Dune: Las Bene Gesserit invisibles

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-Tu madre superiora no tiene otra alternativa que escuchar -dijo el barón con voz estridente, y sintiendo que tenia todas las cartas en su mano-. Si no consigo la cura que necesito, el emperador se enterará de los crímenes de la Hermandad!. Cristane no le hizo caso. Agitó su corto cabello sin mirar atrás. Hacía una noche húmeda en Wallach IX. Globos amarillos iluminaban los lobregos pasillos del complejo de edificios que formaban la escuela. El barón tuvo la impresión de entrar en una tumba.

El barón costosamente seguía a la hermana, y tropezo. Cuando uno de los guardias intentó ayudarle, este lo apartó con el brazo y continuó caminando como mejor pudo. Cristane parecia perderse de vista… Un escalofrío recorrió de repente la espina dorsal del Harkonnen, como si alguien hubiera susurrado una maldición en su oído. Y si la madre superiora hacía caso omiso de sus acusaciones?. Sonrió. Deben de tenerme miedo. El barón repasó sus exigencias, tres simples concesiones y no presentaría cargos ante el Landsraad: una cura para su enfermedad, la entrega de Gaius Helen Mohiam intacta y preparada para humillaciones sin cuento… y la devolución de las dos hijas que le habían obligado a engendrar.

Cristane continuó caminando, mientras los guardias se rezagaban para no dejar atrás al barón. Dobló una esquina y se perdió en las sombras. Los globos luminosos parecían demasiado amarillos, demasiados llenos de estática. Empezaron a darle dolor de cabeza al barón, que no veía con claridad. Cuando su séquito dobló la esquina, sólo vieron un pasillo vacío. Cristane había desaparecido. Una brisa débil, como un aliento cadavérico, reverberó y se filtró entre las ropas del barón. Se estremeció. Oyó un tenue suspiro, como pies de roedor, pero no captó ningún movimiento.

-Id a ver qué hay más adelante, y deprisa!. Adónde ha ido?. Uno de los guardias empuñó el rifle láser y corrió por el pasillo. Momentos después se oyeron sus gritos. -Aquí no hay nada, mi barón. -Investigad todos los pasillos y habitaciones de los alrededores, y volved a informarme. El barón clavó la vista en el pasillo, decidido a no adentrarse más en la trampa. Desenfundó una pistola de dardos, comprobó su carga de agujas envenenadas y contuvo el aliento. Un globo parpadeó sobre su cabeza, perdió intensidad. Hipnótico. Uno de sus hombres volvió a aparecer, falto de aliento. -Os ruego que vengáis conmigo, mi señor. Tenéis que ver esto…

En la biblioteca, los videolibros seguían funcionando. Todo el mundo había desaparecido sin molestarse en cerrar los programas. La inquietud del barón aumentó mientras recorría habitación tras habitación con los soldados, y después edificio tras edificio. No encontraron a nadie, ni siquiera cuando sus hombres utilizaron escáneres rastreadores de vida. Dónde estaban las brujas?. Las mejillas del barón se encendieron de ira. El barón rompió todo cuanto pudo encontrar. Los guardias, complacidos, se dedicaron a volcar mesas, derribar estanterías y arrojar pesados volúmenes a través de las ventanas acristaladas. Una tarea inútil.

El barón cruzó un parque y entró en un pasadizo que rodeaba un edificio de estuco y madera, en cuyo interior brillaban luces. En el enorme comedor, centenares de platos todavía humeantes descansaban sobre largas mesas, con los bancos dispuestos en su sitio. No había nadie en la sala. Ni un alma. -Estaban aquí hace apenas unos minutos. Aún se huele la comida. El barón maldijo y barrió la mesa con el bastón, arrojando platos, vasos y comida al suelo. -Queréis que prendamos fuego a este lugar, mi barón?, pregunto uno de los soldados.

Cientos de hermanas, que se movían con la rapidez de murciélagos, llenaban el comedor, divertidas por las bufonadas del barón. Le esquivaban como si estuvieran jugando. Algunas se acuclillaban debajo de las mesas. Jessica y Mohiam estaban apretadas contra la pared. Todas las mujeres habían pasado al programa de respiración silenciosa, y se concentraban en la ilusión. Ninguna hablaba. Estaban a plena vista, pero los perplejos Harkonnen no podían verlas ni intuirlas. El barón sólo veía lo que las Bene Gesserit querían que viera.

La madre superiora se erguía a la cabecera de la mesa, y sonría como una colegiala que estuviera cometiendo una travesura. Harishka tenía sus brazos cruzados sobre el pecho, mientras los perseguidores se iban poniendo cada vez más nerviosos. “La vida es una ilusión, que hay que adaptarla a nuestras necesidades”, pensó la joven, citando una lección aprendida de su maestra Mohiam. Todas las acólitas sabían engañar la vista, el sentido humano más vulnerable. Las hermanas emitían sonidos apenas audibles, disminuían el ritmo de sus movimientos.

Consciente de que el barón estaba a punto de llegar, la madre superiora había reunido a las hermanas en el comedor. -El barón Harkonnen cree que lo tiene todo controlado -había dicho con su voz quebradiza-. Cree que nos intimida, pero hemos de despojarle de su fuerza, conseguir que se sienta impotente. El torpe barón estuvo a punto de tropezar con la hermana Cristane, quien se apartó a tiempo. -Qué demonios ha sido eso?. El hombre giró en redondo al notar el movimiento del aire, un fugaz olor a tela. He oído una especie de crujido, como el de un hábito. Los guardias alzaron las armas, pero no vieron objetivos. El hombre obeso se estremeció.

Jessica intercambió una sonrisa con su maestra. Los ojos de la reverenda madre, por lo general inexpresivos, brillaban de alegría. El barón se acercó cojeando, con el rostro convertido en una máscara de furia desatada. Mohiam se colocó a su lado, y susurró algo en voz baja y espectral. -Tendréis miedo, barón. Con un susurro que sólo podía llegar a los oídos del hombre que tanto despreciaba, Mohiam creó un murmullo apenas discernible que transformó las palabras de la “Letanía contra el Miedo” en algo diferente:

-Tendréis miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que provoca la destrucción total-. Se paseó a su alrededor, habló a su nuca. Sois incapaz de hacer frente a vuestro miedo. Os invadirá e infectará. Cuando pensamos en el camino de vuestro miedo, no queda nada de vos. Sólo la Hermandad permanecerá

El barón se quedó petrificado, con la cara pálida y las mejillas temblorosas. Sus ojos negros miraron donde la hermana Mohiam había estado sólo unos momentos antes. Agitó el bastón en esa dirección, con tal fuerza que perdió el equilibrio y cayó. -Sacadme de aquí! -chilló a sus guardias. Dos soldados se apresuraron a ponerle en pie. El barón vaciló en el umbral. -Malditas brujas. Miró alrededor-. Por dónde hay que volver?. -A la derecha, mi señor barón- dijo con voz firme el jefe del comando. Sin que él lo supiera, Cristane le susurraba directrices al oído, muy cerca de él.

Cuando llegaran a la lanzadera, descubrirían que el piloto automático ya estaba conectado, preparado para conducir al barón a través del complejo sistema de defensa hasta la fragata que esperaba en órbita. Derrotado, frustrado, impotente. El barón no estaba acostumbrado a experimentar tales sensaciones. -No se atreverían a hacerme daño -murmuró. Varias hermanas rieron. Cuando los Harkonnen huyeron como perros de presa con el rabo entre las piernas, carcajadas fantasmales procedentes del comedor les siguieron.

“La Casa Harkonnen” de B.Herbert y K.J.Anderson.

***En este caso, tengo que estar de acuerdo con los (contados) criticos de BH y KJA respecto a este “poder invisible” de las Bene Gesserit. Un poder tal, extraña que no haya aparecido nuevamente en ninguna de sus novelas. Y siendo como es algo tan espectacular (y util) y esta al alcance de todas las hermanas, por que no lo iban a usar?. Aqui se le fue la imaginacion un poco o deberian haber insistido. Algo parecido ocurre con el poder de olas psiquicas del “Heroes de Dune”.

2 Respuestas a “Dune: Las Bene Gesserit invisibles

  1. También los olas psiquicas que usan las brujas de Rossak en las leyendas, diablos y eso que aun no usaban la melange ya se podían matar a un titan, al final era una técnica muy suicida pero no dejaba se ser poderosa.

    Como tu dices Dani a BH y KJA se les fue la imaginación al a hora de crear estos poderes tan útiles pero que jamas se usaron en la saga original.

  2. Estoy de acuerdo, Dani. Si papá Herbert esbozó este poder en alguna parte, nunca surgió a la luz en ninguna de sus novelas. Y es un poder en absoluto despreciable. Quizás se convirtió en otra aptitud BG, como por ejemplo las reacciones físicas a nivel del córtex de las Honoradas Matres.
    A veces la fantasía traiciona a la trama, BH y KJA!

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