—. Esto es imposible. Leto sabía que la situación debía ser aún peor de lo que el capitán imaginaba. Los problemas de Ix no iban a resolverse en una hora. Los suboides están ascendiendo en masa desde los niveles inferiores!. Rhombur maldijo, y Leto dirigió una mirada significativa a su corpulento amigo. Había intentado advertir a los ixianos, pero la Casa Vernius se había negado a considerar la gravedad de la situación…

—Parad aquí, capitán! —gritó Rhombur—. He de ver lo que está ocurriendo. A través del panel unidireccional, Leto vio que los soldados de Vernius luchaban una batalla perdida contra enjambres de enemigos en el suelo de la caverna. Los suboides arrojaban explosivos caseros o bombas incendiarias, mientras los ixianos repelían las turbas con haces púrpura de sus fusiles láser. —El mando dice que los suboides se están rebelando en todos los niveles. Gritan “Yihad” cuando atacan… Tenemos centros de mando secretos en los niveles superiores. Se han tomado precauciones para este tipo de situaciones, y a estas alturas nuestras unidades militares habrán rodeado los centros de fabricación vitales. No tardarán mucho en sofocar el alzamiento

—La Unidad Cuatro ha sido aniquilada —dijo el capitán Zhaz—. Los suboides se han abierto paso a través de las paredes laterales. Voy a llamar a la Tres!. Aniquilada?. Cómo han podido conseguir eso los suboides?. El mando dice que los Tleilaxu están implicados, y también algunos de sus Danzarines Rostro. Van armados hasta los dientes. —Lanzó una exclamación cuando vio los informes que llegaban—. Dios nos proteja!

Una avalancha de preguntas asaltó a Leto. Los Tleilaxu?. Por qué atacan a Ix? Es un planeta mecanizado… y los Tleilaxu son fanáticos religiosos. Temen tanto a las máquinas ixianas que han utilizado a sus metamorfos creados en contenedores para infiltrarse entre el proletariado suboide?… El vehículo se internó en un túnel largo y oscuro. Leto vio luz al fondo. Recordó lo que su padre le había dicho acerca de los Tleilaxu: “Destruyen todo aquello que se parece a una máquina pensante”.

“La Casa Atreides”, de B.Herbert y K.J.Anderson.

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