Dune: Su nombre sera Paul

No parecía muy apropiado que un duque respetado y su concubina hicieran el amor en una despensa atestada, pero el tiempo volaba y Leto sabía que la echaría de menos con desesperación. Jessica partiría hacia Kaitain en el crucero que se encontraba en órbita alrededor de Caladan. Se iría a la mañana siguiente.

A pocos pasos, los cocineros trabajaban en la cocina. Uno de ellos podía aparecer en cualquier momento en busca de especias o un paquete de sal. No obstante, después de que Jessica y él entraran subrepticiamente en la habitación, cada uno con una copa de clarete seco, requisado previa incursión en la bodega, Leto había atrancado la puerta con varías cajas de latas de bayas amargas importadas. También consiguió llevarse la botella, que descansaba sobre una caja en un rincón…

—Te citas aquí con las criadas, Leto?. —Apenas me quedan energías para ti. Para qué voy a agotarme más?. Necesitaré unos cuantos meses de soledad para recuperar las fuerzas. Besó su mejilla y le quitó la chaqueta negra que llevaba. Dobló la prenda con cuidado y la dejó con la insignia del halcón hacia arriba. Después, le despojó de la camisa, que deslizó sobre sus hombros para dejar su pecho al descubierto. —Permitid que os prepare una cama adecuada, mi señora. Jessica apartó la copa de vino a una distancia prudencial y le demostró de lo que era capaz incluso en una despensa reducida, sin nada más que plaz de burbujas debajo de ellos…

—Las cosas serían diferentes si yo no fuera duque —dijo Leto—. A veces, me gustaría que tú y yo pudiéramos... No terminó la frase. Jessica escudriñó sus ojos grises y leyó en ellos el amor que sentía por ella, una grieta en su armadura de orgullo y hosquedad. —Yo no te pido nada. —Quiero decirte tantas cosas, Jessica… Siento haber apretado un cuchillo contra tu garganta el día de nuestro primer encuentro. Solo fue para demostrar a la Hermandad que no podían manipularme. Nunca lo habría utilizado contra ti. —Lo sé. Le besó los labios. Aun con la punta afilada apretada contra su yugular, no se había sentido amenazada por Leto Atreides—. Tus disculpas son más valiosas que cualquier chuchería o joya que pudieras regalarme. Leto acarició su pelo de color bronce. Estudió la perfección de su diminuta nariz, boca sensual y figura elegante, y apenas pudo creer que no fuera de origen noble. Suspiró, pues sabía que nunca podría casarse con aquella mujer. Su padre lo había dejado muy claro. “Nunca te cases por amor, muchacho. Piensa primero en tu Casa y en su posición en el Imperio. Piensa en tu pueblo. Se elevará o caerá contigo…”.

… Jessica apoyó un dedo sobre sus labios. Comprendía que, pese a su dolor y preocupaciones, Leto no estaba preparado para el compromiso, pero la confortaba verlo luchar con sus emociones, como le pasaba a ella. Un axioma Bene Gesserit se inmiscuyó en sus pensamientos: La pasión nubla la razón….

… El duque acarició la piel de su abdomen, todavía liso, sin que se notara todavía la curva de la preñez. —Antes de irte, Jessica, dime una cosa… Es un varón?. —No he permitido al doctor Yueh que me sometiera a ningún análisis, mi duque. Tales interferencias desagradan a la Hermandad. Leto la miró con ojos apremiantes, y la regañó. —Venga, eres una Bene Gesserit. Permitiste un embarazo después de la muerte de Victor, y nunca sabré expresarte mi agradecimiento. Es un varón? Lo sabes, verdad?. —No puedo decíroslo, mi duque. Leto se quedó desconcertado, y su buen humor desapareció. —No me lo puedes decir porque no sabes la respuesta…, o no me lo quieres decir por motivos solo conocidos por ti?. Jessica no quería disgustarse, y le miró con sus límpidos ojos verdes. —No puedo decíroslo, mi duque, y os ruego que no hagáis más preguntas. —Bien, he estado pensando. Si es un hijo, he decidido llamarle Paul en honor a mi padre. —Vuestra es la decisión, mi duque. No conocí a Paulus Atreides, y solo sé de él lo que vos me habéis contado. Pero era… rudo. No estoy de acuerdo con muchas cosas que vuestro padre os enseñó. Personalmente, yo preferiría… otro nombre. —Olvidas tu posición… Jessica se volvió con brusquedad hacia la puerta de la despensa, lo cual sorprendió a Leto. —Ojalá supierais lo que he hecho por vuestro amor

“La Casa Corrino” de B.Herbert y Kevin J. Anderson.

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