Dune: Origen, ascenso y caida de un imperio en extincion

Arrakeen-by-feydrautha

Las crónicas de Dune, una de las series de novela más vendidas del mundo, popularizó el tema ecológico en los dominios de la ciencia ficción. En estas obras se habla de la supervivencia de la especie humana, su evolución, las interacciones entre el poder, la religión y la política.

El concepto de inmortalidad es otro de los ejes principales de la novela, que se transforma en definitivo en el resto de obras de la saga. Atreides/Muad’Dib vislumbra en ocasiones el futuro, merced a su ascensión genética y a su adiestramiento Bene Gesserit, pero no es hasta más tarde, cuando sus sentidos son agudizados por la Especia, que comienza a dominar sus visiones pre-cognitivas. En ellas se aprecia que tanto el futuro como la inmortalidad no están escritos de forma lineal, sino que su dirección varía conforme se escribe la Historia. Hay siempre múltiples ramificaciones para múltiples caminos, y el futuro depende siempre de lo que hacemos en el presente. Todas estas relaciones entre el futuro y el presente transmiten una cierta sensación de pluri-realismo o incluso profecía, que hace surgir en la mente del lector hipótesis acerca de la manera en que el mundo presente puede evolucionar de un modo plausible hacia el mundo futuro descrito por Herbert -aunque hay que aclarar que el objetivo del autor nunca fue la extrapolación en la evolución actual de la sociedad.

La concepción de un planeta casi como un elaborado “ser viviente”, así como la compleja descripción de la vida en Arrakis, desde el ciclo vital de los gigantescos gusanos de arena (para los cuales el agua es mortal), hasta las pequeñas formas de vida; configuran un paisaje donde el Hombre debe alcanzar por necesidad un compromiso con su entorno. Los habitantes del planeta, los Fremen, se ven sometidos a uno de los ecosistemas más hostiles que se pueda imaginar, lo que conduce su cultura a focalizarse en la supervivencia y el reciclado en un entorno tan precario en recursos -nada puede desperdiciarse-. El desierto en Dune es llevado al extremo: el agua es el bien más preciado. Toda la tecnología gira en torno a la restitución del agua: “destiltrajes” para recuperar y reciclar el agua que exuda el cuerpo, trampas de viento para capturar la escasa humedad del ambiente, etc… El agua es el elemento principal de cambio del planeta, siendo incluso la moneda de los Fremen grabada con una efigie que simboliza anillos de agua. Y, claro, en un ambiente tan hostil, la tribu es el único refugio del individuo.

Dune es básicamente una historia de evolución adaptativa, de superación personal y colectiva. Entre sus líneas podemos entrever perlas sobre el arte de gobernar y el devenir histórico, todo ello en un envoltorio esotérico de una profundidad y misterio difíciles de superar. En los conflictos entre las diferentes casas y sus formas de ver la política imperial, encontramos abundantes similitudes con los tiempos actuales, y los destinos del mundo contemporáneo de Dune pueden asemejarse a alguno de los posibles que nos depara nuestro propio futuro.

Aún cuando se haya escrito un libro como Dune, queda claro que imaginar todo un mundo nuevo es un proyecto de gran escala. Una cosa es postular la existencia de vida inteligente en otro lugar del universo, y otra tarea muy diferente localizar esta cultura alienígena en un mundo rico, plenamente dotado de distintiva flora, fauna, ecología, tradiciones, instituciones, creencias religiosas, conflictos ancestrales, tecnología, mitos y otros elementos culturales. La riqueza de este marco contextual es lo que distingue al resto de las mejores obras de ficción especulativa. Frank Herbert describe con precisión milimétrica mundos más allá de lo imaginable, desafiando la capacidad mental del lector para crear imágenes, turbando su conciencia con seres imposibles minuciosamente detallados. Con todo, la creación de Dune se vio inspirada en la civilización árabe. El propio Herbert señala: “En la cultura occidental cuando se habla de ‘desierto’, automáticamente aparece en la mente la idea “Arabia”, así que recurrí al árabe para surtirme de la mayor parte de los nombres y términos lingüísticos, y para muchas otras cosas más”.

Dune representa todo un cuestionamiento al ser humano en su constante lucha por la supervivencia, que en algunos casos puede resultar desmerecida. Teniendo en cuenta que la naturaleza del Hombre, con sus virtudes y bajezas, con sus victorias y derrotas, puede ser analizada desde millones de puntos de vista, las preguntas siguen siendo las mismas hoy como ayer. ¿Qué fue la raza humana? ¿Qué sigue siendo? ¿Qué será, en un universo donde las posibilidades son infinitas?.

Por Jorge Antonio Buckingham, para El Hexagono Carmesí.

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