Dune: Alianzas por el Manifiesto Atreides

–He estado intentando –dijo Odrade-, hacer comprender al Sumo Sacerdote la importancia del Manifiesto Atreides para nuestro mutuo… –Atreides! –exclamó Tuek. Casi se dejó caer en su almohadón–. No puede ser Atreides. –Un manifiesto muy persuasivo –dijo Waff, reforzando los evidentes temores de Tuek. –La promesa del s’tori no puede ser ignorada. Mucha gente equipara el s’tori a la presencia de su dios-. Waff le lanzó una sorprendida y furiosa mirada. –El Embajador Waff me ha dicho que ixianos y Habladoras Pez se sienten alarmados por ese documento –dijo Tuek–, pero lo he tranquilizado diciéndole… –Creo que podemos ignorar a las Habladoras Pez –dijo Odrade–. Oyen el ruido de dios por todas partes-. Waff supo que estaba dándole la razón en aquello. En lo referente a las Habladoras Pez, se habían apartado tanto de sus antiguas devociones que su influencia era mínima, y cualquiera que fuese esa influencia podía ser dirigida por los nuevos Danzarines Rostro que ahora las guiaban…

Citó del Manifiesto: “Vuestra voluntad y vuestra fe… vuestro sistema de creencias… minan vuestro universo”. Tuek reconoció las palabras. Había leído el terrible documento. Aquel Manifiesto decía que Dios y toda su obra no eran más que creaciones humanas. Se preguntó cómo debía responder. Ningún Sumo Sacerdote podía permitir que algo así quedara sin contestar. Antes de que Tuek encontrara las palabras, Waff intercambió una mirada con Odrade y respondió en una forma que sabía que ella iba a interpretar correctamente. Odrade no podía hacer menos, siendo quién era. –El error de la presciencia –dijo Waff–. No es así como lo llama este documento?. No es ahí donde dice que la mente del creyente se estanca?. –Exactamente! –dijo Tuek. Se sintió agradecido hacia el tleilaxu por su intervención. Aquél era precisamente el núcleo de esta peligrosa herejía!. -Ataca todo lo que nosotros consideramos sagrado!. Y se está difundiendo por todas partes!. –Por medio de los tleilaxu –dijo Odrade. Waff alzó sus mangas, dirigiendo sus armas hacia Tuek. Vaciló únicamente porque vio que Odrade había reconocido parte de sus intenciones. Qué ventaja obtendría el tleilaxu matando a Tuek?. Obviamente, Waff pretendía sustituir al Sumo Sacerdote por uno de sus Danzarines Rostro

Ganando tiempo, Odrade dijo: –Deberíais ser muy cauteloso con lo que hacéis, Embajador Waff. –Cuándo ha gobernado nunca la cautela en las grandes necesidades? –preguntó Waff. Tuek se puso en pie y se dirigió pesadamente hacia un lado, retorciéndose las manos. –Por favor!. Estos recintos son sagrados. Es un error discutir herejías aquí, a menos que planeéis destruirlos. –Miró a Waff–. No es cierto, verdad?. Los tleilaxu no sois los autores de tan terrible documento. –No es nuestro –admitió Waff. –Mi Señor Tuek –dijo Odrade–, este tleilaxu pretende asesinarnos a los dos.

A sus palabras, Waff alzó rápidamente sus dos brazos, intentando apuntar a los dos separados y difíciles blancos. Antes de que sus músculos respondieran, Odrade estaba bajo su guardia. Oyó el débil silbido de los lanzadores de dardos, pero no sintió ninguna picadura. Su brazo se alzó en un cortante golpe para romper el brazo derecho de Waff. Su pie derecho rompió su brazo izquierdo. Waff gritó. Dos Danzarines Rostro penetraron rápidamente en la sala. Odrade estaba ya detrás de Waff, ambas manos en su garganta. –Quietos, o él muere! –gritó. Los dos se inmovilizaron. Odrade miró a Tuek tendido en el suelo a su derecha. Un dardo había hecho blanco. –Waff ha matado al Sumo Sacerdote –dijo Odrade, hablando a sus propios oyentes secretos…

…Se dirigió a los Danzarines Rostro: –Si no os marcháis inmediatamente, lo mataré y luego me encargaré de vosotros dos. –Haced lo que os dice! –chilló Waff. Los Danzarines Rostro tomaron aquello como una orden de obedecer a su Maestro… Odrade le quitó las armas de sus mangas y las guardó en uno de sus bolsillos. Podrían ser examinadas con detalle más tarde. –Vos y yo somos aliados ahora –dijo Odrade–. –Aliados?. –Imagino que resultaba difícil tratar con Tuek –dijo ella–. Ofrecerle unos obvios beneficios era suficiente para que invariablemente se derritiera. Les habéis hecho un favor a algunos de los sacerdotes matándolo… Pensasteis que tendríais mejores aliados en la gente de la Dispersión. Esas Honoradas Matres y otras prostitutas de su calaña. Os pregunto: acaso el slig sé alía con su basura?-. Waff había oído esa pregunta formulada tan sólo en kehl… –Nuestra supervivencia frente a la tormenta es mezclarnos entre los de la Dispersión –dijo Odrade–. La supervivencia de los tleilaxu también

“Herejes de Dune”, de Frank Herbert.

2 Respuestas a “Dune: Alianzas por el Manifiesto Atreides

  1. ¡Uno de los mejores libros de papá Herbert!

  2. Una joyita 😉 Tengo por ahi el “Herejes, mis reflexiones” preparado. A ver para cuando lo cuelgo.

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