Dune: La borrachera de Duncan Idaho

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Jessica oyó el tumulto en el gran salón, y encendió la luz de la cabecera de su cama. El reloj no estaba aún correctamente ajustado al tiempo local, y tuvo que restar veintiún minutos para determinar que eran alrededor de las dos de la madrugada. El tumulto era fuerte y confuso. Un ataque de los Harkonnen?, se preguntó. Se deslizó fuera de la cama y comprobó los monitores para ver dónde se hallaba su familia. Resonó un grito, una voz incoherente. Alguien llamó al doctor Yueh. Jessica tomó su bata, se la echó por los hombros, deslizó sus pies en las zapatillas y se colocó el crys en su pantorrilla…

De nuevo, una voz llamó al doctor Yueh. Tal vez Leto está herido?. A su derecha, cerca de la entrada frontal, vio a dos guardias de la casa sujetando a Duncan Idaho entre ellos. La cabeza del hombre basculaba hacia adelante. —Habéis visto lo que habéis hecho? —dijo acusadoramente uno de los guardias de la casa a Idaho—. Habéis despertado a Dama Jessica. No había el menor signo del Duque ni de Yueh. Mapes se mantenía inmóvil a un lado, mirando heladamente a Idaho. —Así que he despertado a Dama Jessica —murmuró Idaho. Levantó su cabeza hacia el techo y gritó—: Mi espada ha bebido por primera vez la sangre de Grumman!…

Gran Madre!. Está borracho!, pensó Jessica. El rostro oscuro y redondo de Idaho estaba contorsionado por una mueca. Uno de los guardias inclinó la cabeza hacia ella, sin soltar a Idaho. —No sabemos qué hacer con él, mi Dama. Ha ocasionado un disturbio ahí fuera, negándose a entrar. Temíamos que acudieran algunos nativos y le vieran. No hubiera sido bueno para nosotros. Nos hubiera dado mala fama. —Dónde ha estado? —preguntó Jessica. —Ha escoltado a una de las jóvenes invitadas a la cena, mi Dama. Ordenes de Hawat. —Qué joven invitada?. —Una de las chicas de la escolta. Comprendéis, mi Dama? —miró a Mapes y bajó la voz—. Siempre se llama a Idaho para la vigilancia de esas mujeres

—Mapes, tráele un estimulante. Sugiero cafeína. —He matado más de tres… trescientos hombres po… por el Duque —murmuró—. Queréis sa… saber por qué est… oy aquí?. No puedo vi… vivir allá ab… ajo. No puedo vi… vir abajo. Qué condenado lugar es éste, uhhh?. Yueh avanzo hacia ellos, con su maletín de médico en su mano izquierda. —El buen doc…tor! —hipó Idaho—. Cómo estáis, doc…?. El hombre de las gasas y de las pil… píldoras? —Se volvió trabajosamente hacia Jessica—. Me estoy portando como un id… idiota, eh?. Jessica frunció el ceño y permaneció silenciosa. —Demasiada cerveza de especia —dijo Idaho, intentando enderezarse. Mapes volvió con una humeante taza en sus manos.—Así que cerveza de especia, eh? —La condenad… amente mejor que he bebido nun… ca —dijo Idaho. Intentó cuadrarse—. Mi espada ha be… bido por primera vez la sangre de Grum… man!. He matado a un Harkon… Harkon… lo he matado por el Duque-. Yueh se volvió y miró la taza en las manos de Mapes. Yueh tomó la taza y se la tendió a Idaho. —Bebe eso, muchacho. —No quiero beb… er más. —Bebe, te digo!-. La cabeza de Idaho se bamboleó hacia Yueh, y dio un paso adelante, arrastrando a los guardias con él. —Estoy hasta la coronilla de complacer al Universo Im… perial, doc… Por una vez haré lo… lo que yo quiero. —Cuando hayas bebido esto. —¡… podrida como el resto en este lugar!. Mal… dito sol… tan brillante. Nada tiene buen co… color. Todo está deformado y… —Bébete esto como un buen chico. Te hará sentir mejor. —No quiero sentirme mejor!

—No podemos pasarnos toda la noche discutiendo con él —dijo Jessica. Y pensó: Necesita un tratamiento de shock. —No hay ninguna razón para que permanezcáis aquí, mi Dama. Puedo ocuparme yo de ello. Jessica agitó la cabeza. Dio un paso hacia adelante y abofeteó a Idaho con todas sus fuerzas. Retrocedió, arrastrando a los guardias, y la miró ferozmente—Esa no es forma de comportarse en casa de tu Duque —dijo Jessica. Tomó la taza de manos de Yueh, derramando una parte de su contenido, y la tendió a Idaho—. Y ahora bebe!. Es una orden!. Idaho se sobresaltó y se irguió, mirándola amenazadoramente. Habló con lentitud, con una pronunciación clara y precisa. —No recibo órdenes de una maldita espía Harkonnen —dijo…

Yueh se envaró y se volvió hacia Jessica. Ella se puso pálida, pero inclinó la cabeza. Ahora todo estaba claro para ella… las alusiones, vagas y fragmentarias, que había captado aquellos últimos días en las palabras y el comportamiento de quienes la rodeaban encajaban por fin. La invadió una cólera tan inmensa que a duras penas pudo contenerla. Tuvo que recurrir a lo más profundo de su adiestramiento Bene Gesserit para calmar su pulso y controlar su respiración. Pero aún así sintió que el fuego interior la abrasaba. Siempre se llama a Idaho para la vigilancia de esas mujeres. Miró a Yueh. El doctor bajó los ojos.

—Lo sabíais? —exigió. —Yo… he oído rumores, mi Dama. Pero no quería añadir un nuevo peso a vuestras preocupaciones. —Quiero que Thufir Hawat sea conducido a mi presencia inmediatamente!. —Pero, mi Dama… —Tenía que haber soltado to… toda esa maldita historia —murmuró. Jessica miró bruscamente por un instante la taza que tenía en su mano, y bruscamente arrojó su contenido al rostro de Idaho. —Encerradlo en una de las habitaciones de huéspedes del ala este —ordenó—. Haced que duerma la borrachera

“Dune”, de Frank Herbert.

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