Dune: La Gran Sala de Recepcion de Muad’Dib

Frente a ella, finalmente, observó una doble puerta en el centro de la pared más alejada de una gran antesala. Tuvo la sensación de que las puertas eran realmente grandes, y tuvo que esforzarse por contener una exclamación cuando su entrenada consciencia midió sus proporciones reales. Las puertas tenían al menos ochenta metros de alto por la mitad de ancho. A medida que se acercaba con su escolta, las puertas se abrieron hacia adentro… un inmenso y silencioso movimiento de una oculta maquinaria. Reconoció de nuevo un artilugio ixiano. Atravesando aquella imponente puerta, penetró entre sus guardias en la Gran Sala de Recepción del Emperador Paul Atreides… “Muad’dib, ante quien todo el mundo es pequeño”. Ahora sabía el porqué de aquel dicho popular.

Mientras avanzaba hacia Paul, sentado en el distante trono, la Reverenda Madre se sintió mucho más impresionada por las sutilezas arquitectónicas que la rodeaban que por su inmensidad. El espacio era enorme: toda una ciudadela de cualquier gobernante a lo largo de toda la historia humana hubiera podido ser edificada allí. La vastedad de la sala decía mucho acerca de ocultas fuerzas estructurales exquisitamente equilibradas. Los tensores y columnas de sustentación tras aquellas paredes, y el distante domo del techo, superaban cualquier cosa hecha hasta entonces. Todo allí hablaba de genio arquitectónico. Sin hacerse evidente, las paredes se aproximaban entre sí en su lejano final, a fin de que Paul no se viera aplastado por la magnitud de la estancia. Una inteligencia no entrenada, asombrada por las inmensas proporciones, lo vería así al primer momento como una figura varias veces mayor que su tamaño real.

Los colores jugaban también con la psique no preparada: El trono verde de Paul había sido tallado en una única esmeralda de Hagal. Sugería cosas creciendo y, según los mitos Fremen, reflejaba el color de la aflicción. Susurraba que aquél que se sentaba allí podía provocar el dolor de uno… vida y muerte en un solo símbolo, una clave sutil de oposiciones. Tras el trono, los cortinajes caían en una cascada de colores: naranja llameante, el dorado de la arena de Dune, y salpicaduras del canela de la melange. Para un ojo entrenado el simbolismo era obvio, pero para el no iniciado contenían violentos martillos que golpeaban el inconsciente.

El tiempo también jugaba allí su papel. La Reverenda Madre midió los minutos que necesitaba para aproximarse a la Presencia Imperial, su paso renqueante. Una tenía tiempo de impresionarse. Cualquier tendencia al resentimiento era desechada cuando la desenfrenada potencia mantenía los ojos enfocados en la persona de una durante tanto tiempo. Una iniciaba su larga marcha hacia aquel trono como un ser humano lleno de dignidad, pero la terminaba como un insecto…

“Mesias de Dune”, de Frank Herbert.

Una respuesta a “Dune: La Gran Sala de Recepcion de Muad’Dib

  1. Una descripción apabullante acerca del trono del Universo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s