Dune: Fenring y el complot tleilaxu

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Hasimir Fenring había crecido en Kaitain, en el interior del palacio imperial y los ciclópeos edificios gubernamentales. Había visto las ciudades cavernosas de Ix y los monstruosos gusanos de arena de Arrakis, pero nunca había contemplado nada más majestuoso que los talleres de mantenimiento de cruceros en Empalme. Fenring, cargado con una caja de herramientas y vestido con un mono manchado de grasa, parecía un simple operario de mantenimiento. Si interpretaba bien su papel, nadie se fijaría en él…

Los inmensos complejos industriales, como el taller de cruceros exigían cientos de miles de trabajadores. Los grandes ojos de Fenring absorbían todos los detalles, mientras el Danzarín Rostro y él caminaban a buen paso por la sala principal entre hordas de obreros…

Pocas personas ajenas a la Cofradía veían alguna vez las entrañas de Empalme. Grúas de acoplamiento se alzaban hacia el cielo, tachonadas de luces esmeralda y ámbar, como estrellas en un cielo nocturno. Las manzanas cuadriculadas de la ciudad se extendían de forma geométrica, un jirón de civilización en mitad de un paisaje carente de todo interés. Antenas cóncavas, que se aferraban como enredaderas a los edificios, captaban las señales electromagnéticas del espacio. Malecones metálicos rozaban los cielos, con vigas maestras rematadas con pinzas dispuestas a sujetar las lanzaderas que llegaban.

Los dos infiltrados se acercaron a una alta arcada que delimitaba una de las zonas de trabajo. En lo alto colgaba la inmensa forma de uno de los cruceros más grandes jamás construidos, Fenring y el Danzarín Rostro subieron a diversos ascensores situados en el casco curvo de la nave, del tamaño de una metrópoli… Un ascensor condujo a Fenring y Zoal hasta la zona superior restringida, donde se encontraban los tanques del Navegante. No tardarían en topar con los hombres de seguridad del crucero, y el auténtico reto empezaría…

El Danzarín Rostro miró a Fenring con expresión inescrutable. —Puedo adoptar la cara de cualquier víctima que elijáis, pero recordad que vos os ocuparéis de matarla. Fenring llevaba varios cuchillos escondidos en el mono, y sabía utilizarlos muy bien. —Un simple reparto de responsabilidades, ummm?. El Danzarín Rostro se movía con seguridad por los pasillos de techo bajo, escasamente iluminados. —Los planos indican que la cámara del Navegante está por aquí. Seguidme, y terminaremos enseguida.

… Cuando se acercaron a un guardia apostado al final del pasillo, Zoal adoptó una expresión de perplejidad y señaló unas líneas de la tablilla. Fenring meneó la cabeza y fingió disconformidad. Caminaron hacia el guardia, que se puso firmes, con el aturdidor en la cadera… -Os habéis equivocado de sección. El acceso está prohibido. —Bien, puedes orientarnos?. Fenring clavó su largo y delgado puñal entre las costillas del guardia, hasta hundirlo en el hígado. Después, giró la hoja hacia arriba y le perforó los pulmones. Evitó las arterias principales para minimizar la hemorragia, pero la herida era letal…

Zoal contempló la cara del guardia cuando acompañó el cuerpo hasta depositarlo en el suelo. Entonces, el Danzarín Rostro se contorsionó. Sus facciones se hicieron líquidas, como si estuvieran hechas de arcilla blanda, y adoptó una nueva cara. Su apariencia era ahora idéntica a la del guardia.

… El compartimiento de la especia estaba vacío. Fenring sacó a toda prisa los botes de pildoras de amal super-comprimido, tabletas compactas de especia sintética iguales a las de la melange. Bajo esa forma tan potente, la especia se vaporizaría y produciría un fuerte gas, lo bastante espeso para que un Navegante experimentara todo su efecto y encontrara senderos seguros a través del espacio plegado. Fenring introdujo el contenedor en el compartimiento de la especia, y después pegó una etiqueta de aprobación falsa. Cuando los encargados de la especia vieran que el compartimiento ya estaba cargado, se sorprenderían, pero no se preocuparían demasiado por un exceso de melange. Con suerte, nadie se quejaría. Los conspiradores salieron con sigilo. Al cabo de una hora, abandonaron los talleres de los cruceros y se dispusieron a llevar a cabo la segunda fase de su plan…

… Habría podido contratar a un mercenario o a un comando profesional para llevar a cabo la misión, pero a Fenring le gustaba encargarse del trabajo sucio cuando le interesaba. Así ejercitaba sus habilidades y extraía cierto placer. —Conde Fenring, debo felicitaros por vuestra habilidad. Lo habéis hecho muy bien. —Una felicitación de un Danzarín Rostro, ummm?. Vio una mancha borrosa y se lanzó a un lado, justo cuando un destello volaba hacia él, un cuchillo arrojado con mortífera precisión. Pero el conde Hasimir Fenring estaba más que a la altura de su enemigo. Sacó sus cuchillos y adoptó una postura de combate, con expresión feroz, los sentidos y reflejos aguzados al máximo…

“Los tleilaxu me han subestimado. Otro error”. A la luz pálida del espaciopuerto, las facciones de Zoal se alteraron una vez más. Sus hombros se ensancharon, su cara se estrechó, sus ojos aumentaron de tamaño, y Fenring vio una aterradora imagen de sí mismo, pero vestido como el Danzarín Rostro. —Pronto asumiré un nuevo papel como ministro imperial de la Especia y amigo de la infancia de Shaddam IV

El Danzarín Rostro atacó, y Fenring paró con uno de sus cuchillos. Las armas entrechocaron de nuevo, y los combatientes utilizaron sus cuerpos como armas, yendo a parar contra las cajas de basura… El mono del conde había recibido tajos en diferentes sitios, pero el Danzarín Rostro aún no había logrado herirle. Ni siquiera un rasguño… Fenring fingió que tropezaba y cayó hacia atrás, arrastrando con él al Danzarín Rostro. El conde gimió como presa del dolor y dejó caer el cuchillo, que fue a parar bajo una caja. Zoal, que estaba de rodillas, creyó haber herido a su enemigo, y levantó el cuchillo para asestar el golpe definitivo. Pero Fenring había examinado el terreno y caído cerca del lugar donde se hallaba el primer cuchillo arrojado por el ser. Se apoderó con un veloz movimiento del arma olvidada antes de que Zoal pudiera apuñalarle con la suya. Fenring clavó la punta en la garganta del Danzarín Rostro… Dio la impresión de que Zoal se derretía, hasta convertirse en un maniquí sin pelo de cara lisa,… Fenring comprendió la magnitud de la conspiración. El complot tleilaxu era muy intrigante.

“La Casa Corrino” de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

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