Dune: El desafio “minha”

Faroula_by_gorrem

“Un hombre puede luchar contra el mayor enemigo, emprender el viaje más largo, sobrevivir a la herida más grave, y no obstante sentirse indefenso en las manos de la mujer que ama”. (Sabiduría zensunni de la Peregrinación).

Después de esperar durante dos largos y torturantes días, Liet descubrió una nota envuelta en su habitación. Abrió el papel de especia, con el corazón acelerado y abatido al mismo tiempo: si Faroula le había elegido a él, por qué no se lo había dicho en persona?. Pero cuando sus ojos leyeron las palabras que había escrito, su aliento se paralizó en su garganta.

«Te espero en la lejana Cueva de las Aves. Me entregaré al primer hombre que llegue».Era todo cuanto decía la nota. Liet la miró durante varios segundos y después corrió por los pasillos del sietch hasta los aposentos de Warrick. Apartó las cortinas y vio que su amigo estaba preparando frenéticamente una bolsa y una fremochila. —Ha lanzado un reto minha —dijo Warrick sin volverse. Era una prueba en la que los jóvenes fremen demostraban su virilidad. Los dos se miraron, paralizados un momento. Después, Liet dio media vuelta y corrió a sus aposentos. Sabía muy bien lo que debía hacer. Era una carrera.

Liet-Kynes, casi sin aliento debido a la impaciencia, se obligó a proceder con calma, a no cometer errores. Si no se preparaba como debía para el desafío minha, podía encontrar la muerte en lugar de una esposa. Con el corazón palpitante, se puso su destiltraje y lo comprobó. Hizo el equipaje, incluyendo agua y comida extra, y cargo su fremochila. Por fin, Liet añadió los garfios de doma y martilleadores que necesitaría para llamar a un gusano hasta la Cresta Habbanya. La Cueva de las Aves era un punto de parada aislado para los fremen que viajaban…

Cuando salió del sietch, Liet examinó las arenas iluminadas por las lunas. Oyó la vibración de un martilleador lejano. Warrick ya había puesto manos a la obra, y estaba llamando a uno de los gigantescos animales, y pasaría mucho tiempo antes de que Liet pudiera atraer a un segundo gusano hacia la misma zona. Subió a la colina y descendió por el otro lado, en dirección a una depresión poco profunda. Liet confiaba en procurarse una bestia mejor que la de su amigo…

… Atraído por el latido regular del martilleador. El gusano se fue acercando, precedido por una cresta de arena. —Shai-Hulud ha enviado a un Gran Creador —dijo Liet con un largo suspiro. Jamás había visto un ser semejante. Podría montarlo durante mucho tiempo, a gran velocidad. Tal vez adelantaría a Warrick… Cruzó el rastro ondulante de lo que tal vez era otro Gran Creador que atravesaba la Gran Extensión. Era muy probable que se tratara del gusano de Warrick. Cabalgó a lomos del monstruo durante toda la noche, hasta que la aurora tiñó el cielo y apagó las estrellas.

Siguió cabalgando durante la mañana, hasta que al llegar al punto más caluroso del día, el enorme gusano tembló, se revolvió y combatió todo intento de continuar. Estaba al borde del agotamiento. Liet desvió al animal hacia un archipiélago de rocas y saltó a tierra, segundos antes de que se hundiera en la arena. Una barrera separaba una enorme depresión de otra. Se acurrucó bajo una manta de camuflaje que repelía el calor y dispuso el temporizador de la fremochila para que le despertara al cabo de una hora. Cuando despertó, trepó por la barrera de rocas hasta llegar al borde del inmenso erg Habbanya. Liet plantó un segundo martilleador y llamó a otro gusano… Liet, medio dormido, meneó la cabeza. Todavía le quedaban horas de viaje. Aún no había visto a Warrick, pero sabía que había muchas rutas. No disminuyó la velocidad. Por fin, distinguió una mancha oscilante en el horizonte: la Cresta Habbanya, donde se hallaba la Cueva de las Aves

… Warrick dejó en libertad a su último gusano y corrió con renovadas energías hacia las rocas, subiendo por una senda no marcada. Desde donde estaba, no veía la entrada de la cueva, pero era de esperar, pues los fremen no podían correr el riesgo de que ojos forasteros la localizaran. Trepó con manos y pies hasta llegar a un reborde. Entró en la Cueva de las Aves. Las sombras del interior le cegaron. Por fin, oyó una voz de mujer, palabras sedosas que se deslizaban por las paredes de la cueva. —Ya era hora —dijo Faroula—. Te he estado esperando. No dijo su nombre, y por un momento Warrick se quedó petrificado…

—Bienvenido, Warrick… mi marido. Cogió su mano y le condujo al interior de la cueva…—Cumplo la promesa que hiciste —dijo, utilizando las palabras rituales de la ceremonia matrimonial fremen—. Vierto dulce agua sobre ti en este lugar al abrigo del viento. Faroula continuó con la siguiente frase. —Que nada excepto el agua prevalezca sobre nosotros. Warrick se acercó un poco más. —Vivirás en un palacio, amor mío. —Tus enemigos serán destruidos —prometió ella. —Te conozco bien. —Es muy cierto. Y dijeron al unísono: —Recorremos este camino juntos, que mi amor ha trazado para ti…

… Liet llegó jadeante, sus botas dispersaban guijarros en el sendero mientras trepaba hacia la abertura de la cueva, pero se detuvo cuando oyó movimientos en su interior, voces. Confió en que Faroula se hubiera llevado una acompañante, tal vez una criada, o una amiga… hasta que reconoció la segunda voz, masculina. Warrick. Oyó que terminaban la oración matrimonial y supo que, ahora ella era la esposa de su amigo…

“La Casa Harkonnen”, de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

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