Dune: El elegante Whitmore Bludd

La bodega de vinos caros era parte del gran botín de saqueos que los ejércitos de Muad’Dib habian traido de regreso a Arrakis. Whitmore Bludd habia encontrado este tesoro no catalogado durante su trabajo de supervision de los materiales para el gran proyecto de construcción de la ciudadela. Examinaba las etiquetas de las botellas, comprobando las cosechas con creciente admiración y asombro. Dudaba que los toscos Fremen tuvieran la menor idea del valor de lo que habían encontrado. Estos fanáticos del desierto no tenían aprecio, ni gusto, ni delicadeza. Bludd comprendió que no podía, en conciencia, dejar que se perdiera un tesoro asi…

“He traído buen vino del almacen del Emperador Paul Atreides -se encogió de hombros con rapidez- “o Muad’Dib, si ustedes prefieren que asi lo llame. Alguien quiere participar?”. Bludd comenzo a servir en los vasos y le indicó a los polvorientos soldados Fremen que tomaran cada uno el suyo. “Es una tradición, entre los Maestros Espadachines, compartir una copa de buen vino mientras intercambiamos nuestras historias de batalla”. Media docena de Fremen cogieron sus vasos. Uno de ellos, un Fedaykin llamado Elías, tomó un sorbo e hizo una mueca. “No lo haga así!”, Bludd grito, perdiendo la paciencia. “Examine sus ricos colores, inhale su magnífico aroma. Tome un pequeño sorbo. Permita que los sabores se separen en el paladar. Esto no es una de sus cervezas de especia”. Elías parecía ofendido, aunque Bludd fingió no darse cuenta…

“Este vino sabe como la orina filtrada”, gruñó Elias. “Si lo metemos en una unidad de recuperación, por lo menos extraeremos de nuevo el agua”. “Mi querido señor, se trata de una cosecha fina y cara. No me sorprende, sin embargo, que no pueda saborearla”. Elías sacó su crys. “Me has insultado!”. Bludd miró a su alrededor, suspirando aburrido. “Es un asunto de honor”, dijo uno de los Fremen. “Usted no quiere realmente hacer esto, mi buen señor”, dijo Bludd. “Saca tu hoja!”. Con toda la calma posible, Bludd saco el estoque de su cinturón. “No le he dejado muy claro que soy un adiestrado Maestro Espadachin de Ginaz?. Su daga de diente de gusano es bonita, pero tengo cuatro veces su alcance con esto”. “Eres un cobarde?”. “En una palabra… no”. Bludd se alisó la chaqueta y sacó de la manga los volantes negros. “En garde, si insiste”

Elías se lanzó con el crys entre gritos de sus compañeros. Aunque Bludd estaba vestido con ropa elegante, esta le venia bien ajustada, lo cual le daba facilidad de movimientos. Se aparto y en un instante, dio la vuelta y pinchó al Fremen en el hombro. “La primera sangre es mía. Se rinde?”. El enojado guerrero Fremen se lanzó de nuevo con una velocidad sorprendente. Elías cambio el cuchillo de mano y golpeó. “Ah, asi que puede luchar con las dos manos?. Una habilidad muy útil!”. Bludd lo paró con su espada, giró y pincho en el otro hombro al hombre. “Es afortunado de que haya decidido contenerme”...

Bludd jugo con él durante varios minutos más, usando grandiosos movimientos del tipo que había enseñado a sus estudiantes que nunca debian tomar el riesgo de usar. El espectáculo era una cosa, pero la victoria era primordial. No servia de nada tener estilo, si tu oponente te cortaba la cabeza. Sin embargo, este rival no parecia debilitarse y continuaba con su implacable estilo de lucha. Cuando Bludd empezo a cansarse decidió poner fin a la danza. Había oído la facilidad con que el orgullo Fremen podía ser herido, y no quería que este hombre llevara a cabo una venganza de sangre, hirviendo a fuego lento, en su contra. Tenia que darle una forma de salvar la cara…

Bludd intencionalmente entro con la espada, quedando demasiado cerca del Fremen. Había observado el estilo del hombre y sabía cómo iba a reaccionar. El Fremen tuvo una oportunidad, el crys brilló e hizo una herida poco profunda en la carne de la parte superior del brazo de Bludd. Elías respondió con una sonrisa salvaje. “Es suficiente”, dijo Bludd, que agarro y giro la mano del cuchillo del Fremen, obligando a sus dedos a soltar el mango. El crys cayó al suelo y uno de los Fremen lo aparto. “Te venció con justicia, Elias, pero le hiciste sangre también”. El Fremen parecía desconcertado y enojado todavía. Otro soldado añadió en voz baja, “Muad’Dib nos ha ordenado que no tengamos rivalidades tribales”. “Este hombre no es de ninguna tribu Fremen”. “Muad’Dib quiere que sus soldados luchen contra el enemigo, no entre sí”. “Es un buen consejo”, dijo Bludd, que envainó la espada, tomó una de las botellas de vino sin abrir y salio del cuartel. “La próxima vez, sólo traere cerveza de especia.

“Paul de Dune”. de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

Traduccion libre de Danienlared.

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