Dune: Clandestinos en Xuttuh

Ciudad-subterránea-fritz-lang

«Xuttuh» es una palabra que significa muchas cosas. Todo Bene Tleilax sabe que era el nombre del primer maestro. Pero como ese hombre era algo mas que un simple mortal, existen matices y complejidades en la apelacion. Segun el tono y la inflexion vocal, «Xuttuh» puede significar «hola» o «bendito seas». O bien, puede constituir una oración resumida en una sola palabra, cuando un devoto se prepara para morir por el Gran Credo. Por tales razones, la hemos elegido como nuevo nombre para el planeta conquistado antes conocido como Ix. (Disco de entrenamiento tleilaxu).

Antes del siguiente encuentro con el grupo de resistentes, C’tair se disfrazo de obrero suboide. Bajo tal guisa, dedico días a explorar las madrigueras subterraneas donde los rebeldes planeaban reunirse.

El cielo holoproyectado, en el que se intercalaban islas de edificios estalactitas, tenía un aspecto falso, pues imitaba la luz de un sol que no pertenecía a Ix. Los invasores habían confiscado un grupo de instalaciones industriales y modificado su aspecto, construyendo sobre los tejados y comunicando los pasadizos laterales. Bajo el mandato de la Casa Vernius, las instalaciones habian sido diseñadas para adoptar un aspecto estético y funcional a la vez. Ahora parecian nidos de roedores. Que estan haciendo ahi los tleilaxu?.

C’tair utilizaba ropas ordinarias, con la expresion indiferente y los ojos muertos. Se concentraba en la tediosa monotonia de sus tareas. Cuando el polvo o la tierra manchaban sus mejillas, cuando la grasa pringaba sus dedos, no hacia el menor esfuerzo por limpiarse, sino que continuaba trabajando como un reloj. Los tleilaxu no consideraban dignos de atencion a los obreros suboides. Pese a las promesas de mejores condiciones y mejor trato por unirse a la revuelta, los habian aplastado a los suboides, mucho mas que en la epoca de Dominic Vernius.

Cuando no trabajaba, C’tair vivia en un cubiculo de paredes de roca, situado en la zona restringida a los suboides. Los obreros tenían poca vida social, no hablaban mucho entre sí. Se sentia más invisible que cuando se había ocultado en la camara secreta durante meses, al principio de la revuelta. C’tair lo preferia asi. Le permitia mayor movilidad.

Antes de la reunion, examino el lugar elegido. Traslado equipo clandestino a la camara de suministros vacia para buscar instrumentos de vigilancia. No osaba subestimar a los tleilaxu, sobre todo desde que dos legiones Sardaukar más habian llegado para ejercer mayor control. Demasiadas entradas, demasiados lugares para una emboscada. Reflexiono un momento y sonrio cuando se le ocurrio una idea. Robo un pequeño holoproyector, con el cual dispuso una falsa barrera que bloqueaba uno de los tuneles, una ilusión perfecta…

Los luchadores por la libertad llegaron uno a uno, a medida que se acercaba la hora de la cita. Ninguno corria el riesgo de desplazarse con otro rebelde. Todos iban disfrazados y tenian excusas para el momentaneo abandono de sus tareas. C’tair llego tarde, por si acaso.

Los furtivos resistentes intercambiaron equipo vital y comentaron planes entre susurros. Nadie tenia una estrategia global. Algunos de sus proyectos eran tan imposibles que C’tair tuvo que hacer un esfuerzo para no reír, mientras otros lanzaban sugerencias que deseo imitar. Necesitaba más varillas de cristal para su transmisor rogo. Despues de cada intento de comunicar con su lejano hermano Navegante, los cristales se astillaban y partian, y el resultado eran unos dolores de cabeza lacerantes. Contemplo a los rebeldes congregados, que hablaban mucho pero hacian poco, percibio codicia en los estraperlistas y nerviosismo en los demás. C’tair se pregunto si aquellos eran los aliados que necesitaba. Lo dudaba.

Miral Alechem también estaba entre ellos, negociaba freneticamente para conseguir más componentes que la ayudaran en su misterioso plan. Parecia diferente de los demas, y ansiosa por entrar en acción. Se acercó a ella. —Me he fijado en los componentes que compras. No tengo ni idea de cuál es tu plan. Tal vez… yo podría ayudarte. Soy un experto en chapuzas. Ella retrocedio un paso, como un conejo suspicaz, al tiempo que intentaba captar el significado de sus palabras. Por fin, hablo con los labios apretados. —He de investigar… Antes de que pudiera continuar, C’tair oyo un movimiento en los tuneles, pasos furtivos al principio y despues más decididos. Los guardias apostados gritaron. Uno se agachó cuando un proyectil pasó sobre su cabeza.

—Nos han traicionado! —grito un rebelde. En la confusión, C’tair vio que soldados Sardaukar y guerreros tleilaxu convergían desde las cuatro salidas y bloqueaban los túneles. Dispararon contra los resistentes como si estuvieran en una galería de tiro. El cubiculo se lleno de chillidos, humo y sangre. Los Sardaukar entraron con las armas desenfundadas. Algunos se limitaron a utilizar los puños y los dedos para matar. C’tair espero a que el humo se espesara, para que los rebeldes huyeran despavoridos, y se lanzo hacia adelante. Miral, al no ver escapatoria, se agachó. C’tair la sujeto por los hombros. Ella se debatio, pero C’tair la empujo sin miramientos hacia el muro de roca sólida. Lo atraveso sin más. C’tair la siguio por la abertura que cubría el holograma.

Miral miro alrededor, confusa. C’tair la arrastro con él. —Prepare una escapatoria por anticipado. Echaron a correr por el tunel. Miral trotaba a su lado. —Nuestro grupo ha muerto. —Nunca fue mi grupo —replico C’tair, jadeante—. Eran unos aficionados. Ella le miro mientras corrian. —Hemos de separarnos. Él asintio, y ambos tomaron tuneles diferentes. C’tair acelero el paso, se desvio por un tunel a su izquierda, despues por una ramificacion ascendente y desemboco en una gruta distinta. Por fin, llego a un ascensor que le conduciria a la enorme caverna. Busco una de sus tarjetas de identificacion, como si fuera un suboide al que correspondiera el último turno, y la paso por un lector.

En los niveles de lo que había sido el Gran Palacio, se encamino hacia el escondite que habia abandonado mucho tiempo atras. Entro en el cubiculo y lo cerro con llave. No habia considerado necesario ocultarse en él durante una temporada larga, pero esta noche habia estado más cerca de ser capturado que nunca. En la oscuridad silenciosa, C’tair se dejo caer sobre el catre maloliente que había sido su cama durante tantas noches tensas. Contemplo el techo bajo, que se cernia sobre él. Su corazon martilleaba. No podia relajarse. Imagino que veia estrellas encima de su habitacion, una tempestad de luces diminutas que bañaban la prístina superficie de Ix. Mientras sus pensamientos cruzaban la inmensa extension de la galaxia, imagino a D’murr pilotando su nave de la Cofradia… muy lejos de alli y a salvo. C’tair tenia que ponerse en contacto con él cuanto antes.

“La Casa Harkonnen”, de B.Herbert y Kevin J.Anderson.

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